Si creciste entre neones, sintetizadores y carreteras infinitas, probablemente recuerdes The Wraith, esa película de 1986 que en España conocemos como “El Aparecido”, donde el coche protagonista era algo totalmente distinto: un coche negro, casi sobrenatural, implacable, con un aura de venganza –conducido por un jovencísimo Charlie Sheen–. Ese vehículo, el “Turbo Interceptor”, dejó huella no solo en la pantalla, sino en la cabeza de los fans, y ahora alguien ha llevado ese icono al mundo real… con volante, acelerador y matrícula.
La réplica actual fue construida por Jay Winne usando como base un Porsche Boxster S -986-. Sí, lo has leído bien: ese coche deportivo de motor bóxer y seis cilindros se ha transformado para parecerse al Dodge M4S Interceptor de la película. Se alargó su chasis unos 10 centímetros para imitar la distancia entre ejes del concepto original, pero se ha mantenido el motor Porsche -3.2 L y caja manual de seis marchas-, lo que hace que este “Interceptor” no sea solo estético, sino funcional, aunque no, no será tan “espacial” ni tan veloz como el protagonista de The Wraith.
El trabajo de carrocería impresiona: paneles compuestos hechos a mano fieles al diseño cinematográfico, puertas de tijera estilo Lamborghini, cristales especiales y una iluminación que incluye tiras perimetrales y una placa trasera “plasma” que brilla. En el interior, el guiño es doble: asientos del Audi R8 con emblemas de Chrysler, un panel de instrumentos digital, una cámara trasera… y un techo con luz de fibra óptica que recuerda a noches estrelladas de película.
Lo que realmente lo diferencia es que es legal para su uso en carretera. No es solo un coche para exhibiciones: puedes conducirlo. Esto lo convierte en una pieza de coleccionista muy especial, un “dream build” para fans del cine ochentero y aquellos que soñaron con poder ponerse al volante de este increíble deportivo –a mí me gustaba el Corvette C3 del malo de la peli–.
¿Cómo llega este sueño a tu garaje? Pues tendrás que hacer uno para ti, pues estaba a la venta en eBay por 500.000 dólares –unos 432.000 euros–, una cifra que no es barata, pero que muchos argumentarán que vale cada centavo por lo que representa: un pedazo de historia del cine convertido en objeto tangible y rodante.
Más allá del valor económico, este Interceptor es una declaración. Es la materialización de un mito, una fusión entre nostalgia, diseño futurista y pasión automovilística. Porque al final, no se trata solo de correr: se trata de ser parte de algo más grande, de conducir un símbolo. Para quienes vieron The Wraith de jóvenes, este coche no es solo un vehículo: es un fantasma que finalmente puedes atrapar, encender… y conducir.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".