El Porsche 356A 1500 GS Carrera de 1956 fue el primer automóvil deportivo de producción real de la marca, en el sentido más literal: el primero que llevó a la calle un motor diseñado en exclusiva para correr. El nombre Carrera viene de la Carrera Panamericana, y el motor que lo hizo posible nació de un proyecto tan secreto que su propio creador tenía que esconder los planos en un cajón cada vez que alguien entraba en su despacho.
Si hay una familia que se puede considerar de las más importantes de la industria del motor, esa es, sin duda, Porsche. Entre padre e hijo, crearon una industria casi por sí solos. Ferdinand Porsche trabajó, por ejemplo, para Mercedes –creó, entre otros, el sensacional Mercedes SSK– y fue el responsable de diseñar el Volkswagen, el coche que Hitler “imaginó” para el pueblo alemán. Coche, por cierto, que usó Ferry Porsche –hijo de Ferdinand– para crear lo que hoy conocemos como la marca de automóviles deportivos Porsche.
Ferry creó, sobre la base del Volkswagen, el Porsche 356, el primer automóvil de la firma alemana. Un coche que, en su momento, allá por la década de los 50, se consideraba veloz y especialmente bello. Con ese coche, con el 356, Porsche comenzó a cimentar su fama casi al mismo instante de comenzar con su producción, gracias no solo a sus prestaciones o su calidad general, sino también a las victorias en las diferentes competiciones en las que se inscribía el modelo y otros tantos que la marca desarrolló tras la puesta en escena del 356.
Un motor que nadie había aprobado todavía
A finales de 1952, con la idea de ampliar la estela de victorias en carreras, Ernst Fuhrmann, uno de los primeros ingenieros de la Porsche de posguerra, recibió el encargo de diseñar un motor de carreras de altas prestaciones basado en el tetracilíndrico bóxer de la marca, capaz de entregar 100 caballos. Los motores de varillas empujadoras de Porsche estaban llegando al límite de su potencial, y el plazo era extremadamente ambicioso: el nuevo motor debía estar listo para la temporada de carreras de 1953, lo que dejaba al equipo poco más de seis meses para diseñarlo, fabricarlo y probarlo.
Había un enorme secretismo en torno al proyecto, el cual dio lugar a una de las anécdotas más repetidas de la historia de Porsche. Fuhrmann bromeaba años después llamándolo el “motor del cajón”, porque tenía que guardar los planos en el cajón de su mesa de dibujo cada vez que el doctor Ferdinand Porsche entraba en su despacho, ya que el proyecto todavía no había sido aprobado oficialmente. El resultado de ese trabajo casi clandestino fue el Tipo 547: un tetracilíndrico bóxer refrigerado por aire, con cuatro árboles de levas accionados por un complejo sistema de ejes y engranajes cónicos, bloque de aluminio, paredes de cilindro cromadas, encendido doble y lubricación por cárter seco. Nada parecido había salido nunca de Stuttgart.
Las victorias que le dieron nombre llegaron de inmediato. La doble victoria de Frère/Frankenberg y Herrmann/Glöckler en las 24 Horas de Le Mans de 1953 solo fue posible gracias al nuevo motor del Porsche 550 Spyder, y en 1954 Hans Hermann ganó su clase con un 550 Spyder equipado con el mismo Tipo 547, terminando tercero en la clasificación general de la Carrera Panamericana, la exigente carrera de carretera mexicana. Esa actuación dio origen al apodo que acabaría quedándose para siempre: el motor de Fuhrmann pasó a conocerse popularmente como motor Carrera, y ese mismo nombre llegaría poco después a los modelos de producción con el Porsche 356A GS Carrera del año 1956.
Fuhrmann nunca buscó la gloria de los circuitos para su motor, la buscó como una excusa. Diseñó la pieza más compleja de su carrera solo para que, cada mañana, el trayecto hasta su oficina se sintiera como el final de una etapa de la Panamericana
El coche de calle que Fuhrmann tenía en mente
Lo más revelador de toda la historia del Tipo 547 es que Fuhrmann nunca lo pensó únicamente como un motor de competición. Él mismo lo confesó años después con una franqueza encantadora: mantuvo el motor de carreras lo más pequeño y compacto posible para poder usarlo después en su propio coche de empresa. No era una frase retórica. Tras pruebas exhaustivas, el motor se consideró apto para producción en serie, y el primer coche de calle equipado con él salió a la venta en julio de 1955 como el 356A 1500 RS Carrera, abriendo camino directo al GS Carrera que llegaría un año después.
Se dio un salto enorme en prestaciones: el 1500 GS Carrera entregaba unos magníficos 100 caballos frente a los 75 del anterior modelo insignia, el 1600 S. El folleto americano de Porsche de 1956 lo proclamaba con el entusiasmo propio de la época, asegurando que con el nuevo motor el coche se convertía en el primer deportivo de producción de la clase 1500 capaz de alcanzar las 125 millas por hora –201 kilómetros por hora–, sin dejar de ser al mismo tiempo un turismo cómodo y fácil de conducir.
El resultado en carretera era contundente para su época: 200 kilómetros por hora de velocidad máxima y unos 11,5 segundos hasta los 100 kilómetros por hora, cifras propias de un deportivo serio y no de un coche de empresa convencional, por mucho que esa hubiera sido la intención original de su creador. En pista, eso sí, el 356 nunca fue lo bastante ligero como para seguir el ritmo de los Spyder puros, así que su destino natural terminó siendo la carretera: un compromiso que, visto con perspectiva, era exactamente lo que Fuhrmann había imaginado al dibujar aquel motor escondido en su cajón.
La complejidad del Tipo 547 tenía un precio. En total, se fabricaron menos de 2.000 motores basados en él, y apenas había dos exactamente iguales: Porsche siguió desarrollando el concepto durante más de diez años, y hasta las más pequeñas variaciones de montaje causaban problemas. El motor Fuhrmann era más un mecanismo de relojería que un motor de uso diario, por lo que quedó reservado a los coches de carreras y a los muy exclusivos modelos Carrera del 356 y, más adelante, del 904. Esa misma rareza es la que hoy dispara las cotizaciones de cualquier Carrera de cuatro árboles de levas bien documentado: ejemplares de este 356A GS Carrera se han vendido en subasta por cifras que van de los 235.000 a los 715.000 euros, según el estado, la procedencia y el historial de competición del coche.
En mayo de 1957, Porsche desdobló la gama Carrera en dos versiones, de Luxe y GT, separando definitivamente al cliente que quería calefacción y un poco de confort del que prefería menos aislamiento y frenos del 550. Pero la semilla de todo aquello seguía siendo la misma: un ingeniero que diseñó el motor de carreras más sofisticado de su época pensando, en el fondo, en conducirlo él mismo hasta la oficina.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".