Coche del día: Renault Siete TL

Coche del día: Renault Siete TL

La versión que mejor resumía la razón de ser del modelo


Tiempo de lectura: 7 min.

El Renault Siete TL se presentó en 1975 como una opción más elaborada y equipada del modelo fabricado por FASA. Pronto se situó como la versión más demandada, hasta eclipsar por completo al Siete «base». Compartía el propulsor de 1.037 centímetros cúbicos, pero añadía un extra de refinamiento y equipamiento, así como mejoras de confort. Es la versión que mejor resume el objetivo original del modelo: ser un automóvil medio, cómodo y razonablemente amplio para una clientela que no terminaba de sentirse atraída por la carrocería compacta del Renault 5.

Allá por la década de los 70, la industria española todavía concedía mucho valor a la berlina de tres volúmenes. El portón trasero y la carrocería compacta comenzaban a ganar presencia, pero una parte importante del público seguía asociando el automóvil familiar con un maletero separado, cuatro puertas y una silueta reconocible. Renault necesitaba cubrir ese espacio sin desarrollar desde cero un modelo completamente nuevo.

Génesis española: el R5 con maletero que Francia descartó

La solución partió del Renault 5, aunque en realidad solo se materializó en España. Renault, en Francia, llegó a estudiar la posibilidad de un Renault 5 «con culo», pero se descartó la idea porque, en Europa, el Renault 5 seguramente rendiría mejor por su concepto de compacto con portón. FASA tomó la idea y la desarrolló por completo para dar forma al Renault Siete. La mitad delantera conservaba una relación evidente con el utilitario, aunque incorporaba modificaciones en la calandra y los parachoques. Detrás del habitáculo, sin embargo, todo cambiaba. El Siete recibía una segunda puerta lateral, una batalla aumentada en 10 cm y un maletero convencional que alargaba la carrocería casi 40 cm respecto al R-5.

El resultado no pretendía ser revolucionario desde el punto de vista estético. La carrocería era sencilla, de tres cuerpos y sin adornos innecesarios. Precisamente por eso generó opiniones encontradas: había quien veía un añadido poco natural sobre la base del Renault 5 y quien entendía que FASA había conseguido crear un coche honesto, reconocible y adaptado a los gustos de su mercado. En cualquier caso, el Siete no era un R-5 con un maletero pegado detrás. La batalla más larga, las puertas posteriores y el trabajo de adaptación daban lugar a un automóvil distinto.

Dentro de esa propuesta, el acabado TL ocupaba un lugar muy concreto. La versión no se diferenciaba radicalmente del Renault Siete inicial, pero reunía una serie de mejoras y detalles que permitían considerarla la variante más completa. Su interés estaba en el equilibrio: no buscaba convertirse en un deportivo ni en un coche de lujo, sino ofrecer un uso más desahogado y cómodo que el de un utilitario sin abandonar una mecánica sencilla.

Mecánica: el bloque de 1.037 cc y 50 CV

Bajo el capó trabajaba el conocido cuatro cilindros de 1.037 centímetros cúbicos, colocado en posición delantera longitudinal, con la caja de cambios por delante y tracción a las ruedas delanteras. Se trataba de un conjunto prácticamente idéntico al empleado por el Renault 5 GTL. Su potencia y su régimen de giro no estaban pensados para obtener cifras brillantes, sino para mover con suficiente soltura una carrocería algo más larga y pesada.

Aquella elección tenía lógica industrial y también práctica. FASA podía utilizar una mecánica conocida, con una red de mantenimiento familiar para los talleres y unos costes de fabricación razonables. Para el propietario, significaba disponer de un motor de concepción sencilla, con una puesta a punto ya conocida y sin grandes complicaciones de entretenimiento. El Siete TL no pretendía impresionar con tecnología, sino funcionar con naturalidad. Rendía 50 CV a 5.000 revoluciones y 7,4 mkg a 3.000 revoluciones.

Según las pruebas de la época, el Siete TL sorprendía por unas prestaciones algo mejores de lo esperado. La velocidad máxima se acercaba a los 150 kilómetros por hora según la revista Velocidad —número 819—. El dato más claro es el kilómetro con salida parada, cubierto en 39 segundos. No eran resultados deportivos, pero sí suficientes para que el Siete pudiera desenvolverse con solvencia en las carreteras de entonces.

