Coche del día: Ford Focus 2.0i Ghia sedán

Coche del día: Ford Focus 2.0i Ghia sedán

Su maletero de 500 litros y su comportamiento en carretera eran referencia en el segmento


Tiempo de lectura: 4 min.

El Ford Focus 2.0i Ghia sedán era un fiel reflejo de las tendencias del segmento de los compactos a finales de los 90. Un modelo de tamaño medio y cuerpo de tres volúmenes, que por 2.350.000 pesetas ofrecía muy buenas cualidades en carretera, un motor coherente y una enorme capacidad de maletero para la época.

Los compactos eran los líderes europeos en venta y en intención de compra, eso que, según los que saben de ventas, es una señal de que la gente quiere comprar. Eran coches de entre los cuatro y los 4,20 metros de largo, con maleteros más o menos aprovechables, habitáculos para cuatro adultos y un tamaño coherente para usar en el día a día. Opel Astra, Volkswagen Golf, Citroën Xsara, Peugeot 307, SEAT León, Ford Focus… Todos ellos fueron coches de elevadas ventas porque ofrecían un poco de todo, sin especializarse en nada.

A punto de entrar en el Siglo XXI, había una tendencia general que parecía haber calado en el mercado: ofrecer carrocerías de tres volúmenes de los mencionados compactos. Es decir, ofrecer una versión sedán con mayor capacidad de maletero y una imagen algo más clásica, pero también más elegante y, durante muchos años, aspiracional. En España, la carrocería sedán era una de las más populares, aunque decayó con el paso del tiempo. No obstante, a finales de los 90, los sedanes todavía tenían hueco en nuestras carreteras y era fácil ver muchos sedanes por las carreteras.

Esa tendencia provocó que todos, o casi todos los compactos, tuvieran su carrocería de tres volúmenes, aunque en algunos casos no se compartía denominación, como ocurría con el Golf y el Volkswagen Bora o con el SEAT León y el SEAT Toledo –el caso de SEAT es ligeramente diferente, el Toledo no era un sedán y llegó antes que el León–. También hubo otros que no tenían esta carrocería, como pasó con los coches de PSA.

Ford Focus Ghia sedán

Situado un escalón por debajo del Mondeo, el Focus sedán cumplía como coche familiar sin problemas

De entre todos ellos, había uno que destacaba especialmente por su comportamiento en carretera y por su diseño general: el Ford Focus sedán. El modelo, que se fabricaba en Alemania y en España –entre otras muchas localizaciones–, no tardó en colocarse como una de las referencias del segmento, sobre todo con los motores turbodiésel. Los motores gasolina vivieron en la sombra del gasóleo, pero había opciones muy interesantes, como el Focus Ghia sedán 2.0i, una variante con motor de dos litros atmosférico que presentaba unas prestaciones más que buenas.

Hablamos de un propulsor con 1.989 centímetros cúbicos, culata de 16 válvulas y dos árboles de levas e inyección multipunto, que rendía 130 CV a 5.750 revoluciones y 174 Nm de par a 3.750 revoluciones. Estaba combinado con un cambio manual de cinco relaciones y desarrollos bien escogidos –la quinta se iba hasta los 36,1 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones–. No era un deportivo, pero tampoco se podía considerar lento: 201 kilómetros/hora de velocidad máxima, 31 segundos para los 1.000 metros con salida parada, 15, segundos para el 80 a 120 kilómetros/hora en quinta y un consumo de 9,1 litros de media lo situaban en la media del segmento.

Obviamente, en un coche como el Focus Ghia sedán, las prestaciones no eran lo más importante, no era un coche pensado para velocidades elevadas, sino para llevar a una familia cómodamente. Para ello, el maletero de 500 litros era uno de los mejores argumentos, al igual que el comportamiento en carretera, heredado de la versión “normal” –del tres y cinco puertas– que, según la prensa de la época, era de lo mejor del mercado. De hecho, la revista Coche actual, en el número 572, afirmaba que el Ford Focus Ghia 20.i con carroceŕia sedán, era un coche muy agradable de conducir, con una elevada estabilidad y una capacidad para gestionar las curvas a velocidades muy elevadas por encima de sus rivales.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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