Morgan ha presentado el Midsummer Coupé, la versión de techo fijo de su barchetta lanzada originalmente en 2024. Parece un gesto sencillo –añadir un techo a una estructura que no lo tenía–, pero tras este movimiento se esconde una de las lecciones más honestas sobre lo complejo que resulta modificar un diseño que ya funciona. Existe una tentación habitual al hablar de coches artesanales: pensar que poner una cubierta a un descapotable es, en esencia, repetir el mismo ejercicio con una pieza adicional. Morgan ha demostrado con el Midsummer Coupé que esa intuición es completamente errónea, y lo ha hecho explicando, casi con pudor técnico, todo lo que tuvo que rehacerse para que el resultado final pareciera algo sencillo.
El Midsummer original nació como un ejercicio de líneas puras, sin parabrisas convencional, desarrollado bajo el programa de encargos especiales de la firma británica. Fue una pieza que captó la atención de aficionados y expertos, y bastó para que un cliente lanzara una pregunta directa a la fábrica: ¿podría existir una versión cerrada? La respuesta, llegada casi dos años después, no es el camino obvio que cualquiera habría imaginado.
Ingeniería invisible bajo la estética
Lo lógico habría sido tomar la carrocería existente y adaptar un techo. Morgan optó por lo contrario: replantear toda la arquitectura desde dentro. Para que el cristal y la nueva cúpula pudieran formar parte de la estructura portante –y no solo de la estética–, los ingenieros desarrollaron pilares A mecanizados en una sola pieza de aluminio, un sistema de acristalamiento estructural adherido y una construcción remachada con remaches avellanados que reparte las cargas de forma distinta a como lo hacía el modelo original. El parabrisas y el cristal del techo no se limitan a tapar un hueco: están pegados directamente a la estructura metálica, de modo que cada elemento cumple funciones mecánicas críticas.
El resultado es contundente: el Midsummer Coupé pesa solo un dos y medio por ciento más que un Supersport con techo duro de la gama convencional. Para un coche que ha tenido que inventar una arquitectura entera para sostener un techo fijo, mantener el peso casi intacto no es un detalle menor; es la prueba de que el trabajo de ingeniería ha sido profundo y no meramente cosmético. Y, sin embargo, en medio de esta innovación, sigue habiendo madera. El armazón de fresno continúa formando parte de la estructura que soporta cargas, aportando además unas propiedades acústicas que ningún material moderno reproduce con la misma naturalidad. Aluminio de última generación y madera trabajada con técnicas centenarias conviven en la misma estructura, cada uno resolviendo el problema que mejor sabe abordar.
Hacerlo bien –sin sacrificar peso, sin renunciar a la madera y sin perder la identidad del original– es mucho más difícil que diseñar un coche nuevo desde una hoja en blanco
El oficio como estándar de calidad
El proceso de fabricación añade otra capa a esta historia. Cada carrocería central sigue formándose a mano, panel por panel, a partir de chapa de aluminio plana mediante la técnica de la rueda inglesa, el mismo método con el que los carroceros llevan dando forma al metal desde hace más de un siglo. Solo después de ese trabajo manual entran en juego el escaneo digital y la medición láser, no para sustituir el oficio, sino para verificarlo y asegurar que cada pieza encaja con la precisión extrema que exige una estructura autoportante de cristal. Es un proceso que resume lo que Morgan entiende por artesanía contemporánea: la mano da la forma y la tecnología confirma que esa forma es correcta.
La colaboración con Pininfarina, iniciada con el Midsummer original y mantenida en esta versión, aporta el sentido final. No es la primera vez que una firma de diseño italiana trabaja con un fabricante británico de tradición artesanal, pero aquí la combinación resulta especialmente coherente: Morgan aporta el conocimiento ancestral de los materiales y la construcción, mientras que Pininfarina define proporciones y superficies que hacen funcionar visualmente algo tan difícil como un techo fijo sobre una base pensada para la libertad absoluta.
El Midsummer Coupé no es una noticia sobre un coche nuevo; es una lección sobre lo que significa evolucionar un diseño sin traicionarlo. Cerrar un descapotable parece, en la superficie, el encargo más sencillo del mundo. Morgan ha tardado dos años y ha tenido que inventar una arquitectura completa para demostrar que no lo era, y que hacerlo bien –sin sacrificar peso, sin renunciar a la madera y sin perder la identidad– es mucho más difícil que diseñar un coche desde una hoja en blanco.





Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".