El SEAT Córdoba GTi 1.8 16v fue una de las opciones más interesantes en cuanto a prestaciones y conducción, aunque estaba, digamos, en tierra de nadie. Se basaba en un utilitario, pero era casi tan grande como un compacto y eso le ponía frente a rivales de lo más dispares. No obstante, su precio de 2.877.800 pesetas, lo colocaban directamente en el segmento de los compactos.
Cuando SEAT, ya bajo control de Volkswagen, tuvo que reemplazar al SEAT Málaga, la solución fue sencilla: seguir la misma receta, es decir, tomar como punto de partida el SEAT Ibiza y sacar un modelo más grande, con más maletero y a medio camino entre dos segmentos –tenía un maletero de 445 litros, enorme para el segmento– Pero en lugar de llamarlo Málaga, lo llamaron Córdoba y lo presentaron en el salón de Frankfurt de 1993.
El planteamiento del Córdoba no era lujoso, sino versátil y práctico, aunque en aquellos años, Volkswagen pensó que sería buena idea darle una personalidad más deportiva a la firma española, lo que trajo consigo algunas versiones que resultaron más que interesantes. Por ejemplo, estaba el SEAT Córdoba GTi 2.0, con el motor de 115 CV del Volkswagen Golf GTI III de ocho válvulas, y estaba también el Córdoba SX con carrocería “coupé”, que con 150 CV era algo así como un Cupra.
No obstante, como ocurrió con el Ibiza, entre medias hubo otra versión que, desde luego, no se quedaba atrás en prestaciones. Era el SEAT Córdoba GTi 1.8 16v, que fue la versión más prestacional de la primera generación hasta el restyling. Lo curioso de esta versión es que la prensa, o al menos la revista Autopista, prefería la versión de 115 CV. Pero no por prestaciones, sino por gasto de combustible y nivel sonoro.
Compartía motor y versión con el SEAT Ibiza y era lo más rápido de la primera generación del Córdoba hasta el restyling
El Córdoba GTi 1.8 16v tenía un motor de 1.781 centímetros cúbicos –carrera larga: 81 milímetros de diámetro y 86,4 milímetros de carrera–, doble árbol de levas en culata, cuatro válvulas por cilindro, inyección electrónica –Digifant– y admisión totalmente atmosférica. Es el mismo propulsor del Ibiza GTi 1.8 16v, así que rendía 130 CV a 6.000 revoluciones y 16,5 mkg a 4.000 revoluciones –unos 160 Nm–, que se enviaban a las ruedas delanteras mediante un cambio manual de cinco relaciones más o menos bien ajustadas –la cuarta tenía un desarrollo de 27,94 kilómetros/hora y la quinta, de 35,52 kilómetros/hora–. En el banco de potencia de la revista Autopista, llegó a rendir 139 CV a 6.020 revoluciones y 17,46 mkg a 4.130 revoluciones. Nada mal para un motor atmosférico.
Los datos también se convertían en prestaciones. Por ejemplo, era capaz de completar el 0 a 160 kilómetros/hora en 24,72 segundos, el 0 a 400 metros en 19,44 segundos y el 0 a 1.000 metros en 30,43 segundos. La velocidad máxima era de 205 kilómetros/hora, podía completar el 80 a 120 kilómetros/hora en 14,80 segundos. El consumo medio lo cifraban en unos 8,5 litros, que podía subir hasta los 10 litros en urbano y superar los 13 litros al exprimir al máximo las prestaciones del motor. Consumos que, según la revista Autopista –número 1.875, comparativa contra el Alfa Romeo 146 1.7 16v– eran catalogados de elevados, al igual que el ruido, que era de 74,1 decibelios a 120 kilómetros/hora y de 78,4 decibelios a 160 kilómetros/hora.
Aun así, el SEAT Córdoba GTi 1.8 16v fue catalogado de un coche eficaz, rápido y de talante bastante deportivo, sobre todo para un modelo de claro posicionamiento familiar. Afrontaba las curvas con una estabilidad y un guiado de la dirección ejemplar y las suspensiones sujetaban el conjunto bastante bien, aunque eran algo secas.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS