El Opel Corsa 1.5 TD, en su carrocería sedán, apareció en el mercado a finales de los años 80 con un nuevo propulsor turbodiésel que presumía, nada menos, que de ser el más rápido de su segmento. Un título que le robó al Peugeot 205 y que servía de claro mensaje: el motor turbodiésel tenía un interesante futuro por delante, aunque en aquellos años las prestaciones fueran todavía algo justas.
Los motores diésel tienen una historia de lo más apasionante. De primeras, su inventor, Rudolf Diesel, fue acusado de no haber inventado nada y de tomar las ideas de Herbert Aykroyd Stuart como suyas. A esto hay que sumarle su fallecimiento, que se considera un auténtico misterio, pues desapareció buque en el que viajaba y que cubría el trayecto de Amberes a Inglaterra. Un par de días después encontraron su cuerpo, pero no se entregó a su familia, solo se recogieron sus pertenencias –era un actuar común en aquella época, 1913–. Luego su empleo en maquinaria –quemaba aceite de palma y no gasóleo–, luego en transporte pesado, trenes, barcos, más tarde en coches y posteriormente su brutal evolución que les llevó a ganar las 24 Horas de Le Mans. Su final lo conocemos todos, una ilegalidad de una marca mandó la tecnología al ostracismo y a casi desaparecer del panorama mundial.
A finales de los años 80, fue cuando empezó a ganar prestaciones y refinamiento gracias a la adopción del turbocompresor, lo que provocó que ganará interés entre los usuarios y, con ello, a una evolución constante. El mejor ejemplo de ese interés es que las marcas comenzaron a presumir de tener el turbodiésel más rápido, ya fuera entre los utilitarios, sedanes de alta gama o un familiar; tener un diésel que fuera el más rápido vendía. Es algo que fue aprovechado por todas las marcas, como Opel, que no tardó en presumir de que el Corsa 1.5 TD era el diésel más rápido de su segmento, por encima del casi imbatible Peugeot 205 TD. De hecho, ser el diésel más rápido y ganar al Peugeot 205 eran dos grandes argumentos de ventas.
La carrocería sedán del Opel Corsa se conocía en España como TR y llegó a copar cerca del 50% de las matriculaciones del modelo, aunque el turbodiésel no fue el más popular
Pero, como cabría esperar, los diésel sobrealimentados de finales de los 80 poco tenían que ver con los que llegaron después, aunque, todo sea dicho, ya apuntaban maneras. En el caso del Corsa 1.5 TD, se trataba de un cuatro cilindros con 1.477 centímetros cúbicos –carrera larga; 76 milímetros de diámetro por 82 milímetros de carrera–, con culata de dos válvulas por cilindro y un árbol de levas, inyección indirecta Bosch y un turbo, que rendía 66 CV a 4.600 revoluciones y 13,5 mkg a 2.600 revoluciones. A ojos de cualquier usuario moderno, no es nada del otro mundo, pero las declaraciones de la prensa de aquellos años permiten apreciar que, entonces, era todo un portento. Por ejemplo, la revista Autopista, en el número 1.507, publicaba que el motor era lo mejor del coche: potente, elástico y de consumo ajustadísimo; los registros que publicaron mostraban cifras de 8,43 litros para circulación urbana, 4,89 litros para autopista y carretera, con una media final de 6,42 litros cada 100 kilómetros.
En realidad no era un propulsor Opel, era de origen Isuzu y, aunque sobre el papel no mostrara grandes cifras, era capaz de lidiar con un desarrollo bastante largo y alcanzaba su velocidad máxima, casi 173 kilómetros/hora, en quinta. La caja de cambios tenía cinco relaciones, con una cuarta que se iba hasta los 31,06 kilómetros/hora y una quinta que llegaba a los 38,97 kilómetros/hora –como curiosidad, la tercera estaba muy lejos de la cuarta, con 21,26 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones–. Lograr su velocidad máxima en la marcha más larga, en aquellos años, hablaba muy bien del motor.
Con respecto al resto de ejercicios, mencionar que el 0 a 400 metros lo hacía en 17,89 segundos, el 0 a 1.000 metros en 33,08 segundos y la aceleración desde 60 a 120 kilómetros/hora podía completarla, en quinta, en 23,35 segundos.
La mencionada revista también tuvo críticas para el Opel Corsa 1.5 TD. Por ejemplo, afirmaba que la estabilidad era mejorable –según ellos, pedía a gritos una estabilizadora delantera–, los frenos eran poco resistentes y las suspensiones eran muy blandas.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS