Coche del día: Nissan Serena 2.0 SGX

Coche del día: Nissan Serena 2.0 SGX

La Nissan Serena rompió con su origen industrial para centrarse en el ámbito familiar, ofreciendo una gran habitabilidad y un volumen de carga difícilmente alcanzable por cualquier turismo de su tamaño


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La heredera de la Nissan Vanette, construida exclusivamente para toda Europa por Nissan Motor Ibérica en la Zona Franca, dejaba atrás el diseño de cabina avanzada de su carrocería para incorporar un morro que la equiparaba a la competencia. De medidas compactas, casi equiparables a las de un 306 de cuatro puertas, la Nissan Serena rompía con su origen industrial para centrarse en el ámbito familiar, gracias a su gran habitabilidad y a un volumen de carga difícilmente alcanzable por cualquier turismo de su tamaño.

Morro redondo y anchura japonesa

Su aspecto exterior se vio condicionado por un prominente y redondeado frontal que contaba con zonas de deformación programada para incrementar la seguridad de los pasajeros y por una anchura de la carrocería adaptada a la normativa japonesa, referente a la categoría de vehículos compactos en donde se quería integrar. A diferencia de la Vanette, inicialmente contaba con diferentes acabados dedicados al transporte de personas –LX, SLX y SGX– y con tres plantas motrices –diésel de dos litros y gasolina de 1,6 y dos litros– que designaban el tipo de suspensión trasera instalada en el eje trasero.

Chasis: posición central y suspensión por motor

La carrocería autoportante medía poco más de 4,3 metros, con sus ruedas dispuestas en los extremos para asegurar el mayor espacio interior posible y estaba diseñada para albergar el propulsor en posición central, por detrás del eje delantero. Para este eje la suspensión se componía de pilares MacPherson guiados inferiormente por brazos transversales oscilantes, mientras que para el eje trasero dependía del motor elegido. En esta versión equipada con el motor de dos litros, la suspensión trasera la formaba un sistema multibrazo compuesto por dos brazos triangulares oscilantes apoyados por un brazo transversal y sobre los que actuaban un par de amortiguadores hidráulicos y un ballestón transversal de fibra de vidrio. Las versiones menos potentes se tenían que conformar con un eje rígido trasero complementado por amortiguadores y ballestas. Su sistema de frenada se componía de unos discos autoventilados delanteros y tambores traseros y su funcionamiento se caracterizaba por ser eficaz, resistente a la fatiga y también por ser difícilmente dosificable, provocando fácilmente el bloqueo de las ruedas. Este hecho hacía sumamente atractivo el montaje opcional del sistema ABS.

SR20DE: cuatro cilindros, cadena y régimen alto

El motor situado en posición central hacía que su peso cercano a los 1.500 kg se repartiese por igual entre ambos ejes, condicionando positivamente su conducción. Este se trataba de un cuatro cilindros de 1.998 cc construido completamente en aluminio y situado longitudinalmente bajo los asientos delanteros. Utilizado en el Nissan Primera, el propulsor SR20DE contaba con cuatro válvulas por cilindro, de cuya apertura se dedicaban un par de árboles de levas accionados por el cigüeñal mediante una cadena. De comportamiento elástico a bajo y medio régimen, ofrecía un par superior a los 150 Nm entre las 1.800 y las 5.000 rpm, pero su mejor rendimiento se obtenía en la zona alta del cuentavueltas, como en la mayor parte de los motores multiválvulas de la época.

Su potencia de 126 CV a 6.000 rpm y su par máximo de 170 Nm generado al alto régimen de 4.800 rpm se transmitía a las ruedas traseras mediante un cambio de cinco marchas de desarrollos más bien largos. Con una velocidad máxima de 170 km/h y un tiempo de 13 segundos para alcanzar los 100 km/h desde parado, la Nissan Serena podía mantener altas velocidades de crucero por carretera, pero en cuanto llegaban los repechos el piloto necesitaba acudir a la palanca de cambios para engranar una marcha inferior. Este tipo de conducción, condicionado por la caja de cambios, hacía que su consumo medio se resintiera, llegando a necesitar 12 litros cada 100 km.

Nissan Serena

La Nissan Serena rompió con su origen industrial para centrarse en el ámbito familiar, ofreciendo una gran habitabilidad y un volumen de carga difícilmente alcanzable por cualquier turismo de su tamaño

Habitáculo: seis plazas, techos solares y giro de 180 grados

En su compacto tamaño, la versión SGX podía acoger a seis personas, distribuidas de forma holgada en tres filas de asientos, estando los centrales equipados con apoyabrazos y con la facultad de girar 180 grados para situarse en dirección contraria a la marcha. La tercera fila la componían un par de asientos plegables de forma lateral, que cuando no se usaban podían aumentar en gran medida los 300 litros de volumen con los que contaba el maletero. La calidad de los acabados y de los materiales de la Nissan Serena eran dignos de cualquier producto nipón, característica que se reflejaba por todo el habitáculo y en un salpicadero de formas redondeadas, que rememoraba al utilizado por el Micra de segunda generación. En este, un cuadro de mandos básico, situado por detrás del volante regulable en altura, informaba al conductor del estado de todos los sistemas.

Tanto piloto como copiloto se veían condicionados por la posición del motor y, aunque el propulsor estaba bien insonorizado, el calor producido por este se hacía notar en la cabina haciendo necesaria la intervención del sistema de climatización. Además, los asientos estaban desplazados hacia las puertas, pero esto no influía negativamente en la elevada posición de conducción, cuyo volante regulable en altura y pedales se encontraban centrados. Su nivel de equipamiento era realmente alto, contando con aire acondicionado, elevalunas y retrovisores eléctricos, cierre centralizado, equipo de sonido e incluso un par de techos solares situados sobre la primera y segunda fila de asientos, practicables eléctricamente desde el asiento del conductor.

Dinámica: estabilidad, subviraje y dirección suave

La Nissan Serena se comportaba como un vehículo turismo gracias a una suspensión que mitigaba las grandes oscilaciones de la carrocería y a un eficaz eje trasero que se adaptaba a las condiciones de la carretera y que mantenía la motricidad de sus ruedas gracias a un diferencial de deslizamiento limitado. Se mostraba estable y con buen agarre a alta velocidad por trazados rápidos, salvo por el inconveniente de que su gran superficie lateral se veía expuesta frente al viento lateral, obligando a la continua corrección de la trayectoria. Su comportamiento en terrenos virados se veía condicionado por su carácter subvirador a la entrada de las curvas y por una dirección que, aunque precisa y suave, necesitaba de cuatro vueltas y media entre topes. La ciudad era uno de los entornos en donde se podía sacar mayor partido a las medidas compactas de este monovolumen y, aunque su altura no suponía problemas en el interior de los parkings, su limitada altura al suelo podía generar algún que otro roce de los bajos a la salida de algún garaje.

Con un precio cercano a los 18.000 € en 1992, la Nissan Serena se presentaba como una alternativa a los grandes monovolúmenes como el Renault Espace o la Chrysler Voyager. Pero su verdadera ventaja residía en su capacidad interior y en sus contenidas medidas exteriores, que facilitaban su evolución por el tráfico urbano.

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Javier Gutierrez

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