Coche del día: Mazda 626 2.0i FE (GF)

Coche del día: Mazda 626 2.0i FE (GF)

Perfecto equilibrio para una tranquila berlina media


Tiempo de lectura: 5 min.

Nuestro protagonista de hoy, el Mazda 626 2.0i FE, iba a la contra de la tónica habitual, pues esta séptima generación del Mazda 626 (GF) redujo las dimensiones respecto al modelo de la anterior generación. A cambio se consiguió un habitáculo igual de amplio, un maletero de mayor capacidad, unas calidades de acabado dignas de alabar y un equipamiento muy amplio, aunque con carencias como los antinieblas delanteros.

La mecánica mantuvo el bloque de 2 litros de gasolina, siendo nuevo todo lo demás. Se ofrecía en dos tipos de carrocería, como berlina de cuatro puertas o como hatchback de cinco, más adelante llegó la familiar. Lo más importante de esta berlina media es que era un claro ejemplo de equilibrio de todos los aspectos a analizar.

Era equilibrado en el motor, un bloque de 2 litros y 116 CV, escasos a priori, pero suficientes para el carácter familiar del coche; equilibrado de comportamiento gracias a una suspensión tirando a dura que aseguraba la estabilidad sin perjudicar el confort; equilibrado en su interior por la amplitud de todas sus cotas, especialmente en altura, y equilibrado en la calidad de terminación, muy buena, con materiales refinados y plásticos de muy buena factura, pero sin llegar a ser lujosa.

Mazda 626 interior GF

Interior del Mazda 626 2.0i – Fotografía: Thomas doerfer (Wikimedia Commons) CC BY 3.0

Equilibrio en todos los aspectos era lo que definía al Mazda 626 2.0i FE: mecánica, comportamiento dinámico, habitabilidad, calidad de acabados y de ajustes de los distintos materiales

El puesto de conducción era muy cómodo, salvo algunos elementos que no estaban muy bien ubicados, como el interruptor de la luz antiniebla trasera o el de desconexión del control de tracción. Este equilibrio se redondeaba con las sensaciones percibidas al volante, donde las prestaciones, consumos, estabilidad y confort de marcha eran muy notables.

Para bien este equilibrio se rompía en lo referente al equipamiento: llevaba doble airbag frontal y lateral de serie, yendo incorporados en el lateral de los respaldos de los asientos, por lo que resultaban más seguros que si se instalan en la puerta al acompañar siempre al ocupante. Contaba también con control de tracción (TCS) y ABS, ordenador de viaje, climatizador o inserciones de madera en el cuadro de instrumentos. Estos elementos de equipamiento eran más propios de vehículos de categoría superior.

Aunque estaba homologado para cinco plazas, el diseño de la banqueta trasera estaba pensada para la comodidad de dos ocupantes, incluidos los más altos. El maletero era bastante amplio (502 litros) y muy aprovechable para las dimensiones del coche (4.575 mm de largo, 1.710 mm de ancho y 1.430 mm de altura).

Mazda 626 Hatchback GF 2

Mazda 626 2.0 GSi I.A/C hatchback (versión británica)

Como comentábamos antes, el bastidor ofrecía un comportamiento irreprochable. Fácil de conducir y muy noble de reacciones, permitía circular deprisa incluso por zonas de curvas. El control de tracción (TCS), que podía desconectarse por el conductor, era muy eficaz en terrenos con poca adherencia o muy bacheados. Si añadimos una suspensión tirando a dura, con esquema McPherson en ambos ejes, muelles helicoidales, amortiguadores hidráulicos y barras estabilizadoras su comportamiento dinámico era de primera, sin descuidar la comodidad de los ocupantes.

A ver qué nos cuenta su parte mecánica. El motor iba colocado en posición delantera transversal, con cuatro cilindros en línea y cuatro válvulas por cilindro. La cilindrada era de 1.991 cm3. Entregaba 116 CV a 6.000 RPM y un par máximo de 173 Nm a 4.500 RPM. El bloque era de fundición de hierro y la culata de aluminio, y la alimentación se realizaba por inyección electrónica multipunto. Como alternativa tuvo más adelante un 2.0 TD de 110 CV.

En cuanto a sus prestaciones, la velocidad máxima se acercaba a los 200 km/h, el 0 a 100 km/h lo cubría en 10 segundos, y los 1.000 metros desde salida parada los recorría en 31 segundos. Si nos referimos a las recuperaciones bajaba de los 12 segundos para pasar de 80 a 120 km/h en cuarta y algo menos de 18 segundos para el mismo registro en quinta. No son unas malas prestaciones para una berlina tranquila de corte familiar.

En cuanto a los consumos, en carretera convencional a 90 km/h de media consumía 6,2 l/100 km, en autopista a 120 km/h subía a 7,4 l/100 km y por ciudad alcanzaba los 10,4 l /100 km; eran unos valores bastante ajustados para un motor de gasolina de 2 litros.

Claro que no iba a ser todo positivo en el coche. Quizá la mayor pega era su diseño impersonal. Era un coche poco visto por entonces en las carreteras españolas, pero resultaba difícil de identificar y diferenciarlo de los modelos de la competencia.

Afortunadamente, Mazda cambió de tendencia en este aspecto y hoy sus modelos se caracterizan, entre otras cosas, por lo personales que son sus diseños. Otro aspecto negativo era su elevado precio comparado con sus rivales, pero si se tenía en cuenta su equipamiento no resultaba tan caro. Costaba 3.442.300 pesetas en 1997, unos 32.500 euros de hoy. En 1999 fue actualizado.

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Ginés de los Reyes

Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...

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Saúl
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Saúl

Podria decirse que era un coche sin fisuras aunque con un interior algo mas vistoso hubiese mejorado un poco más

Kolmogorov
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Kolmogorov

Cuando era pequeño mi padre tuvo uno como este, el sedán de color azul oscuro. Era un coche fantástico.

Cada vez mejoráis más con el coche del día, enhorabuena.


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