Da gusto, la verdad. En esta época empalagosa donde cada lanzamiento premium viene con su batería, su autonomía homologada y su sermón sobre el futuro, este Audi Q7 llega con la actitud contraria y sin pedir perdón.
El último gran diésel se planta y encima come patatas fritas
El bloque es el 3.0 TDI V6 de siempre, ese que ya nadie quiere fabricar, rindiendo 299 CV en la versión picante o 245 en la tranquila, con 630 Nm de par y tracción quattro permanente. Lleva hibridación ligera MHEV plus que suma unos 18 kW y un compresor eléctrico que gira hasta las 90.000 vueltas para tapar el agujero de respuesta abajo, así que de carraca lenta no tiene nada. La caja es el automático Tiptronic de ocho marchas y el conjunto pesa sus buenas dos toneladas largas, como mandan los cánones del SUV grande de toda la vida.
La gracia está en el combustible, porque este V6 traga HVO, el diésel sintético que se fabrica con aceites usados y residuos. Audi dice que recorta las emisiones de CO2 entre un 70 y un 95 por ciento frente al gasóleo normal, y lo puedes echar puro o mezclado. Total, que el coche más serio de la casa puede acabar oliendo a freiduría de barrio, y a mí eso me parece la mejor noticia del año en esta época en que las raciones de emergencia postjuerga las dominan los kebabs.
Los puristas del enchufe pondrán el grito en el cielo, pero hay que ser honrados con los números porque el consumo se queda entre 7,1 y 8,0 litros a los cien según versión. Para arrastrar dos toneladas con la familia entera y el maletero hasta arriba por la autopista, eso es lo que de verdad funciona, no una batería que te deja tirado en el área de servicio de la AP-2 esperando turno en el cargador. El diésel grande sigue siendo el rey de los kilómetros largos y Audi lo tiene clarísimo.
Veintiún años después del primer Q7, la receta apenas cambia, solo que ahora le puedes meter aceite reciclado y dormir tranquilo. Hay algo entrañable en ver a un fabricante premium plantarse en mitad de la estampida eléctrica y decir que para devorar autopista no se ha inventado nada mejor que un seis cilindros en uve quemando gasóleo. Llámalo cabezonería o llámalo sentido común, pero a este coche no le tiembla el pulso.
Cinco, seis o siete plazas y la tecnología que ya esperabas
Por dentro hay tres configuraciones de asientos, e incluso estrena una de seis plazas con dos butacas individuales en la segunda fila para el rollo business, además de la clásica de siete y la de cinco para quien no necesite mudar a media familia. La habitabilidad es uno de sus argumentos fuertes, faltaría más con cinco metros de chapa, así que de espacio nadie se va a quejar.
El equipamiento es el que esperas de un Audi caro, con la pantalla panorámica OLED enorme, el techo de transparencia conmutable, los altavoces metidos en los reposacabezas y los asientos eléctricos. La suspensión arranca con muelles de acero y puedes subir a la neumática adaptativa si lo tuyo es flotar, mientras que el chasis estrena un diferencial central autoblocante que afina la tracción cuando metes el pie de golpe.
La ristra de ayudas a la conducción cansa solo de leerla, con frenada automática, cámara de 360 grados, aparcamiento autónomo y avisos de tráfico cruzado. Hay una función de emergencia que lleva el coche solo al arcén si el conductor deja de responder, y otra que de noche proyecta los intermitentes en el suelo para avisar a peatones y ciclistas de hacia dónde gira el armatoste, que ya es nivel de chulería tecnológica.
Por fuera no disimula ni un gramo, con la parrilla singleframe descomunal, los faros LED de mirada enfadada, las aletas marcadas y esa silueta de caja con ruedas que pueden llegar a las 23 pulgadas. Los pedidos abren a finales de junio y las entregas empiezan en septiembre, con un precio de partida que ronda los 87.150 euros. Ya tiene mérito que, con todo el mundo corriendo hacia el enchufe, el coche más sensato del catálogo sea el que va marcha atrás y contra la corriente quemando aceite de cocina.






Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS