Niels van Roij Design acaba de presentar el Daytona Shooting Brake Hommage: un Ferrari 599 GTB con carrocería de aluminio formada a mano en homenaje al Daytona Shooting Brake de 1972. Que aquel coche también era un homenaje a otro anterior complica la historia de la mejor manera posible.
Hay objetos que no se pueden entender solos. Necesitan su contexto, su árbol genealógico, la cadena de decisiones y obsesiones que los precedieron. El Daytona Shooting Brake Hommage de Niels van Roij Design es uno de ellos: un coche único, construido durante más de 15.000 horas en los talleres del diseñador holandés, que rinde homenaje a otro coche único que a su vez rendía homenaje a un tercero. Tres generaciones de coachbuilding unidas por la misma idea de que un gran turismo con maletero tiene más sentido que uno sin él, y que esa idea merece ser defendida con aluminio batido a mano aunque el mercado no lo pida.
Para entender el Hommage hay que empezar por el principio, que no está en 2026 ni en 1972, sino antes.
El origen: el “Breadvan” de Bizzarrini
En 1962, Giotto Bizzarrini –ingeniero de Ferrari que acababa de ser despedido junto a varios compañeros en el llamado “Palazzo” o “Purga de Palacio” que reorganizó la empresa de Enzo– tomó un Ferrari 250 GT SWB y lo transformó en algo que nadie había pedido y que todo el mundo recordaría: una carrocería de líneas radicalmente bajas y afiladas, con un maletero integrado en la silueta que alargaba el coche hacia atrás en una curva continua. Lo llamaron “Breadvan” –furgón del pan– por el perfil trasero recto y vertical que terminaba la carrocería, y su influencia en el diseño de los grandes turismo de carreras fue inmediata y duradera. Bizzarrini lo había hecho para competir. Pero la imagen que dejó fue la de algo que existía más allá de la pista: la demostración de que un coche podía tener maletero y ser más bonito por ello.
La visión de Chinetti Jr.
Diez años después, Luigi Chinetti Jr. tuvo una idea parecida. Chinetti era hijo del legendario importador de Ferrari en América, tres veces ganador de Le Mans, fundador del NART y uno de los hombres que más hizo por que Ferrari existiera como marca comercial en Estados Unidos. El hijo había heredado el gusto por los coches extraordinarios y, en 1972, encargó a Panther Westwinds –un pequeño fabricante británico de Surrey– que transformara un Ferrari 365 GTB/4 Daytona en un shooting brake. El coche llegó a Panther en rojo y salió en negro, con un interior en cuero color tan y una carrocería trasera completamente nueva: techo extendido, dos puertas tipo mariposa sobre el área de carga, un gran cristal trasero vertical. Las ventanas traseras en mariposa no eran solo un gesto estético: permitían acceder al maletero incluso cuando el coche estaba aparcado en paralelo, sin necesidad de abrir el portón completo.
El Daytona Shooting Brake de 1972 es, desde entonces, uno de los Ferrari más singulares que existen. No ganó ninguna carrera. No se fabricó en serie. No fue por encargo de ningún cliente con un nombre conocido más allá del mundo del coleccionismo. Pero su imagen –ese perfil de gran turismo con el maletero integrado, las ventanas en mariposa, la proporciones que hacen más sentido que el coupé original– lleva más de cincuenta años generando exactamente el tipo de deseo que pocos coches de una sola unidad consiguen generar.
El proceso de Niels van Roij
Niels van Roij conoce ese deseo mejor que casi nadie. El diseñador holandés lleva años construyendo shooting brakes sobre bases que nadie habría pensado en convertir en familiares: un Rolls-Royce Corniche, un Silver Spectre, un Ferrari 550 Maranello en el Breadvan Hommage que ya anunció que el Daytona Shooting Brake Hommage sería “polarizante, igual que aquel”. Van Roij no trabaja con el catálogo de ningún fabricante ni acepta encargos de producción. Cada proyecto empieza con una conversación –”un intercambio de ideas, pasiones y aspiraciones”, según sus propias palabras– y termina con un coche que no se parece a ningún otro en el mundo.
El Daytona Shooting Brake Hommage empezó con un cliente que llegó con “una petición muy especial”: diseñar un homenaje al Daytona de 1972. El donante elegido fue un Ferrari 599 GTB Fiorano, el gran turismo de motor delantero y V12 atmosférico que Ferrari fabricó entre 2006 y 2012 –el mismo coche, conviene recordarlo, que el GMA T.50 de Gordon Murray usó como referencia durante su desarrollo–. La elección del 599 como base no es arbitraria: sus proporciones –morro largo, parabrisas retrasado, distancia entre ejes generosa– ofrecen la misma lógica estructural que el Daytona original, y permiten el mismo tipo de extensión trasera sin que las proporciones del conjunto se rompan.
