El Ford Puma 1.7 fue la versión más potente y prestacional, al menos en Europa, del coqueto coupé de la firma yankee. Se basaba en la plataforma del Ford Fiesta, no fue solo otro coupé basado en un utilitario; fue la demostración de que Ford, en los años 90, sabía hacer coches que emocionaban sin necesidad de potencias estratosféricas. Mientras otros fabricantes se limitaban a cambiar la “piel” de sus modelos del segmento B, Ford creó un icono con alma de especialista y corazón japonés.
A finales de los 90, la fiebre por los coupés estaba en su punto álgido. Solo hay que mirar los catálogos de los fabricantes para darse cuenta. Renault, por ejemplo, tenía el Mégane Coupé, Citroën el Xsara Coupé, SEAT tenía el Córdoba Coupé y Opel venía del Calibra y lo reemplazaba por el bello Astra Coupé –el conocido como Astra Bertone, pues fue obra del carrocero italiano–. Pero esto no era todo, porque Peugeot tenía el 406 Coupé, Hyundai arrasó en ventas con Coupé, FIAT presumía de Macchina, el Alfa Romeo GTV robaba corazones con su V6 Busso y Audi puso en circulación una demostración de diseño con el TT.
También había marcas que tenían más de un modelo de esas características en catálogo, como Mercedes o como Ford. La firma norteamericana había tenido el Probe, un coupé de aspecto bastante deportivo gracias a sus faros retráctiles, el cual reemplazó por un más grande y menos aparente Ford Cougar. No es que fuera mal coche, pero era más caro y menos deportivo que el Probe, no en balde, era un Mondeo con chándal. Es decir, no era un modelo para meterse en el centro del segmento, donde el Xsara Coupé, el Mégane Coupé y el coreano imbatible, el Hyundai Coupé, se batían el cobre. Además, Opel tenía un coche casi sin rival en el mercado, que se llevaba muchas atenciones de la gente joven: el Tigra.
Diseño New Edge y una puesta a punto de referencia
Así pues, Ford tomó la idea de Opel e hizo lo que mejor sabe hacer: un coche con una conducción de referencia, vestido con el diseño New Edge tan característico de la marca en aquellos años y lo llamó Puma. El Puma llegó en 1997 para medirse con rivales con una puesta a punto dinámica que lo situaba como la referencia para quienes buscaban sensaciones de conducción puras en un formato compacto. Era un coche para quienes preferían disfrutar al volante.
El Ford Puma representó el concepto New Edge llevado a su culmen; posiblemente sea uno de los modelos de Ford más atractivos de los años 90
Si alguien dudaba sobre el planteamiento del Puma, solo tenía que echar un vistazo bajo el capó, donde el pequeño Puma escondía una virguería. Un bloque de cuatro cilindros con 1.670 centímetros cúbicos, culata multiválvulas y con dos árboles de levas, que rendía 125 CV a 6.300 revoluciones y 16 mkg a 4.500 revoluciones. Era el 1.7 Zetec-S VCT, un propulsor desarrollado junto a Yamaha, que, entre otras cosas, utilizaba un recubrimiento de Nikasil en los cilindros y distribución variable.
Ese motor, junto a un cambio manual de cinco relaciones y una plataforma adaptada para la ocasión –se ensancharon las vías y se usaron tarados de suspensión más firmes que en el Fiesta–, lograron un conjunto que, para la prensa de la época, resultaba muy ágil, muy estable y muy divertido de conducir. Además, tenía ABS y control de tracción de serie, dos argumentos con mucho peso en la época.
El precio de la exclusividad en los 90
Obviamente, no era un coche barato. Ford quiso hacer del Puma un coupé más accesible que otras opciones de mercado, pero el coche mantenía su estatus de coupé con una tarifa de 2.525.000 pesetas. Era más barato, por ejemplo, que un Renault Mégane Coupé 2.0 –2.750.000 pesetas– que era un rival más o menos directo, pero era unas 100.000 pesetas más caro que el Opel Tigra 1.6 16v, que era el coche más parejo en concepto y prestaciones.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS