Coche del día: El FIAT 600 Spider Boneschi

Coche del día: El FIAT 600 Spider Boneschi

El pequeño que quiso ser grande y descapotable


Tiempo de lectura: 8 min.

El FIAT 600 Spider aparecido en el Salón de Turín de 1956 es un automóvil completamente único. Fabricado sobre la base del 600 por la Carrozzeria Boneschi de Milán, este spider de carrocería a medida se presentó como ejercicio de estilo y desapareció casi al día siguiente. Un coche que nunca estuvo en el catálogo de FIAT y que, sin embargo, podía haber marcado un camino.

Italia se levanta entre el polvo

La Italia de la posguerra era un país que resurgía a toda velocidad, y el automóvil fue tanto símbolo como motor de ese proceso. Las ciudades bombardeadas se reconstruyeron, las fábricas volvieron a funcionar y el diseño industrial italiano, lejos de quedar enterrado bajo los escombros, renació con una vitalidad que aún hoy resulta difícil de explicar. En ese contexto, Turín se convirtió en el epicentro de algo único: una ciudad donde convivían la gran industria de FIAT, la artesanía de las carrozzerie y el talento de diseñadores que, sin recursos, inventaban futuros.

Aquellos talleres de carrocerías artesanales que hoy reconocemos como Pininfarina, Ghia, Zagato o Bertone, vivieron en los años cincuenta un momento de gran esplendor. Tenían clientes privados con dinero y con muchas ganas de gastarlo, tenían encargos de los propios fabricantes y, además, se aprovecharon al máximo de las ganas de olvidar y de crecer. El Salón de Turín era el escaparate por excelencia: allí se presentaban los show cars, los one-off, las propuestas de estilo que servirían de pivote para conversaciones durante los próximos meses. Y en ese ambiente fertíl, cualquier coche podía ser el punto de partida para algo extraordinario, incluso el más humilde de los utilitarios.

El FIAT 600 –aquí en España, ya sabéis, nuestro querido SEAT 600–, presentado en el Salón de Ginebra de 1955, era exactamente eso: el más humilde de los utilitarios. Diseñado por Dante Giacosa, respondía a una necesidad muy concreta: motorizar Italia a un precio que el asalariado medio pudiera asumir. Con su motor trasero de 633 centímetros cúbicos y 23 CV, los alrededor de 600 kilos en vacío y su precio de catálogo de 590.000 liras, el 600 no aspiraba a la elegancia, sino a funcionar. Y lo consiguió con creces: en su primera serie se fabricaron casi 900.000 unidades, y hasta 1969 la planta de Turín produjo cerca de 2,7 millones, con picos de 1.000 coches al día.
Boneschi: de Milán al mundo, con el martillo y el talento

Mientras Turín era la capital industrial del automóvil italiano, Milán era su capital de los negocios y, también, cuna de algunos de los carroceros más singulares. Entre ellas, la Carrozzeria Boneschi, fundada en 1919 por Giovanni Boneschi en el número 91 de la Via Savona. Giovanni había aprendido el oficio en la prestigiosa Carrozzeria Castagna –una empresa que ya en 1849 fabricaba carruajes de caballos y que pronto evolucionó hacia la carrocería de automóviles– y complementado esa formación con su paso por el Cuerpo de Automóviles del ejército durante la Primera Guerra Mundial. Con ese bagaje, el arranque de su propio taller era casi inevitable.

Los primeros años de Boneschi se construyeron sobre chasis de Ansaldo, FIAT, Lancia y OM. Pero fue la relación con Lancia la que marcó el carácter de la empresa: a partir de la Lancia Lambda, Boneschi se convirtió en referencia para los clientes del concesionario milanio de Lancia que buscaban algo diferente al catálogo. Ahí nacieron algunas de sus interpretaciones más logradas, sobre los Dilambda, Astura y Aprilia. El taller se trasladó en 1933 a Cambiago, en las afueras de Milán, donde la empresa creció hasta la guerra. Giovanni Boneschi murió poco después de que la fábrica, parcialmente destruida, se reconstruyera en 1946.

Aun sin Giovanni, empresa siguió adelante y en los años cincuenta estaba en plena forma. Además de Lancia, Boneschi había trabajado para Alfa Romeo, Rolls-Royce y Talbot. No era Pininfarina –nadie era Pininfarina–, pero su reputación era sólida y su categórico dominio de las formas, aprendido a golpe de martillo sobre aluminio y acero, incuestionable. En ese momento de madurez, alguien en Cambiago tuvo la ocurrencia de mirar al coche más popular de Italia y hacerle algo completamente inesperado.

