Coche del día: Audi A8 6.0L W12 (D2)

Coche del día: Audi A8 6.0L W12 (D2)

La quinta esencia del sedán de Audi, y el máximo desafío de Ferdinand Piëch


Tiempo de lectura: 3 min.

El Audi A8 6.0L W12 era la máxima expresión no solo del modelo, sino de la propia marca. Era un sedán de más de cinco metros de largo, fabricado con aluminio –una innovación en la época–, con una calidad tan elevada como la de Mercedes, pero animado por uno de los motores más impresionantes que se han desarrollado. Todo ello, claro está, a cambio de una muy elevada cantidad de dinero: 121.950 euros de 2001.

La llegada del Audi A8 –D2– no fue un simple relevo generacional para el veterano Audi V8; fue una declaración de guerra tecnológica orquestada por Ferdinand Piëch. En un momento en que el Mercedes Clase S –W140– dominaba el mundo con su opulencia y un peso que superaba con holgura los 2.000 kilos, Audi decidió que su buque insignia sería diferente: ligero, rígido y vanguardista. El desarrollo del Audi Space Frame –ASF–, una estructura de aluminio diseñada en colaboración con Alcoa, permitió que el A8 fuera significativamente más liviano que sus rivales, compensando el peso extra de la tracción quattro y sentando las bases de lo que hoy conocemos como la ingeniería moderna de Ingolstadt.

El motor W12: Un golpe de ingeniería único

Sin embargo, para sentarse en la mesa de los grandes, a Audi le faltaba un componente emocional y técnico: el exceso. Aunque el S8 de 1996 ya había demostrado que una berlina de lujo podía ser deportiva, todavía quedaba un paso por dar. Necesitaba un modelo estrella, un coche que representara la excelencia y todo el saber hacer de la marca. El resultado fue un coche que no dejó a nadie indiferente. Bajo la ya conocida silueta del Audi A8, se dio a conocer, en 2001, una máquina superlativa animada por un motor nunca visto hasta el momento: un 12 cilindros colocados en W único en su clase y, además, el más potente de su categoría en aquellos años.

Audi A8 6 0L W12

La llegada del 6.0 W12 fue el golpe definitivo. Este motor, nacido de la unión de dos bloques del famoso VR6, no solo ofrecía una suavidad de marcha imperturbable, sino que permitía a Audi presumir de tener un doce cilindros más compacto y eficiente que los diseños tradicionales en V. Este propulsor atmosférico de carrera larga desplazaba 5.998 centímetros cúbicos y contaba con cuatro árboles de levas accionados por cadena y cuatro válvulas por cilindro. Rendía una potencia máxima de 420 CV a 6.000 rpm y un par motor de 56,1 mkg disponible entre las 3.500 y las 4.750 vueltas. Toda esta caballería se gestionaba a través de una caja de cambios automática Tiptronic de cinco velocidades con convertidor hidráulico de par.

El peso total del Audi A8 6.0L W12 se quedaba por debajo de los 2.200 kilos, todo un logro para un coche de 5,16 metros de largo.

Prestaciones de infarto y consumo de jeque

Aunque el Audi A8 6.0 W12 se vendía exclusivamente en versión de batalla larga (L), sus capacidades dinámicas eran de auténtico órdago. Según las mediciones de la época, era capaz de catapultar sus más de dos toneladas de 0 a 100 km/h en solo 5,87 segundos, cubriendo el primer kilómetro desde parado en 25,48 segundos. Las recuperaciones también eran fulgurantes, necesitando apenas 3,73 segundos para pasar de 80 a 120 km/h en directa.

Eso sí, la factura a pagar en el surtidor era proporcional al despliegue técnico. El consumo medio medido fue de 13,9 litros a los 100 km, aunque en uso urbano la cifra oficial se disparaba hasta los 22,9 litros. Fue el canto del cisne de la primera generación del A8, una que servía de escaparate para el Grupo Volkswagen antes de que este propulsor diera el salto a Bentley y al malogrado Volkswagen Phaeton.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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