El Opel Kadett 1.6 SR tenía como objetivo añadir algo de picante a la gama, pero sin disparar el precio y sin llegar al extremo de, por ejemplo, el Kadett GT/E. Era motivo más que suficiente para montar una suspensión de tarados duros, un motor con 90 CV y, de paso, lucir una imagen con suficiente gancho como para no dejar indiferente a cualquier amante de los coches deportivos.
Contexto de los ochenta y la revolución del todo delante
Los años 80 fueron testigo de un cambio importante en el mundo del automóvil. De primeras, los primeros compases de la década estuvieron marcados por una pequeña resaca de las crisis del petróleo que se dejaron sentir a lo largo de los 70, aunque, curiosamente, solo era eso: resaca, porque pocas marcas se dejaron amilanar. En los años 80 estalló el concepto GTI, que poco tenía de ahorrador, pero mucho de emocionante y de pasional: estéticas muy adornadas, motores potentes y chasis con un marcado carácter dinámico. Además, esto se combinó con un par de transformaciones que cambiaron el automóvil para siempre: el motor delantero transversal y la tracción delantera.
Conocidos popularmente como “todo delante”, llegaron para facilitar la conducción, pero sobre todo para mejorar notablemente la habitabilidad interior, alcanzando unas cotas que antes solo eran meros sueños. Los compactos, los vehículos con más popularidad de toda Europa, fueron el tipo de automóvil que más se benefició de este cambio al poder ofrecer un habitáculo muy amplio con una carrocería de dimensiones contenidas. Era la combinación perfecta, y muchas firmas que todavía vivían ancladas en la propulsión y el motor longitudinal dieron el salto sin pensarlo demasiado, como le ocurrió a Opel. La marca alemana aún comercializaba modelos como el Ascona con una configuración tradicional, pero en 1979, con la puesta en escena de la cuarta iteración del Kadett, todo empezó a cambiar.
Además de una imagen con carácter deportivo, el interior presumía de unos excelentes asientos firmados por Recaro
El Kadett D y la llegada del toque picante SR
El Opel Kadett D era un “todo delante” de manual y, además, representaba la primera incursión de la marca con esa configuración, lo que no impidió que lanzara versiones con cierto toque dinámico: el Kadett 1.6 SR. Al igual que el resto de la gama, este acabado constituía el primer acercamiento de Opel a las aspiraciones deportivas sobre tracción delantera, un reto que superó sin problemas. Según Arturo de Andrés en una prueba publicada en la revista Autopista –número 1.205–, «la adherencia y la docilidad de trayectoria están en primerísimo lugar entre los tracciones delantera». Para conseguirlo, hacía uso de unas suspensiones con amortiguadores de gas y un tarado claramente duro –aunque algo seco sobre pavimento degradado–, acompañado de una monta de neumáticos que para la época resultaba muy respetable: 185/60 HR14.
Para darle vida, se recurrió a un motor ya presente en el catálogo del Ascona: un bloque de 1,6 litros alimentado por un carburador vertical de dos cuerpos que le permitía rozar los 170 km/h. Concretamente, hablamos de un propulsor de 1.598 cc, dos válvulas por cilindro, un árbol de levas en culata, 90 CV a 5.800 rpm y 12,8 mkg a 3.800 rpm. Si el cambio hubiera contado con cinco relaciones en lugar de cuatro, probablemente habría ganado soltura, pero los registros de la citada revista eran bastante buenos para la época: los 1.000 metros con salida parada caían en 34,2 segundos, y la misma distancia desde 40 km/h en cuarta se completaba en 36,7 segundos.
Comportamiento dinámico y el detalle de la dirección
Curiosamente, a pesar de sus cualidades dinámicas y de una potencia más que suficiente para mover con soltura los 895 kilos que pesaba, no era un deportivo tan radical como cabría esperar. Al parecer, contaba con una dirección que exigía nada menos que cuatro vueltas entre topes, lo que obligaba a trabajar en exceso sobre el aro del volante o bien a bajar el ritmo para no estresar las bondades de un bastidor noble y de unos frenos tan potentes como eficaces.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".