Renault Siete TL (2)

El Siete TL no necesitaba tener una gran virtud aislada; necesitaba hacer muchas cosas razonablemente bien. Allí donde otros buscaban diferenciarse con potencia, el modelo de FASA lo hacía mediante la lógica de su conjunto

Dinámica, confort y el dilema del depósito

La suspensión mantenía el esquema de cuatro ruedas independientes mediante barras de torsión, amortiguadores hidráulicos y barras estabilizadoras en ambos ejes. Los frenos combinaban discos delante y tambores detrás, mientras que la dirección de cremallera ofrecía un diámetro de giro entre aceras de 10 metros. No había novedades espectaculares, pero sí una arquitectura moderna para un coche de su categoría y, sobre todo, una base que el Renault 5 ya había demostrado que podía comportarse con nobleza.

El habitáculo resultaba luminoso y la visibilidad en todas direcciones era buena. También se había cuidado el confort, un aspecto que tenía más importancia en el TL que cualquier intento de conseguir una respuesta deportiva. Los asientos estaban correctamente concebidos, el nivel sonoro era reducido y los sistemas de calefacción y ventilación cumplían con eficacia. El conductor se encontraba ante un coche fácil de manejar, sin reacciones bruscas ni exigencias especiales.

Dinámicamente, no buscaba una agilidad especialmente brillante, pero ofrecía estabilidad correcta, dirección precisa y reacciones sanas. La dirección era algo más suave que en el Renault 5. El motor delantero contribuía a transmitir una sensación de aplomo y, para la clientela a la que se dirigía, esa tranquilidad tenía más valor que la rapidez de paso por curva.

La carrocería de tres cuerpos también influía en la percepción del coche. El Siete TL parecía más serio y adulto que el R-5, aunque técnicamente compartiera muchos elementos con él. Esa imagen permitía acercarlo a quienes habían tenido un Renault 8 o un Renault 10 y buscaban una evolución lógica, con mayor seguridad, un habitáculo más moderno y una facilidad de uso superior. La comparación con el R-5 era inevitable, pero el Siete jugaba en otra liga de necesidades.

Había, eso sí, un inconveniente señalado por la prensa de la época: el depósito de gasolina estaba situado detrás del paso de rueda trasero derecho. La solución formaba parte del diseño de la carrocería, pero suscitaba dudas desde el punto de vista de la seguridad. Es un detalle que ayuda a entender que el Siete TL pertenecía a una etapa de transición, cuando la industria ya había avanzado mucho en arquitectura y comportamiento, aunque todavía no aplicaba los mismos criterios de protección que se impondrían después.

Conclusión: la lógica hecha berlina

La versión TL no transformaba el carácter del Renault Siete, pero sí lo afinaba. Frente a un acabado básico, aportaba una presentación más completa y una sensación de coche terminado. Sus virtudes no estaban en un equipamiento lujoso ni en una mecánica exclusiva, sino en la suma de pequeños elementos. Por eso merece ser tratado como algo más que una nota al pie del Renault Siete general. El TL representa la versión que mejor expresa la razón de ser del modelo: ofrecer una alternativa tradicional al R-5 sin renunciar a la sencillez mecánica de este. Si el Renault Siete abrió un hueco específico dentro de la producción de FASA, el Siete TL fue la forma más coherente de ocuparlo.

El resultado final no era un coche apasionante en el sentido deportivo del término. La propia prensa de la época lo valoraba como un automóvil medio equilibrado, sin una característica dominante capaz de convertirlo en un modelo extraordinario. Pero esa falta de espectacularidad formaba parte de su personalidad. El TL no necesitaba tener una gran virtud aislada; necesitaba hacer muchas cosas razonablemente bien.

En ciudad era manejable, en carretera mantenía una velocidad de crucero suficiente y, con cuatro plazas y un maletero más o menos decente, podía cumplir como automóvil familiar. La suspensión independiente y la dirección de cremallera aportaban un comportamiento seguro, mientras que la mecánica derivada del Renault 5 simplificaba el mantenimiento. Allí donde otros modelos buscaban diferenciarse mediante potencia o equipamiento, el Siete TL lo hacía mediante la lógica de su conjunto.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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1 Comentario
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Manuel izquierdo
Manuel izquierdo
10 diás atrás

Tuve el último el GTL 1100 CC y 45 CV,no iba mal pero de 130 no llego a pasar,como vehículo familiar económico no estaba mal,picaba bielas en las cuestas no llegaron a solucionarlo, hasta que un mecánico le puso el distribuidor del antiguo y solucionado en fin


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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.