Aunque hoy se ve reconvertido en un pequeño tanto eléctrico como híbrido –esta última, faceta con la que se vende por encima de los 21.000 euros incluyendo financiación– y aunque la marca lo perciba como un SUV compacto, el Fiat 600 sigue en pie, pues hay clásicos que nunca mueren. Sin embargo, me he topado en redes sociales con un ejemplar antiguo que no se compara con ningún otro.
Esto se debe a que pertenece a una dimensión que creemos que el entrañable modelo italiano jamás había imaginado que podía llegar a existir. A decir verdad, ¿por qué no considerarlo un Frankenstein? He aquí una versión de aficionado que ha dividido opiniones y que desafía a cualquier otro Fiat 600 clásico a igualar o superar su nivel de personalización. Habita en Colombia, donde el 600 fue un coche de apropiación cultural, pero como Topolino –nombre que también se mantiene vigente en modo cuadriciclo– y es modelo 1979, pero poco y nada le ha quedado de su configuración de fábrica.
Su elocuente modificación exterior se revela al primer golpe de vista: por su carrocería ensanchada mediante un body kit artesanal –la dos fotos, ambas tomadas por el fotógrafo Jorge Mosquera, a quien agradecemos la gentileza, son más que elocuentes, tanto la de portada como la que acompaña a estas líneas–, por su extrovertido diseño de llantas y, sobre todo, cuando se encuentra casi en el suelo luego de haberle metido mano a la suspensión de aire gestionable desde una perilla que lleva en su volante. Y justo en el volante empieza lo escandaloso.
La sociedad entre Fiat y Ferrari del siglo pasado es históricamente conocida, pero este 600 hizo posible un vínculo inédito que da que hablar. Abres sus puertas y, apenas te sientas, te recibe un volante sacado de un Ferrari 458 –sí, un Fiat 600 que se enciende apretando el botón rojo engine start–, pero cuando te sientas lo haces en una butaca eléctrica con función de masaje lumbar, heredada de un Porsche 911.
En la cabina llama la atención el esquema digital, tanto el instrumental, desde la cual se maneja y se monitorean la gestión electrónica y sus dos modos de conducción –el más lento se reconoce con el ícono de una tortuga, mientras que el más rápido se simboliza con la figura del popular personaje Speedy Gonzales–, como la pantalla central, desde la que se ajusta el motor y otros parámetros.
Respecto del motor de este Fiat 600, de la zaga se dispara una de las polémicas. “Espectacular, pero ponerle un motor Renault a un Fiat es sacrilegio”, comentó un usuario en redes, refiriéndose al cuatro cilindros 1,6 K4M –ese que supieron llevar los Clio y Twingo de segunda generación– con control variable de válvulas –lo que equivale a un mejor desempeño y rendimiento de combustible– y sobrealimentación Garret. Antes de escuchar cómo suena el K4M, el padre de esta criatura, el mecánico Jaime Beltrán repasa en un vídeo del canal Jattin Racing los highlights de este Fiat 600 que, aunque colombiano, sin dudas parece haber llegado de un oscuro experimento y no de un taller. ¿Etiqueta ECO? ¿Qué demonios es eso?


Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.