El SEAT Ibiza 1.9 TDI Sport se presentó, en 2008, como la punta de lanza durante los primeros meses de comercialización. Era la versión con el chasis más dinámico, con ciertos detalles de acabado específicos y, por supuesto, con la versión de 105 CV del inagotable propulsor turbodiésel de Volkswagen, que casaba bastante bien con el planteamiento juvenil de la cuarta entrega del utilitario español.
Los orígenes y el salto con Volkswagen
SEAT, la vieja Sociedad Española de Automóviles de Turismo, ha tenido varias idas y venidas en cuanto a éxito de ventas. En los años 60 y 70, sencillamente, no tenía rivales dignos de mención y los que había, estaban claramente limitados por un gobierno que apostaba por el producto patrio sin esconderse lo más mínimo. Luego, con la apertura al mundo y la expansión de la firma bajo control de Volkswagen, las cosas cambiaron bastante y, aunque supieron aguantar el tirón y hasta se convirtieron en referentes, ya no era tan sencillo. Es más, Volkswagen tuvo que permitir a SEAT bastante libertad para que pudiera crecer y asentarse cómodamente en un mercado que no perdonaba ni un solo traspiés.
Y vaya si creció, sobre todo con el Ibiza, un coche que se convirtió en el pilar de ventas de SEAT generación tras generación. El peso del Ibiza llegó a ser tal, que en 2008 fue el modelo encargado de estrenar la plataforma PQ25, la que daría soporte al Volkswagen Polo, al Skoda Fabia y nada menos que al Audi A1. Una pequeña muestra de la importancia que tenía la cuarta generación del Ibiza, diseñada por una mente que llegaba desde Lamborghini: Luc Donckerwolke, quien había dado forma a los Lamborghini Murciélago y Gallardo. Lo mejor de todo es que la generación 6J del SEAT Ibiza no era solo diseño, también era actitud, mejoras en todos los apartados y una ambición casi desmedida.
El acabado Sport: deportividad en el chasis
Nada más salir al mercado, la gama ya contaba con tres acabados: Reference, Style y Sport. Este último fue uno de los más populares, pues no solo añadía detalles específicos, era el que defendía la esencia que SEAT había empezado a trabajar cuando llegó a Volkswagen: la deportividad. Sin ir más lejos, la suspensión era 25% más rígida, tenía una barra estabilizadora de 19 milímetros –en el resto de versiones era de 18 milímetros– y el eje trasero torsional era un 15% más rígido que en el resto de variantes. Sin embargo, el motor más popular no era el más deportivo y en la cuarta generación, esa sensación se multiplicó.
Mientras la puesta a punto del chasis y la rigidez del tren trasero convertían al Ibiza Sport en la referencia dinámica de su categoría, el desarrollo de su quinta velocidad parecía pensado exclusivamente para esquivar al fisco en lugar de buscar diversión en tramos revirados
Como ocurrió con la tercera generación, el SEAT Ibiza 6J se vendió mayoritariamente con motor turbodiésel, primero con el 1.9 TDI, después, con el 1.6 TDI. En 2008, el único diésel disponible era el casi incombustible 1.9 TDI, que llegaba en versión de 105 CV, con todas las asperezas conocidas de dicho propulsor, más un cambio manual de cinco relaciones que tiraba por tierra toda ambición deportiva implementada en el bastidor. El motor, con sus 1.896 centímetros cúbicos, su turbo de geometría variable, intercooler y el famoso “bomba-inyector” que tanto daba que hablar y que era culpable, entre otras cosas, de la famosa “patada” de los TDI de Volkswagen. Rendía sus 105 CV a 4.000 revoluciones y el par llegaba a unos más que buenos 24,5 mkg a 1.900 revoluciones, o dicho de otro modo, casi 250 Nm.
Desarrollos largos y comportamiento dinámico
El cambio manual, con solo cinco relaciones, presentaba unos desarrollos que se habían calculado para rebajar consumos, y con ello, emisiones. En aquellos años, las emisiones de CO2 lo eran casi todo –en España no se pagaba impuesto de matriculación a partir de 120 gramos de CO2 para abajo– y la quinta llegaba a 55,62 kilómetros por hora a 1.000 revoluciones, excesivamente larga como bien destacaba la revista Autopista en su número 2.548. Un desarrollo tan largo obligaba, casi, a olvidarse de la quinta marcha en carreteras secundarias y dejarla para tramos donde la velocidad de crucero fuera, al menos, de 110 kilómetros por hora.
Un contraste notable con las capacidades y la personalidad del bastidor, claramente dinámico y con tacto “de coche grande”. Incluso cuando aparecían baches o juntas de dilatación en pleno apoyo, el chasis del Ibiza 1.9 TDI Sport mostraba maneras que, según la mencionada revista, era referencia en su segmento.
Precio y equipamiento de serie
El SEAT Ibiza 1.9 TDI Sport llegó al mercado con un precio que, sin ser el más bajo –el Ibiza dejó de ser un coche barato, para ser, “solo”, interesante. Allá por 2008, SEAT pedía 16.810 euros y montaba de serie cosas como el aire acondicionado, los controles de tracción y estabilidad, control de crucero, llantas de aleación ligera de 16 pulgadas y seis airbags.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".