Hubo un tiempo en que un diésel en un SUV familiar no necesitaba justificación. Bastaba con mirar el cuentakilómetros, planificar las vacaciones y aceptar que, para determinados usos, no había demasiadas discusiones posibles. Luego llegó la tormenta: los cambios de tendencia, las dudas, las restricciones, la mala prensa y esa sensación de que el gasóleo había pasado a formar parte de un pasado que ya no volvía. Pero la realidad, como suele ocurrir, resulta algo más matizada.
Porque este combustible no desapareció; simplemente dejó de tener sentido en todo. Y ahí es donde sigue viviendo con bastante dignidad, en coches como el Volkswagen Tiguan TDI, concebido para familias que realizan muchos kilómetros, cargan el equipaje de verdad y no quieren mirar cada repostaje como si fuera una pequeña tragedia doméstica. Hay vehículos que piden gasolina, otros que piden electricidad y algunos que, por pura lógica, siguen encontrando en el gasóleo una respuesta todavía válida.
Espacio y consumo frente al discurso actual
El Tiguan encaja bien en esa idea. No necesita venderse como un coche pasional ni como una rareza mecánica. Su virtud está en otra parte: en la capacidad para poner sobre la mesa espacio, maletero, una mecánica de 150 CV y un consumo ajustado para quienes viven lejos del relato y cerca de la carretera. En un mundo donde el discurso suele ir por delante del uso real, ese tipo de propuesta tiene algo casi reconfortante.
Bajo este planteamiento, también hay algo de resistencia en la elección. Elegir hoy un diésel no es un gesto automático, como lo era hace años. Exige una reflexión mayor. Pero precisamente por eso el coche cobra más sentido cuando el perfil del comprador está claro. Si el uso diario implica trayectos largos, equipaje, autopista y bastantes kilómetros al año, el Tiguan TDI no aparece como una reliquia; aparece como una solución muy sensata.
La lógica de la herramienta frente a la moda
Eso no significa negar la transformación del mercado. La electrificación existe, la ciudad ha cambiado y el futuro del automóvil ya no se escribe con la misma tinta de antes. Pero tampoco conviene caer en el extremo contrario y dar por muerto todo lo que no encaje con la última consigna. Hay coches que siguen manteniendo una lógica muy sólida, aunque ya no estén de moda. Y ahí el diésel conserva una pequeña parcela de verdad que merece continuidad.
Quizá por eso este tipo de piezas funcionan tan bien cuando se redactan con calma. No hace falta forzar el dramatismo ni convertir el artículo en un manifiesto. Basta con recordar que el coche sigue como una herramienta, y que una buena herramienta no se elige por ideología, sino por encaje. El Tiguan TDI, en ese sentido, sigue en la defensa de una idea muy sencilla: para ciertas familias, y para ciertos trayectos, el diésel no solo sigue vivo; es la opción más lógica.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS