Aston Martin se ha propuesto que ninguna otra marca le gane la partida de los caprichos imposibles, y el nuevo Valen es la última prueba de que en Gaydon no conocen el freno. La casa británica lleva unos años soltando superdeportivos de tirada mínima con nombres que empiezan por uve, primero el Victor, después el Valour y luego el Valiant que Fernando Alonso se montó a su gusto. Ahora aterriza este Valen para colocarse en lo más alto del escalafón, porque Aston presume de haber fabricado el deportivo de motor delantero más potente de la historia.
El coche se destapó durante la Monterey Car Week, ese escaparate californiano donde los fabricantes aparcan cualquier atisbo de prudencia delante de coleccionistas con la cartera preparada. Tampoco habría encajado igual en el aparcamiento de un centro comercial, para qué engañarnos.
El Valen esconde bajo su larguísimo capó un V12 biturbo de 5,2 litros con 850 CV, pero lo interesante no está solamente en la cifra. Aston Martin podría haber colocado el motor detrás del conductor, como manda el manual moderno del superdeportivo, y habría tenido menos problemas para repartir las masas, buscar tracción o vendernos una silueta de nave espacial. Sin embargo, ha preferido mantener el bloque delante, retrasar el habitáculo hasta casi sentarlo sobre el eje trasero y construir una de esas máquinas que parecen ir a comerse la carretera antes incluso de arrancar. Es una arquitectura menos eficaz sobre el papel, aunque también tiene bastante más carácter que otro misil de motor central cortado por el mismo patrón.
La relación con el Valiant de Alonso tampoco se limita al parecido del nombre. Los dos nacen del universo de Q by Aston Martin, montan variantes del mismo V12 y responden a esa idea tan británica de fabricar un coche absurdo con una seriedad impecable. La diferencia está en la forma de administrar la locura, porque el Valiant defendía el purismo y el Valen prefiere la fuerza bruta.
El V12 delantero más bestia de la historia
El corazón del Valen es un V12 biturbo de 5,2 litros que entrega 850 CV a 6.500 rpm y un par máximo de 1.000 Nm disponible desde las 2.500 vueltas. No hace falta perseguir la zona roja para que empiece el espectáculo, porque el empuje llega muy pronto y se mantiene hasta convertir cualquier recta en algo sospechosamente corto. Toda esa fuerza viaja hacia las ruedas traseras mediante una caja ZF de ocho relaciones que toma parte de su planteamiento del programa de competición del Vantage GT4. Aston ha renunciado al cambio manual del Valiant, pero a cambio promete transiciones mucho más rápidas y una contundencia más apropiada para semejante cantidad de par.
Las prestaciones explican por qué la marca habla de récord. El Valen baja de los 3,1 segundos en el paso de 0 a 100 km/h y alcanza unos 345 km/h, una velocidad limitada electrónicamente que tampoco parece precisamente una concesión a la prudencia.
El mérito no consiste únicamente en haber metido más presión a los turbocompresores. Un coche con 850 CV puede convertirse en una calamidad si cada orden del volante tiene que negociar primero con dos toneladas de masa, así que Aston Martin ha recurrido a la fibra de carbono, el aluminio, el magnesio y el titanio para contener el peso por debajo de los 1.800 kilos. La marca asegura haber eliminado hasta 110 kilos respecto al punto de partida, y todavía ofrece un paquete de aligeramiento capaz de arañar otros 16,9 kilos mediante brazos de suspensión mecanizados y tornillería de titanio. Pagar una pequeña fortuna para quitar unos cuantos kilos puede parecer una extravagancia, pero el cliente del Valen tampoco va a compensarlos sacando la rueda de repuesto antes de una tanda.
Las llantas de magnesio ayudan a reducir las masas no suspendidas, mientras que los amortiguadores Bilstein DTX semiactivos intentan mantener bajo control un morro ocupado por doce cilindros, dos turbocompresores y bastante mala intención. El equipo de frenos recurre a discos carbocerámicos de 410 milímetros delante y 360 detrás, acompañados por unos Pirelli P Zero R con tecnología Cyber Tyre, capaces de enviar información sobre el funcionamiento de cada neumático a los sistemas electrónicos del coche. El despliegue no persigue solamente una vuelta rápida, sino que busca construir un gran turismo salvaje que todavía pueda defenderse cuando la carretera deje de ser recta. Tampoco es una idea nueva para la casa, como demuestra la tradición del V12 delantero de Aston, aunque nunca se había llevado hasta un extremo semejante.
