El Renault 5 C fue la versión más básica –y más barata– de uno de los coches más queridos de la historia del automóvil europeo. Aparecido en el mercado español a principios de los años ochenta como respuesta a la creciente demanda de utilitarios económicos sin concesiones, llegaba con 41 CV, sin radio, sin reposacabezas delanteros, sin encendedor eléctrico y con los asientos traseros que no eran reclinables. Era, en todos los sentidos, un coche construido alrededor de su precio.
La dura batalla de los utilitarios económicos en los ochenta
A principios de los ochenta, el mercado español de los utilitarios básicos era un campo de batalla donde el precio de salida lo era casi todo. Las versiones de entrada de gama existían fundamentalmente para dos cosas: poder publicitar un precio mínimo en los anuncios y abastecer las flotas de alquiler, que compraban en cantidades y exigían descuentos que las versiones mejor equipadas no podían absorber. El comprador particular que terminaba adquiriendo una de estas versiones desnudas era la excepción, no la norma, aunque en un país donde la renta disponible media seguía siendo modesta, la diferencia de 50.000 pesetas entre una versión y la inmediatamente superior podía ser perfectamente decisiva.
Los fabricantes siempre han ofrecido opciones realmente austeras, muy, muy limitadas en cuanto a equipamiento, acabado y prestaciones. Coches destinados a quienes querían, sencillamente, una herramienta de transporte para ir del punto A al punto B, sin que fuera necesario desembolsar demasiado dinero. Había una opción de este estilo en casi todos los segmentos –cada uno a su estilo, obviamente–, pero donde realmente reinaban las versiones espartanas era entre los utilitarios, entre los Ford Fiesta, SEAT Ibiza, Opel Corsa, Peugeot 205…
El Renault 5 había llegado al mercado en 1972 con una propuesta que en su momento resultó casi revolucionaria: un utilitario de tres puertas, formas redondeadas y amigables, paragolpes de materiales sintéticos integrados en el diseño y una gama tan amplia que abarcaba desde el comprador más austero hasta el entusiasta que quería el Copa de 93 CV. Renault lo había convertido en el coche de referencia del segmento en Francia, y en España –donde llegó poco después del lanzamiento francés– encontró un público entregado que lo mantuvo entre los modelos más vendidos durante toda la década. La segunda generación, conocido popularmente como Supercinco, aparecido en 1984, actualizó las líneas, mejoró el interior y amplió la gama. La versión C era el peldaño más bajo de esa nueva escalera.
La versión C del Renault 5 –sí, comercialmente se llamaba así– era realmente espartana pues no tenía nada: ni cierre centralizado, ni dirección asistida, tampoco elevalunas eléctrico, carecía de cosas como un simple tacómetro y los asientos traseros eran fijos. Solo se permitía el lujo de incluir, de fábrica, el servofreno.
El Renault 5 C prescindió de todo lo prescindible para ofrecer una herramienta de transporte honesta y asequible, convirtiéndose en el fiel reflejo de una época donde el precio lo era todo en el segmento urbano
Mecánica de origen y prestaciones modestas
El motor del R5 C era tan básico como el resto del coche. Era un cuatro cilindros con 956 centímetros cúbicos, alimentación por un carburador Solex, dos válvulas por cilindro y un rendimiento de 41 CV a 5.750 revoluciones y 6,4 mkg de par a 2.500 revoluciones. Era el motor menos potente del segmento, como constató la revista Autopista en una comparativa donde se enfrentaron las versiones más económicas de los utilitarios que se vendían allá por los 80. Era una mecánica de origen Renault 4 que la marca había ido actualizando sin alterar su filosofía y que presumía de una culata fabricada con aluminio como mayor concesión.
Las prestaciones eran las que correspondían a 41 CV moviendo 760 kilos: velocidad máxima de 125 kilómetros por hora a 4.410 revoluciones en cuarta, 0 a 400 metros en 22,3 segundos y 0 a 1.000 metros en 41,7 segundos. Los consumos, según la mencionada revista, eran algo altos, con una cifra registrada de 6,86 litros de media, la más alta de todos los utilitarios, aunque se compensaba un poco con un depósito de combustible de 43 litros. Al menos se podía disfrutar de una caja de cambios cuyo manejo merecía elogios.
Precios y conclusiones
Como ocurría en algunas ocasiones, las revistas de la época no indicaban los precios exactos del Renault 5 C, aunque sí hacían referencias –era 50.000 pesetas más barato que la versión inmediatamente superior y 130.000 pesetas más barato que el Peugeot 205 XL, un rival directo–. No obstante, algunas fuentes nos permiten saber que el Renault 5 C costaba entre 730.000 y 750.000 pesetas.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".