Artesanía a martillo y rueda inglesa
De ese 599 GTB, cuando el Hommage estuvo terminado, solo quedaron las puertas laterales. Todo lo demás –capó, guardabarros, parachoques, techo, laterales traseros, portón– fue sustituido por paneles de aluminio formados completamente a mano. La técnica es la misma que se usaba en los grandes talleres de carrocería italianos de los años cincuenta y sesenta: chapa plana trabajada sobre hormas de madera mediante martillo y rueda inglesa hasta obtener la curva exacta que el diseño requiere. No hay prensas ni matrices. Cada curva la decide la mano del artesano, y eso explica en parte las 15.000 horas que el proyecto consumió.
El resultado es un coche que se reconoce de inmediato como homenaje al original sin ser su copia. Van Roij tomó los elementos más icónicos del Daytona de 1972 –las ventanas traseras en mariposa, el perfil del techo que asciende ligeramente sobre el conductor antes de caer hacia atrás, la verticalidad del cristal trasero– y los reinterpretó en el lenguaje proporcional del 599. Los faros delanteros son nuevos, fabricados en composites de carbono impresos en tres dimensiones, con una lámina ámbar que rinde homenaje a la firma luminosa del Daytona clásico. Los escapes salen del difusor trasero en cuatro salidas agrupadas en pares, con una geometría que Van Roij describe como inspirada en la imagen de una escopeta de dos cañones. Los rieles del maletero son de aluminio mecanizado en cinco ejes, grabados con el nombre del coche, con un acabado que la marca describe como joyería.
Para el interior abandona el nogal del original –el material de época– en favor del carbono, que Van Roij justifica como el material estructural contemporáneo equivalente: presente en las superficies secundarias, mientras las primarias –asientos, salpicadero, paneles de puerta, maletero– van íntegramente en cuero cognac. La decisión más deliberada del habitáculo es el traslado del cuadro de instrumentos al centro del salpicadero, exactamente como Chinetti Jr. hizo con el original en 1972. Es un gesto de fidelidad histórica que pocos notarán pero que define la actitud del proyecto: el Hommage no es una adaptación libre, es una conversación respetuosa con un objeto que se toma en serio.
Las ventanas traseras en mariposa son de accionamiento eléctrico y control remoto, montadas sobre bisagras de aluminio fresado con una precisión que Van Roij describe, de nuevo, como relojería aplicada al automóvil. Se pueden abrir de forma independiente, lo que recupera la función original del coche de 1972: acceder al maletero sin necesidad de abrir todo el portón.
Presentación y legado
El coche se presentó en privado el ocho de julio de 2026 en el Royal Automobile Club de Woodcote Park, Surrey –el mismo fin de semana del Goodwood Festival of Speed–, antes de pasar a exposición pública en el festival los días siguientes. El propietario no ha sido identificado. El precio no ha sido comunicado. Ninguna de esas dos cosas importa especialmente para entender lo que el coche representa.
Lo que sí importa es el traje. Como es tradición en todos los encargos de Van Roij Design, el estudio ha encargado a un sastre un traje de tres piezas a medida que acompañará al coche hasta el momento de la entrega. El traje del Hommage es de tela negra con rayas que reproducen el cuero cognac del interior. Cuando el coche parta hacia su propietario, el traje se quedará en el estudio como archivo físico del proyecto, como prueba de que algo ocurrió aquí, como la mancha de aceite que Oilstainlab usa para decir lo mismo. Van Roij se pondrá ese traje en futuras reuniones con clientes y coleccionistas. Llevará encima, literalmente, la memoria de este coche.
Hay objetos que justifican la artesanía. El Daytona Shooting Brake Hommage es uno de ellos: un coche que nadie necesitaba, que existe porque alguien lo quiso con suficiente convicción como para pagar 15.000 horas de trabajo manual, y que al existir demuestra que la cadena que va del Breadvan de Bizzarrini al Daytona de Chinetti y de ahí hasta los talleres de Van Roij en Holanda no se ha roto todavía. Sesenta años de homenajes sucesivos, cada uno defendiendo la misma idea: que un gran turismo con maletero tiene más sentido que uno sin él, y que esa idea merece un coche.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".