Abarth 500e Turismo, una cuestión de tacto

Abarth 500e Turismo, una cuestión de tacto

La versión tope de gama es, claro, la más deportiva


Tiempo de lectura: 4 min.

El escorpión marca la diferencia, le indica el camino al número –el 500– convertido en insignia, hace que el Abarth 500e se manifieste entre los hot-hatchs con configuraciones heredadas del circuito para el cliente y los coches de calle a los que no les alcanza su rol de urbanos de uso cotidiano, lo que los lleva a definir cada aspecto pensando en conductores que priorizan lo deportivo. El pequeño pero poderoso eléctrico da cuenta de su esencia en su aceleración, a la que acompaña expresando su carácter en una experiencia integral, que va desde el equipamiento y los acabados hasta las funciones.

El eléctrico italiano es de esos que merecen ser contemplados de abajo hacia arriba, pues lo mínimo que recibirás de él son sus llantas de aleación de 17 pulgadas en acabado mate. Son las que el modelo entrega de serie con la versión estándar, que es superada por el Abarth 500e Turismo, la opción más extrema en su actualidad, la que más se acerca a los requisitos postulados por el propio Carlo Abarth en los años cincuenta, cuando marcó un antes y un después al declarar que sus coches tenían que ser “pequeños y malvados, como el escorpión”.

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Abarth 500e Turismo: especificaciones más deportivas de su equipamiento exclusivo

En este irreverente del segmento A, la radiografía de suelo a techo comienza no con las de 17, sino con unas llantas de aleación de 18 pulgadas con diseño diamantado que, además de presumir, busca un mayor agarre. De tactos se trata la cosa y esta versión lo confirma no solo en las ruedas. Los pedales metálicos vienen de serie con revestimiento deportivo de aluminio, de manera tal que se sirven de su protección y resistencia, pero también del espíritu de circuito que se activa cuando hacemos contacto con ellos.

El Alcántara podrá ser interpretado como sinónimo de elegancia por considerarse de calidad premium, pero ante todo es un material históricamente arraigado –en volantes y pomos de palancas de cambio, sobre todo– a las carreras, producto de su ligereza, su resistencia, una opacidad que evita reflejos de luz solar tanto en parabrisas como en los ojos del piloto, y el agarre –de tactos se trata todo, insisto–, vital en sudorosas cabinas de altas temperaturas.

El Abarth 500e Turismo no escatima en Alcántara. Diría que todo lo contrario. No solo lo aplica parcialmente en su volante deportivo de tres radios, ya que lo expande al salpicadero y a todo el tapizado de los asientos, que por otro lado garantizan seis y cuatro niveles de posición para conductor y acompañante, respectivamente. Sin embargo, en esta versión tope de gama puede que la joya de la corona sea la que no se ve ni se toca.

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El tacto que no se toca y es, tal vez, el más importante

La simbiosis entre su tipo de propulsión y su faceta deportiva deriva en ese sonido artificial que este tipo de eléctricos suele necesitar para terminar de llegar al cliente. ¿Un deportivo sin la más maravillosa música es un deportivo? Bueno, la del 500e Turismo no es una música natural, pero puede consolar, porque la real sí es maravillosa. Mediante un generador de sonido, el coche recrea el rugido/ronroneo que sale del sistema de doble escape “Record Monza” perteneciente al Abarth 595 Competizione y su 1.4 T-Jet de 180 CV.

El secreto de su verosimilitud radica en la sincronización con los movimientos del vehículo, ocasionando así una suerte de reverberación y adaptándose, lógicamente, a todos los estados de la conducción, desde la aceleración y el frenado hasta los pasos rápidos por curva. Si con el tacto todo tiene que ver alrededor de este pequeño escorpión italiano, si hasta en las tonalidades de carrocería Negro Venom, Azul Poison y Verde Acid la cuestión del tacto en este coche se ve representada con contundencia, tal vez el más fundamental, por más artificial que sea, es el único intocable y funciona como el lazo clave para darle a quien se sube al Abarth 500e Turismo una experiencia sensorial lo más completa posible.

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Sobre mí

Mauro Blanco

Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.
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