El Rover 216 Cabriolet ofrecía una combinación difícil de encontrar en 1992: mecánica Honda de 122 CV, carrocería descapotable de cuatro plazas y un precio de 2.685.000 pesetas. Sin embargo, el par motor plano por debajo de 2.500 revoluciones obligaba a insistir con el acelerador, y el tablero frío e impersonal o el maletero pequeño recordaban que no todo podía ser perfecto. Aun así, la revista Top Auto lo definió como el retorno de la casa inglesa al sector de los descapotables.
A finales de los años ochenta, Rover vivía una situación paradójica. La marca británica había pasado de manos del estado a un consorcio privado, y su supervivencia dependía de una colaboración que había empezado una década antes con Honda. Del Triumph Acclaim al Rover 200 de primera generación, fabricado en Longbridge sobre la base del Honda Civic, la alianza había dado a Rover acceso a tecnología japonesa fiable mientras Honda conseguía una puerta de entrada al mercado europeo. Para la segunda generación del 200, presentada en 1989, ambas marcas desarrollaron conjuntamente la plataforma, y el gemelo japonés era, nuevamente, el Honda Civic –también el Honda Concerto, por cierto–, construido en la misma línea de producción.
Desarrollo conjunto y el toque europeo
Sobre esa base nacieron tres variantes exclusivamente de Rover, sin equivalente Honda: el Tourer –familiar–, conocido como Tex; el coupé, conocido internamente como Tomcat, y el cabriolet, bautizado como Tracer. Este último era, quizá, el más especial, pues necesitó recurrir a la ayuda de terceros para que su chasis no se doblara como una hoja de papel al mínimo esfuerzo. Por ello, por ejemplo, la capota eléctrica de tres capas se desarrolló con la colaboración de Pininfarina, mientras que los refuerzos del chasis fueron cosa de los especialistas de Autobianchi. El resultado se anunció en la primavera de 1992, con producción desde junio de ese año. En España solo se comercializó la versión 216, con el motor Honda de 1.590 centímetros cúbicos.
Debajo del capó, un cuatro cilindros en línea con doble árbol de levas en cabeza y 16 válvulas entregaba 122 CV a 6.000 revoluciones por minuto y 14,3 mkg de par a 5.700. La inyección multipunto y el catalizador eran parte de la receta, y la caja de cambios manual de cinco velocidades procedía del desarrollo conjunto con Peugeot. El peso se quedaba en 1.100 kilos, muy contenido para un cabriolet de cuatro plazas.
El Rover 216 Cabriolet ofrecía una combinación difícil de encontrar en 1992: mecánica Honda de 122 CV, carrocería descapotable de cuatro plazas y un precio competitivo
Prestaciones, consumos y veredicto de la época
Las prestaciones medidas por la revista Top Auto en su número 8, de agosto de 1992, hablaban por sí solas: cero a 100 kilómetros por hora en 9,6 segundos, 400 metros desde parado en 17,58 segundos, kilómetro en 32,51 y una velocidad máxima medida de 189,6 kilómetros por hora, prácticamente la declarada de 190. Los consumos, también medidos, eran de 6,5 litros a 90 kilómetros por hora, 8,2 a 120 y 11,7 litros cada 100 kilómetros en urbano.
En la prueba, la revista Top Auto elogió la mecánica, brillante por encima de 4.000 revoluciones, el cambio preciso y agradable, la dirección bien comunicativa y los consumos contenidos. El equipamiento de serie era muy completo: capota eléctrica de tres capas, alzacristales y espejos eléctricos, incrustaciones de madera en el salpicadero, cierre centralizado, alarma que funcionaba con la capota puesta o quitada sin necesidad de abrir previamente con la llave, dirección asistida, llantas de aleación e incluso una capota de repuesto en el maletero. Todo ello por 2.685.000 pesetas, que no era poco allá por inicio de los años 90, pero como descapotable, no se podía decir que fuera especialmente caro. Las opciones eran pintura metalizada por 29.800 pesetas, ABS por 203.000 y aire acondicionado por 180.000.
También señaló defectos concretos: el par motor plano en bajos obligaba a subir de vueltas para moverlo con brío, se notaba una ligera pérdida de rigidez del casco en asfalto irregular con fenómenos de torsión a alta velocidad, el maletero era pequeño y con apertura incómoda, el tablero resultaba impersonal y faltaba un testigo de reserva de gasolina, un detalle casi imperdonable.
Evolución y despedida
En 1995, con la llegada de la tercera generación del 200, el cabriolet recibió el nuevo salpicadero y el motor K-Series 1.6 de 111 CV, pasando a comercializarse en algunos mercados simplemente como Rover 200 Cabriolet. La producción cesó hacia 1999, sin sucesor directo en la gama. Su hermano coupé tuvo un momento de gloria publicitaria cuando un grupo de empleados de Rover batió 37 récords de velocidad terrestre británicos en Millbrook en septiembre de 1992, incluyendo una media de 251 kilómetros por hora en cinco kilómetros y otra de 222 kilómetros por hora mantenida durante 24 horas.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".