Coche del día: Opel Kadett 1.6D

Coche del día: Opel Kadett 1.6D

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Tiempo de lectura: 3 min.

El Opel Kadett 1.6D no fue nunca una de las opciones más populares de la gama. Para empezar, el precio, 1.512.520 pesetas, lo hacía poco interesante frente a otras opciones dentro de la misma marca y el mismo modelo, como el Kadett 1.3 GL, que costaba casi 200.000 pesetas menos. Una diferencia importante para, en el fondo, no tener grandes ventajas en caso de optar por el diésel, al menos, en lo que a un particular se refiere.

Los motores diésel explotaron en aceptación a finales de los 90, cuando la inyección directa permitió ofrecer prestaciones “de gasolina”, con unos consumos mucho más bajos. Todavía les faltaba mejorar en cosas como las vibraciones, el sonido que emitían y el tacto en algunas ocasiones, pero una vez lanzados, sobre todo en autopista, eran casi imbatibles. Pero, y esto a veces se pasa por alto, los motores diésel son casi tan antiguos como los gasolina y han estado en el mercado desde hace décadas. La cuestión es que antes, eso de ponerles un turbo y ejes de equilibrado que mitigaran vibraciones no era tan importante; quien se compraba un diésel buscaba, ante todo, contención de costes.

Sin embargo, la reducción de costes no era instantánea –nunca lo fue–, el mayor precio hacía que, para que fueran compras rentables, como poco, había que recorrer muchos kilómetros al año. Eso sin contar con que los seguros, a veces, eran más caros y la reventa, aunque el precio se mantenía alto, no era tan buena. Pero, al final, el usuario solo miraba el consumo y el coste del combustible, bastante más interesante en el caso del diésel, incluso en aquella época que no había motores con turbo.

El opel Kadett presumía de una aerodinámica muy lograda, de las mejores de su época, algo que ayuda a que el diésel gastara todavía menos

Opel Kadett 1 (2)

Ahí estaban coches como el Opel Kadett 1.6D, que en 1985, presumían de consumos de 4,5 litros cada 100 kilómetros, que combinado con un depósito de 40 litros, arrojaban autonomías superiores a los 850 kilómetros. Aunque eso sí, a un ritmo tranquilo. La cifra de 4,5 litros cada 100 kilómetros era a una velocidad sostenida de 90 kilómetros/hora, a 120 kilómetros/hora el consumo subía a los 6,4 litros y eso que la aerodinámica de Kadett era de lo mejorcito de su época.

Pero claro, al tener un motor pequeño y con poca potencia, había que exprimirlo al máximo. El motor del Kadett 1.6D tenía 1.598 centímetros cúbicos, una culata sencilla con dos válvulas por cilindro y un árbol de levas y un sistema de inyección Bosch por bomba rotativa. El resultado eran 54 CV a 4.600 revoluciones y 9,7 mkg a 2.400 revoluciones. Además, dada su poca potencia, el desarrollo de su caja de cambios de cinco relaciones era un poco abierto y largo, con una quinta de 35,58 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones.

De hecho, ese cambio con desarrollos largos fue uno de los principales focos de crítica, ya que obligaba a reducir casi constantemente para tener el motor en “zona de par” y no perder prestaciones. De todas formas, tampoco se podía pedir peras al olmo y el Opel Kadett 1.6D no era un velocista. La velocidad máxima “real” se quedaba un poco por debajo de los 150 kilómetros/hora –la oficial era de 152 kilómetros/hora–, y según la revista Autopista –número 1.338–, los 1.000 metros con salida parada se quedaban cerca de los 40 segundos.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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