El eco del Valiant de Alonso
El Valiant nació como un encargo personal de Fernando Alonso, que quería una versión mucho más radical del Valour y no se conformó con escoger el color de las costuras. El asturiano participó en el desarrollo para convertirlo en su idea particular de un coche de circuito matriculable, con una estética angulosa que recuperaba parte del espíritu del RHAM/1 “Muncher” de Le Mans. El resultado no fue una edición decorativa con una firma bordada en el reposacabezas, sino una máquina construida alrededor de las preferencias de alguien que sabe bastante bien lo que quiere encontrar al otro lado del volante.
La terquedad mecánica era su gran argumento. El Valiant combinaba el V12 biturbo de 5,2 litros y 735 CV con una caja manual de seis relaciones, una decisión casi provocadora en un momento en el que hasta los deportivos más exclusivos han sustituido la palanca por unas levas. Aston Martin fabricó únicamente 38 unidades y las vendió antes de que el público pudiera plantearse siquiera la compra, aunque su precio rondase los dos millones de libras. Tampoco debería sorprender a quien conozca la oda al purismo que ya era el Valour, porque el Valiant tomó aquella base, eliminó cualquier resto de educación y la puso a trabajar para un piloto de Fórmula 1.
El Valen se aleja justo donde el Valiant encontraba su razón de ser. La caja automática sustituye al cambio manual y los 850 CV mandan al romanticismo a esperar fuera, así que el conductor pierde parte del ritual, pero recibe a cambio unas prestaciones que su hermano ni siquiera pretendía alcanzar.
No son dos escalones consecutivos de una misma gama ni coches destinados al mismo tipo de propietario. El Valiant busca a quien disfruta midiendo cada punta-tacón, peleándose con una palanca metálica y participando en todo lo que ocurre, aunque eso suponga perder unas décimas. El Valen quiere que el conductor se concentre en apuntar el morro, sujetar el volante y encontrar sitio para desplegar los 1.000 Nm sin terminar explicándole el incidente a su compañía de seguros. Ambos comparten los frenos carbocerámicos, la obsesión por reducir el peso y el sello de las operaciones especiales de Aston Martin, pero uno convierte la conducción analógica en su bandera mientras que el otro utiliza la tecnología para que la brutalidad resulte manejable. El Valiant puso la semilla y el Valen la ha regado con combustible de alto octanaje.
150 unidades con una misión secreta
Aston Martin fabricará 150 unidades del Valen, una producción bastante más generosa que las 38 del Valiant y todavía ridícula frente a cualquier deportivo convencional. El precio rondará el millón y medio de libras, unos 1,75 millones de euros antes de entrar en el departamento de personalización, y las primeras entregas están previstas para el segundo trimestre de 2027.
El Valen también cumple una misión menos romántica que mantener viva la estirpe del V12. Aston Martin lleva años peleándose con unas cuentas delicadas, unos costes de desarrollo enormes y un volumen de ventas que no permite repartir cada inversión entre cientos de miles de coches. Los modelos de tirada mínima ofrecen una salida bastante conveniente, porque utilizan conocimientos, motores y arquitecturas ya disponibles para crear productos con un precio disparatado y un margen mucho más jugoso. Cada unidad vendida aporta dinero, refuerza la imagen de exclusividad y mantiene cerca a un cliente que quizá también tenga sitio para un DBX, un Vantage o el próximo juguete de Q. No salvará por sí solo las finanzas de la marca, pero ayuda bastante más que vender otra colección de gorras.
La carrocería se encarga de que nadie confunda esa misión comercial con un ejercicio discreto. El Valen abandona buena parte de la elegancia contenida asociada a Aston Martin y abraza un estilo brutalista, repleto de aristas, salidas de aire y superficies tensas que parecen dibujadas para contener algo peligroso. La fibra de carbono puede dejarse a la vista con un acabado de espiga, mientras que el tono Satin Andromeda Red utiliza pigmentos Chromaflair para pasar de los reflejos cobrizos a los dorados según cambie la luz. El escape cuádruple remata la función con unas salidas de titanio impresas en tres dimensiones, porque unas tuberías normales habrían resultado demasiado sensatas.
El Valen y el Valiant de Fernando Alonso demuestran que Aston Martin ha encontrado en la exclusividad más descarada una forma de reivindicarse mientras el resto del sector se electrifica a marchas forzadas. Uno defiende el placer analógico de una caja manual y el otro lleva el concepto del deportivo con motor delantero hasta una cifra de potencia nunca vista, pero los dos comparten la maravillosa terquedad de creer que un V12 todavía puede ser algo más que una pieza de museo. Seguramente ninguno resolverá los problemas del mundo, ni falta que hace. Su trabajo consiste en recordarnos que la industria todavía conserva algún rincón donde la eficiencia, los comités y la lógica pueden quedarse fuera de la sala. Aston Martin ha abierto ese rincón, ha metido dentro 850 CV y luego ha tirado la llave. Bendito problema.











Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.