Son tiempos de contradicciones en Maranello. De contradicciones por fuerza mayor, debido al contexto europeo. Un fabricante de los más ligados a la combustión interna –tanto como para darle nombre a una excepción cuyos alineamientos fueron puestos sobre la mesa, pero que estaba atada a lo que la Unión Europea decidiera con relación a la prohibición o no prohibición de los motores térmicos desde el 2035– entregado a la electricidad.
Y su primer 100 % eléctrico ya es una realidad. La hoja de ruta del Ferrari Elettrica ha sido la crónica de un lanzamiento anunciado, de un coche a las puertas de una presentación que no dejará de ser novedad hasta que lo veamos en las calles y nos empecemos a acostumbrar a que sí, a que los italianos han realizado lo que parecía imposible. La electrificación de la flota modenesa, eso sí, no es ninguna novedad, pues si con algo ya nos hemos familiarizado es, desde la llegada del LaFerrari hace más de una década, con los híbridos de la marca.
El 296 GTB, el SF90 Stradale, el homenaje al Testarossa convertido en modelo de serie para el 2026… La de las motorizaciones con baterías entrometiéndose en la tradición de su gasolina es, sobre la premisa de la reducción de gases mediante sistemas híbridos enchufables, la cara más visible del aporte de Ferrari por fuerza mayor a la movilidad limpia. Es la cara más conocida, pero no la única.
La mecánica no ha sido el único elemento de gran tradición Ferrari interpelado por el compromiso de la protección ambiental. Más allá de normativas y transiciones hacia lo eléctrico, la firma italiana acumula años de experiencia en un lado sostenible no muy conocido que ha sabido ejecutar en sus pinturas.
La pintura, el otro elemento de tradición en el que Ferrari acumula años de experiencia manifestando su costado sostenible
Tanto tiempo enfocados en el qué, en la eterna discusión sobre si un Ferrari es o no 100 % Ferrari cuando se viste de otro color que no es el Rosso Corsa, en el fundamentalismo que rodea al factor color en los cavallinos rampantes. Lo he manifestado en entregas anteriores y lo sostengo: los de Maranello son más que el rojo que los identifica y a lo largo de su historia han dado pruebas de coches que hicieron de otros colores específicos una marca registrada en ellos, coches que nombras y visualizas en ese tono. Pienso en el Dino y pienso en el Rosso Cordoba, por ejemplo. En otras palabras, no comulgo con la filosofía de Don Enzo proclamada en una de sus más célebres frases: “Pídele a un niño que dibuje un coche, seguro que lo dibujará rojo”.
Tanto tiempo enfocados en el qué… ¿pero qué hay del cómo? Digamos que desde hace más de 20 años Ferrari convierte a sus rojos en un verde simbólico que no se ve, que se aplica puertas adentro. Un paso inicial fue el del 2004, cuando los italianos se hicieron pioneros al introducir en sus talleres una tecnología de pintura al agua cuyo propósito fue atenuar las consecuencias químicas medioambientales.
En el 2018, ya con su primer híbrido autorrecargable establecido y en vísperas de su primer PHEV, Ferrari profundizó al implementar la técnica conocida como Low Cure, que le valió ser el primer fabricante de automóviles en ponerla en práctica en la cadena de producción. Es un sistema que consiste en el pintado a baja temperatura, en un tratamiento de capas transparentes con el que se obtiene un secado a 100 grados y no a 150, para así lograr consumos de energía menores. Pero esta fórmula, determinada mediante la proveedora norteamericana PPG Industries, se caracteriza por ir más allá del ahorro de energía.
Es que un segundo propósito radica en la calidad del producto: un endurecedor aporta una mayor resistencia del acabado, dicha instancia de secado reúne a los paneles de carrocería con los componentes en fibra de carbono –ganando uniformidad entre los materiales involucrados– y, en otro orden, la posibilidad de combinación entre capas brillantes, mate y metalizadas, la gama de Ferrari empezó a recibir un nivel de personalización más alto en el taller de pintura.


Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS