Hay coches que no deberían existir, y este es uno de ellos por razones lógicas. El Muntz Jet salía de fábrica en 1951 perdiendo unos mil dólares por unidad y aun así Earl Muntz se empeñó en construir 198 ejemplares antes de quebrar la empresa, porque el tipo era un genio del descaro que ya había hecho fortuna vendiendo coches usados y televisores baratos en California y un descapotable de lujo con su nombre en el maletero le pareció el siguiente paso lógico. El coche se vendía por 5.500 dólares (unos 51.000 actuales), fabricarlo costaba 6.500 y aun así Grace Kelly tuvo uno, Mickey Rooney otro y el propio Muntz aseguraba que el Ford Thunderbird de cuatro plazas de 1958 le había copiado deberes.
Un Muntz Jet amarillo de 1951 cruzó hace pocas semanas por Bring a Trailer y volvió a poner el nombre del loco en boca de los coleccionistas. Este no era un coche cualquiera porque alguien le había trasplantado un V8 Chevrolet 350 entero, un eje Ford de nueve pulgadas y discos en las cuatro ruedas, así que el bicho conserva la silueta original pero rueda con las vísceras de los Estados Unidos modernos. Es una herejía para los puristas y una bendición para cualquiera que pretenda usarlo de verdad. En las fotos de este artículo verás cómo cambia del original a la unidad que han subastado.
El coche que se adelantó a todos
La cosa empezó con Frank Kurtis, un constructor de coches de carreras que a finales de los cuarenta diseñó el Kurtis Sport Car y descubrió rápidamente que perdía dinero con cada uno que fabricaba. Le vendió los derechos, el utillaje y las piezas a Muntz por 200.000 dólares en 1950, y entre los dos lo rediseñaron con la ayuda de Sam Hanks (que años más tarde ganaría las 500 Millas de Indianápolis en 1957) para meterle dos plazas atrás, alargar la distancia entre ejes hasta las 113 pulgadas y montar un V8 de Cadillac bajo el capó. El resultado fue un descapotable con construcción semi-monocasco, instrumentación Stewart Warner sacada de un avión, tapicería plisada hecha a mano, cinturones de seguridad y salpicadero acolchado de serie cuando el resto de la industria americana no sabía ni que esas cosas existían, además de una nevera integrada en los reposabrazos traseros para las copas.
Las primeras 28 unidades salieron de Glendale, California, con carrocería de aluminio y un Cadillac V8 de 160 CV bajo el capó, pero General Motors le cortó el grifo a los pocos meses y Muntz tuvo que pasarse al V8 de Lincoln con cifra similar de potencia. La fábrica se mudó después a Evanston (Illinois) y finalmente a Chicago, donde los coches adoptaron carrocería de acero para abaratar lo que ya era una sangría imposible de tapar. El Muntz Jet inauguró sin saberlo el segmento del coche de lujo personal americano, una categoría que Ford no popularizaría hasta el Thunderbird de cuatro plazas de 1958 y que la propia Detroit tardaría décadas en bautizar oficialmente.
La velocidad punta rondaba las 119 mph (unos 192 km/h) en las pruebas más conservadoras, aunque Muntz juraba que llegaba a las 150 mph porque el tipo exageraba con todo y nadie esperaba menos del personaje. El catálogo de extras era de lo más sorprendente porque podías pedir tapicería de cocodrilo, leopardo, emú o serpiente, pintura en colores como Mars Red, Lime Mist o Stratosphere Blue, e incluso un mueble bar integrado en los reposabrazos traseros con grabadora de hilo y radioteléfono opcionales. El Jet era un coche pensado para Hollywood mucho antes de que Hollywood se diera cuenta, así que la lista de propietarios incluía a Vic Damone, Eddie “Rochester” Anderson, Mickey Rooney, Clara Bow y la propia Grace Kelly.
La empresa cerró en 1954 cuando el negocio de los televisores en blanco y negro de Muntz se hundió por el anuncio de la televisión en color y las tiendas de electrónica dejaron de poder subvencionar la fábrica de coches. Cerró el chiringuito con 198 unidades construidas y unos años más tarde se reinventó patentando el reproductor Stereo-Pak de cuatro pistas, ese cartucho de cinta para coche que Bill Lear acabaría rediseñando como el famoso 8 pistas de los sesenta. Muntz era un genio de la promoción y un desastre financiero a partes iguales, pero sus ideas siempre iban diez años por delante de su tiempo y eso es algo que ni los enemigos le pueden negar.
Tripas modernas y esqueleto de 1951
El Muntz Jet amarillo que pasó por Bring a Trailer no es un coche con número de motor original y conviene dejarlo claro desde el principio. Alguien le metió un V8 Chevrolet de 350 pulgadas cúbicas (5,7 litros) con carburador Holley de cuatro cuerpos, colector Edelbrock, encendido MSD y escape doble con silenciadores Flowmaster. La transmisión es una 700R4 automática de cuatro velocidades y el eje trasero es un Ford de nueve pulgadas, así que del tren motriz original no queda ni el recuerdo. Los frenos se han actualizado a discos ventilados en las cuatro ruedas con servofreno y la dirección ahora es de cremallera asistida.
