Coches del día: Ferrari 45 Speciale

Coches del día: Ferrari 45 Speciale

Ferrari no se limitó a añadir potencia al 458 Italia: lo aligeró, afinó su aerodinámica y convirtió su último V8 atmosférico en una de las experiencias de conducción más intensas de Maranello


Tiempo de lectura: 8 min.

El Ferrari 458 Speciale llevaba el motor del 458 Italia hasta los 605 CV, pero su verdadera diferencia no estaba en esa cifra. Pesaba 1.290 kilos en seco, giraba hasta 9.000 rpm y estrenaba una gestión electrónica capaz de ayudar al conductor cuando el eje trasero comenzaba a deslizar. Era más ligero, más rápido y más exigente que el Italia, aunque también resultaba tan preciso y equilibrado que permitía aprovechar sus posibilidades sin convertir cada curva en una apuesta.

A mediados de la década de 2010, Ferrari todavía podía ofrecer algo que pronto se volvería excepcional: un deportivo de motor central con un V8 atmosférico, una caja de doble embrague y una relación directa entre el acelerador y la respuesta del propulsor. El 458 Italia ya representaba una de las expresiones más refinadas de esa fórmula, pero la marca de Maranello reservaba una interpretación más radical para quienes querían acercarse al circuito sin renunciar por completo al uso en carretera.

La receta de Maranello: más allá de los números

De ese planteamiento nació el 458 Speciale, presentado en 2013 como la versión de altas prestaciones del 458 Italia, con el que, además, se continuaba con la saga empezada con el Ferrari 360 Stradale. La receta no consistía en añadir un turbocompresor ni en buscar una potencia desproporcionada. Ferrari trabajó sobre todos los elementos que podían modificar la relación entre el conductor y el coche: masa, respuesta del motor, transmisión, aerodinámica, neumáticos, dirección y electrónica. El resultado era un automóvil derivado directamente del 458 Italia, pero con una personalidad suficientemente marcada para merecer un nombre propio.

El propulsor seguía siendo el V8 atmosférico de 4.497 centímetros cúbicos y cigüeñal plano. En el Italia entregaba 562 CV, mientras que en el Speciale alcanzaba 605 CV a 9.000 revoluciones por minuto. El aumento no parecía enorme si se observaba únicamente la cifra final, pero adquiría otra dimensión cuando se consideraba la cilindrada: el motor llegaba a ofrecer alrededor de 134 CV por litro, una cifra extraordinaria para un propulsor atmosférico homologado para carretera.

La forma de entregar esa potencia era tan importante como la potencia misma. El V8 no dependía de la sobrealimentación para producir una gran cifra de par desde muy bajo régimen, de modo que exigía mantenerlo despierto y recorrer la parte alta del cuentavueltas. La recompensa aparecía al superar la zona media, cuando la respuesta se hacía más intensa y el sonido crecía hasta las 9.000 rpm. La aceleración no llegaba acompañada de una patada aislada, sino de una progresión cada vez más urgente que convertía cada cambio en una pequeña descarga de energía.

Transmisión, ligereza y aerodinámica activa

Ferrari también trabajó en la transmisión de doble embrague. Los cambios eran más rápidos que en el 458 Italia y la respuesta de las levas quedaba integrada en una experiencia mucho más física. El golpe de cada marcha no buscaba resultar incómodo, sino transmitir que el conjunto mecánico estaba preparado para encadenar aceleraciones y frenadas con una rapidez que habría sido difícil de gestionar con una caja manual convencional. El Speciale no echaba de menos un tercer pedal porque su relación con el conductor se construía a través del volante, el acelerador y las levas.

Reducir el peso era una de las partes esenciales del proyecto. Ferrari eliminó material y equipamiento allí donde no resultaba imprescindible para el objetivo del coche. El aislamiento se redujo, los cristales eran más ligeros y la cubierta del motor utilizaba Lexan. El interior también recibía un tratamiento más austero, con menos elementos destinados al confort y una mayor presencia de materiales ligeros. La rebaja rondaba los 90 kilos respecto al 458 Italia, una diferencia que no solo mejoraba la aceleración: también reducía la inercia en las frenadas, los cambios de apoyo y las entradas en curva.

La cifra oficial de peso en seco era de 1.290 kilos, con una distribución del 42 por ciento delante y el 58 por ciento detrás. En un coche de motor central, ese reparto contribuía a que el eje delantero mantuviera una respuesta ligera sin que el trasero perdiera capacidad de tracción. La relación peso-potencia quedaba en 2,13 kilos por CV, mientras que la velocidad máxima superaba los 325 kilómetros por hora. Aun así, las cifras de aceleración y velocidad máxima explicaban solo una parte del Speciale.

Buena parte de su carácter procedía de la aerodinámica activa. Las entradas de aire, los apéndices y los elementos móviles de la carrocería se diseñaron para aumentar la estabilidad sin convertir el coche en una máquina incómoda fuera del circuito. Ferrari no buscaba simplemente generar más carga en cualquier circunstancia, sino adaptar el comportamiento aerodinámico a la velocidad y a la situación del vehículo. El objetivo era que el conductor pudiera frenar más tarde, girar con mayor confianza y acelerar antes a la salida de las curvas.

Ferrari 458 Speciale (3)

El 458 Speciale podía acercarse al límite con una violencia extraordinaria, pero también explicaba al conductor lo que estaba sucediendo. Esa mezcla de exigencia y claridad es la que lo convirtió en mucho más que un 458 Italia con más potencia

Electrónica y el control del deslizamiento (SSC)

Otro elemento decisivo era el Side Slip Control (SSC). Este sistema analizaba el ángulo de deslizamiento del vehículo y coordinaba la entrega de par con las intervenciones del control de tracción para hacer más fácil y predecible el control del sobreviraje. No eliminaba la posibilidad de que el eje trasero se moviese. Su función era permitir que el conductor se acercara a ese límite con más información y que la electrónica ayudara a mantener el coche en una trayectoria controlable.

La diferencia entre un sistema que corrige y otro que acompaña se percibía especialmente al salir de una curva. Con el acelerador abierto, el Speciale podía insinuar un deslizamiento progresivo del eje trasero sin pasar de inmediato a una reacción brusca. La dirección informaba de lo que ocurría en el tren delantero y el acelerador permitía graduar la trayectoria. El conductor no recibía únicamente una orden de reducir la velocidad: tenía herramientas para decidir cuánto quería cerrar la curva y cuánto deslizamiento estaba dispuesto a aceptar.

En las pruebas de la época, esa combinación de precisión y accesibilidad llamó tanto la atención como sus prestaciones. El Speciale era rápido, pero no exigía conducirlo con tensión permanente. La suspensión filtraba las irregularidades con más eficacia de la que sugería su orientación, la dirección respondía con rapidez sin resultar nerviosa y el chasis transmitía la sensación de girar alrededor de un punto central. En una carretera secundaria, esa serenidad permitía aprovechar el coche sin necesidad de alcanzar velocidades absurdas.

El cierre de una era atmosférica

Dentro del habitáculo se reflejaba la misma filosofía. Los asientos de tipo baquet, los paneles ligeros y la reducción de elementos superfluos recordaban que el Speciale había nacido para conducir. No era un coche desnudo ni incómodo por principio, pero cada decisión parecía responder a una pregunta concreta: ¿ayuda este elemento a controlar el vehículo, a reducir peso o a mejorar la experiencia? Cuando la respuesta era negativa, Ferrari podía prescindir de él.

Frente al 458 Italia, el Speciale no representaba una simple evolución de potencia. El Italia ya tenía un motor excepcional, una caja de doble embrague rápida y un chasis capaz de combinar estabilidad con agilidad. La versión Speciale modificaba el equilibrio completo del automóvil. El motor subía más alto, el peso era menor, la carrocería trabajaba con la aerodinámica y la electrónica permitía explorar el límite con una confianza que no dependía únicamente de la habilidad del conductor.

El Ferrari 458 Speciale representa, por eso, el cierre de una etapa. Fue uno de los últimos Ferrari V8 atmosféricos de motor central antes de que la sobrealimentación se convirtiera en la solución dominante para aumentar potencia y par. Su importancia no está solo en haber alcanzado 605 CV ni en superar los 325 kilómetros por hora. Está en haber demostrado hasta dónde podía llegar una arquitectura aparentemente sencilla cuando se afinaban todos sus componentes sin renunciar a la respuesta inmediata del acelerador.

Aquel Ferrari no necesitaba ser el más cómodo, el más silencioso ni el más sencillo de conducir para resultar completo. Su grandeza estaba en otra parte: conseguía que la intensidad del motor, la ligereza del conjunto y la intervención de la electrónica no se contradijeran. El 458 Speciale podía acercarse al límite con una violencia extraordinaria, pero también explicaba al conductor lo que estaba sucediendo. Esa mezcla de exigencia y claridad es la que convirtió a esta versión en algo mucho más importante que un 458 Italia con más potencia.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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Roberto Abad
Roberto Abad
11 diás atrás

El sueño de cualquier aficionado a Ferrari. Pureza, belleza, teconología… Para mi una pieza clave en los mejores supercar italianos. Un saludo.


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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.