“¡Lo sentimos! Este anuncio ya no está disponible, pero estamos seguros de que encontrará algo de su interés en el mercado de Classic Driver”, reza el cartel de la desolación, el mensaje que pone a prueba el autoestima de coleccionistas con devoción juramentada a la historia automovilística de Porsche que llegaron tarde. Coleccionistas que, cuando una oportunidad como la de este Porsche 908 Longtail 004 se presenta –ni más ni menos que uno de los cinco Porsche 908 que se conservan–, entran al anuncio dando pasos sigilosos en la mente.
El miedo es encontrarse con ese lo sentimos. Alguien más se lo ha llevado. Al coche, pero también a la configuración que el prototipo merecía recuperar. Respetar la historia. El legado del ahora ex propietario es haber entendido la responsabilidad con la que debía actuar. Devolverle al ejemplar, el chasis 004, la esencia profunda de sus días de circuito –sus días de circuito reales, no los heritage–. Y no las especificaciones de cualquier trazado de aquel Campeonato Mundial de Prototipos de 1968, sino las que usó en el que se volvería su eterno santuario: Monza.
Como continuidad de los Porsche 906 Carrera 6 y Porsche 907, el Porsche 908 aplicó evolucionó la fórmula aerodinámica de la parte trasera estirada en busca de su destino: intentar dominar las pistas más rápidas del mundo. Para eso se fabricaban. La prioridad en las rectas y en las curvas maniobrar con la carga que se disponía. Rectas a 300 km/h se habían planteado lograr sus predecesores y para el 908, con su motor bóxer de ocho cilindros 3.0 limitado por normativa y el as de su diseño, alcanzar y superar dicha barrera no iba a ser problema.
El Porsche 908 Longtail 004 en sus días de circuito
El debut del Porsche 908 Longtail fue con el World Sportscar Championship del 68 comenzado. Fue en el manto asfáltico italiano y allí estuvo este ejemplar… Y allí se retiró este ejemplar. Fue en los 1000 km de Monza de abril de 1968 donde el Porsche 908/004 corrió por primera y última vez por los puntos. Y aunque, insisto, pertenecía a una especie que no había sido concebida para ganar carreras, su posición podría haber sido mejor de no haberse presentado contratiempos en el acelerador y el sistema de inyección.
El puesto undécimo queda como recuerdo rápido, pero adentrándonos en los pasajes aparecen sus batallas con el indomable de la época, el Ford GT40, cuando la carrera era carrera para el prototipo alemán. Fue tres fechas después, en los 1000 km de Spa, cuando esta unidad volvió a ver acción, pero no en la hora señalada, sino durante los entrenamientos. Como el agua y el aceite, su carrocería no se habría llevado bien con la lluvia del día de la carrera y el consecuente trazado mojado, y fue un 908 de cola corta el que se hizo cargo.
Fue en Bélgica donde su ocaso quedó sellado. No habría más para el 004 tras aquellas pruebas. Tampoco quedaría mucho más para el diseño del 908 que Porsche había estado usando a lo largo del campeonato. Para las 24 Horas de Le Mans, la última fecha, la composición aerodinámica trasera mutó: de las aletas verticales como elemento único a un alerón activo montado sobre los vértices de las aletas.
Respetar la historia
No tardó el Porsche 908 Longtail 004 en caer en el olvido. Tres años después de su actividad fugaz, su estado ya dejaba bastante que desear. Eventualmente sería sometido a restauración, pero fue recién en 2023 cuando, bajo la posesión de su ahora ex dueño, recuperó las especificaciones originales de aquel día de abril en Monza. La pintura roja en el morro y en la zaga y el número 5 le devolvieron la armadura de las efímeras batallas con Ford, mientras el ocho cilindros se puso a punto y en pruebas posteriores demostró que sus 335 CV estaban intactos.
Había que respetar la historia. Monza, su santuario inquebrantable más allá de las carreras de clásicos que vivió tras su restauración y que imaginamos que seguirá cosechando, debía volver a vivir en este Porsche. Y cuando el coche en cuestión es uno de los apenas cinco sobrevivientes, escribir el presente sobre el pasado más puro es menester.


Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.