El coche viene acabado en amarillo sobre un interior de vinilo tostado plisado, con asientos delanteros tipo butaca sacados de un Ford Thunderbird de mediados de los sesenta y una consola central con reproductor de CD que rompe un poco la magia. La banqueta trasera se mantiene y el volante de dos radios conserva el botón del claxon con el medallón “Madman” Muntz y el aro cromado, un detalle que es lo más auténtico del salpicadero. La instrumentación Stewart Warner sigue ahí con velocímetro de 160 mph, tacómetro de 8.000 rpm e instrumentos auxiliares sobre un panel con acabado torneado, así que el conjunto sigue siendo fiel al espíritu original aunque las tripas no lo sean.
El vendedor reconoce que el odómetro marca 645 millas y que el kilometraje total es desconocido, lo cual cuadra dado que motor y transmisión son un trasplante completo y el cuentakilómetros es probablemente nuevo también. La tapicería muestra desgarros visibles en las fotos, el sistema de climatización Vintage Air no funciona y la capota de quita y pon se incluye con su estructura. El coche se ofrecía desde Fort Lauderdale con título de California, que es un detalle importante en el mercado americano porque implica un historial limpio de óxido y de inviernos con sal en las carreteras.
Las llantas son cromadas de quince pulgadas con neumáticos Firestone de banda blanca 205/75, y en la venta se incluían embellecedores de radios cromados con el medallón central de Muntz para quien quiera darle una pátina más vintage. La suspensión mantiene el esquema original de brazos en A con muelles helicoidales delante y eje rígido con ballestas detrás, así que la arquitectura del chasis es la de serie aunque el motor y la transmisión sean de s padre y de su madre. Es un Muntz Jet conducible a diario con piezas que se encuentran en cualquier almacén de repuestos americanos, algo que tiene su valor cuando la disponibilidad de recambios puede tirar por tierra cualquier compra romántica.
¿Cuánto vale hoy un Muntz Jet?
El precio medio histórico de un Muntz Jet ronda los 85.000 dólares y el récord lo tiene un 1952 que pasó por Worldwide Auctioneers en abril de 2022 por 137.200 dólares. Un 1951 modificado marcó el suelo reciente este mes de enero en Mecum Kissimmee por 29.700 dólares, mientras que RM Sotheby’s vendió dos semanas más tarde en su subasta de Arizona el ejemplar bautizado como “Buttercup” por una cifra de seis dígitos bajos, dentro de la horquilla habitual cuando uno de estos coches aparece en buen estado de conservación. Ellingson Motorcars en Minnesota mantiene a la venta un 1953 restaurado por 149.995 dólares, así que el techo para un ejemplar de calidad concurso ronda los 130.000-150.000 dólares con relativa facilidad.
Este Jet amarillo no iba a llegar a esas cifras porque no es un coche original (motor, transmisión, eje trasero, frenos y dirección son modificaciones que lo alejan de su configuración de fábrica) y eso le resta mucho valor frente a los Jet que conservan el V8 de Cadillac o de Lincoln de origen. La tapicería necesita muchos trabajos, el aire acondicionado no funciona y el kilometraje es un misterio. Pero un Muntz Jet con un V8 fiable y frenos modernos sigue siendo un coche tremendamente raro y, lo que es más importante, conducible, algo que no se puede decir de muchos ejemplares originales que llevan décadas parados en museos o en colecciones que ya no salen ni a por el pan.El suelo del mercado para un Jet con el tren motriz alterado parece estar en torno a los 30.000 dólares, así que cualquier cifra por debajo de los 40.000 sería una compra inteligente para quien sepa lo que tiene entre manos. Encontrar otro Muntz Jet, original o modificado, es una misión que puede llevar años porque sobreviven entre 50 y 130 ejemplares en todo el mundo y el registro de propietarios solo ha localizado unos 125 por número de chasis. El Petersen Automotive Museum de Los Ángeles guarda tres en su colección, dos de ellos sin restaurar, lo que da una idea de cuán difícil es ya rescatar uno del mercado abierto.
Las modificaciones mecánicas tienen un lado positivo que muchos puristas no quieren ver porque el V8 Chevrolet 350 con carburador Holley es uno de los motores más fiables y fáciles de mantener del automóvil americano, la transmisión 700R4 es robusta y tiene sobremarcha para autopista, el eje Ford de nueve pulgadas es prácticamente indestructible y los frenos de disco ventilados en las cuatro ruedas dan una seguridad que el sistema de tambores original no podía ni soñar. Este Jet se puede conducir a diario sin miedo a quedarse tirado, algo que merece la pena valorar en un coche de 75 años con una silueta capaz de parar el tráfico de cualquier avenida.
Muntz perdió una fortuna fabricando estos coches pero el tiempo le ha dado la razón de una forma que él nunca imaginó. El Jet que costaba 5.500 dólares en 1951 y que le hacía perder dinero con cada venta vale hoy entre 30.000 y 150.000 dólares dependiendo del estado, y el nombre del loco sigue apareciendo en subastas casi cuarenta años después de su muerte por cáncer de pulmón en 1987. Earl Muntz se fue sin saber que sus coches acabarían en el Petersen Museum y en colecciones de gente que paga seis cifras por el capricho de un vendedor extravagante que fabricaba descapotables por diversión. Este ejemplar amarillo de Fort Lauderdale no será el más bonito ni el más original de los Jet que quedan, pero es un Muntz, y eso ya es mucho más de lo que la mayoría de los coches pueden decir.











Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.