FIAT 600 Spider Boneschi (2)

Un 600 que no debía existir

El FIAT 600 Spider Boneschi apareció en el Salón de Turín de 1956, apenas un año después del debut del 600 de serie. Era, en todos los sentidos, una propuesta provocadora: tomar el utilitario por antonomasia y vestirlo con carrocería spider. Todo lo que el 600 no era –elegante, deportivo, aspiracional–, Boneschi intentó hacerlo posible. El resultado era un one-off que se presentaba como ejercicio de estilo pero que, entre líneas, hacía una pregunta incómoda a FIAT: ¿por qué no?

La carrocería que Boneschi diseñó sobre el chasis del 600 era completamente nueva. El frontal guardaba un claro parecido con el 600 de serie, con los faros reposicionados en nuevos marcos. El tratamiento lateral era el más llamativo: una marcada moldura cromada que recorría el coche de aleta a aleta, acompañada de una banda de pintura en contrastante. La cubierta trasera, profundamente esculpida, evocaba influencias de los descapotables americanos de la época, en especial los Chrysler o Packard, cuya presencia en los salones europeos de los años cincuenta era inevitable.

El esquema de color bicromo –negro sobre un tono claro, quizá un blanco marfíl, en las imágenes supervivientes– reforzaba la sensación de coche pensado para ser mirado. El interior seguía el formato minimalista del 600, pero con tapizería personalizada y un acabado que contrastaba con la dureza funcional del coche de base. Mecánicamente, el motor trasero de 633 centímetros cúbicos y 23 CV del 600 permanecía intacto: Boneschi era carrocero, no preparador. No hacía falta más: el argumento era el estilo, no las prestaciones.

Todo lo que se puede decir del 600 Spider Boneschi es, en cierta medida, rebatible. No hay registros de fábrica, no hay ficha técnica oficial, no hay expediente de homologación. Lo que existe son las imágenes del salón, la confirmación de que se trató de un único ejemplar y la memoria colectiva de los aficionados que han preservado su existencia. El coche fue un fantasma casi desde el primer día: presentó¡ado en Turín, admirado, fotografiado y luego desaparecido. Su paradero actual es desconocido.

Un camino que otros sí recorrieron

Lo interesante del 600 Spider Boneschi es lo que vino después: otros lo intentaron también, y algunos llegaron a producirse. En 1961, Giovanni Michelotti diseñó para Moretti un Spider sobre el 600D que llegó al Salón de Turín de ese mismo año y del que se derivaron también versiones coupé y sedán. Autobianchi, participada por FIAT, presentó en 1964 la Stellina, también sobre base 600D, con diseño de Luigi Rapi y carrocería de fibra de vidrio: se fabricaron apenas 502 unidades entre 1964 y 1965. Zagato, Abarth, Vignale… todos los grandes nombres del carrozzerismo italiano pasaron en algún momento por el 600.

Eso convierte al Spider Boneschi de 1956 en algo parecido a un precursor. No fue el primero en proponer el 600 como base de algo más aspiracional —Abarth ya lo había hecho con sus preparaciones—, pero sí fue uno de los primeros en plantear una carrocería completamente nueva, de spider, sobre ese chasis. En ese sentido, su aparición en el Salón de Turín un año después del debut del 600 de serie tiene algo de visionario, aunque nadie lo reconociera entonces.

El declive de la artesanía y el adiós a Boneschi

Sobre Boneschi… la empresa siguió su camino en los años siguientes. Una Alfa Romeo Giulietta Weekendina en 1957, una Alfa 2600 en 1960, un Lancia Flaminia Spider en 1962. Pero la demanda de carrocerías a medida fue menguando a medida que los años sesenta avanzaban y la industria se consolidaba. En los setenta, Boneschi se reconvirtió a las carrocerías industriales, autobuses y camiones sobre chassis de Iveco y OM. En los ochenta, un último intento sobre la Lancia Thema. En 1998, la empresa fue disuelta y su marca adquirida por la Carrozzeria Savio. Casi ochenta años de historia cerraron sin demasiado ruido.

El 600 Spider Boneschi es, en ese contexto, un buen resumen de lo que fue la empresa: un trabajo bien hecho, ambicioso, que merecía más atención de la que recibió. Como tantos one-off de los años cincuenta, quedó atrapado entre el interés del salón y el olvido del mercado. Un coche que nunca estuvo en el catálogo, que quizá podría haber estado, y del que hoy no sabemos ni dónde está.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.