El único Cizeta-Moroder del mundo sale a subasta en Monterey este agosto. Es uno de los diez coches más raros que existen, y tiene una historia llena de detalles que muchos desconocen.
Los años ochenta fueron la época dorada del superdeportivo imposible. Ferrari no daba abasto, el Porsche 959 se agotó antes de fabricarse, el Lamborghini Countach seguía siendo un objeto de deseo inalcanzable para casi todo el mundo, y en ese clima de exceso y ambición surgieron proyectos que, con más dinero que prudencia y más sueños que estructura industrial, intentaron plantar cara a los grandes desde la nada. El Vector W8, el De Tomaso Guará, el Isdera Imperator: coches construidos por gente que se creyó capaz de hacer algo que nadie había hecho, en un momento en que el mercado parecía dispuesto a comprar cualquier cosa con dieciséis cilindros y carrocería en cuña. La mayoría fracasó. Algunos ni llegaron a producirse. Y el Cizeta V16T, con diez unidades totales contando el prototipo, estuvo a punto de ser otro de esos nombres que solo aparecen en los libros de curiosidades del automóvil.
Pero no lo fue del todo. Y ahora el único ejemplar que lleva el nombre completo –Cizeta-Moroder, con el apellido del padre del disco incluido– sale a subasta en Monterey este agosto a través de RM Sotheby’s.
Un proyecto con nombres propios
La historia del coche la conoce quien tenga curiosidad por buscarlo. Lo que no sabe casi nadie es que el proyecto estuvo a punto de llamarse Cizeta-Stallone. Claudio Zampolli, el exjefe de pruebas de Lamborghini que soñaba con construir su propio superdeportivo en Los Angeles, necesitaba un socio con dinero y nombre. Giorgio Moroder no fue el primero en quien pensó: según Brian Wiklem, autor de la única monografía exhaustiva sobre la historia del V16T, Sylvester Stallone fue considerado como inversor inicial, y existen fotografías de una tapa de motor con el nombre “Cizeta-Stallone” grabado. El acuerdo nunca llegó a cerrarse. Moroder, que había conocido a Zampolli cuando llevó su Countach al taller, terminó siendo el socio. El nombre cambió. El coche siguió siendo igual de absurdo.
Otra anécdota que merece rescatarse tiene que ver con Eddie Van Halen, otro cliente habitual del taller de Zampolli. Van Halen siempre agradeció a Zampolli haberle presentado a Sammy Hagar, quien reemplazaría a David Lee Roth en la banda. Y el sonido de motor que se escucha en la canción Panama, uno de los grandes himnos del rock de los ochenta, es el del Lamborghini Miura de Eddie, puesto a punto por el propio Zampolli. Así de pequeño era el mundo en el que nació el Cizeta.
Técnica: una ferocidad mecánica singular
El chasis 001 que sale ahora a subasta es el prototipo con el que todo empezó: presentado el cinco de diciembre de 1988 en una fiesta en Los Angeles, con Jay Leno de maestro de ceremonias y una canción compuesta por Moroder para la ocasión –titulada, con toda la modestia del mundo, “A Car is Born”–. Catorce compradores dejaron depósitos de 100.000 dólares aquella noche. El Lamborghini Diablo no había llegado todavía al mercado. Parecía que había sitio para un V16 transversal de seis litros y 540 caballos de vapor construido a mano en Módena.
Como detalle técnico que más merece atención está el motor, porque es genuinamente singular. Zampolli tomó dos V8 del Lamborghini Urraco, los montó en posición transversal compartiendo un único bloque de aluminio, y extrajo la potencia desde el centro del conjunto, en lugar de desde un extremo, para poder mantener los cigüeñales originales sin necesidad de rediseñarlos. El resultado fue un dieciséis cilindros con ocho árboles de levas, sesenta y cuatro válvulas y dos sistemas de inyección Bosch independientes que, a plena potencia, producía lo que un periodista de la época describió como una especie de explosión de ferocidad mecánica que solo se encuentra en los superdeportivos italianos de más alto nivel. El coche fue, técnicamente, el primer superdeportivo de dieciséis cilindros del mundo, anticipándose al Bugatti por más de una década.
Un destino incierto y una traición
Algo que casi nadie menciona es que nunca fue homologado para circular por carretera en Estados Unidos, el mercado al que iba dirigido. Eso lo convirtió en un objeto de escaparate más que en un producto real para la mayoría de compradores americanos, y desplazó las ventas hacia Asia y Oriente Medio, donde el sultanato de Brunei adquirió al menos dos unidades. Una de ellas, el sexto coche de producción, nunca llegó a su destino: se quedó en Singapur en condición de nueva sin matricular durante años, hasta que un coleccionista americano la encontró y la compró.
La ruptura entre Moroder y Zampolli tiene un matiz que las versiones simplificadas suelen omitir. Moroder no se fue solo porque estuviera harto de los retrasos. Lo que ocurrió fue que, sin decírselo a Zampolli, contactó con ingenieros de Porsche para explorar si era posible sustituir la carrocería de aluminio por fibra de vidrio y acelerar así la producción. Cuando Zampolli se enteró, lo tomó como una traición directa a la filosofía del proyecto: la construcción a mano, el aluminio formado por artesanos, la negativa a comprometer la exclusividad por la velocidad de fabricación. La sociedad se disolvió. Moroder se quedó con el prototipo como compensación y lo guardó durante décadas.
El retorno a Monterey
En 2018, por recomendación de Jay Leno –que seguía conectado al coche desde aquella presentación de 1988–, Moroder envió el chasis 001 al taller de Bruce Canepa en California para una restauración completa. El equipo de Canepa encontró el coche en estado funcional pero con algunos detalles que requerían atención, entre ellos el aislamiento térmico alrededor de los depósitos de combustible. En 2022, Moroder lo vendió por primera vez, alcanzando 1.363.500 dólares en una subasta de RM Sotheby’s en Arizona. Ahora, con un nuevo propietario que lo llevó al Concurso de Elegancia de Pebble Beach de 2024, el coche vuelve a Monterey en agosto de 2026.
La estimación de salida es de entre 750.000 y un millón de dólares, una cifra que en cualquier otro contexto parecería exagerada para un coche del que casi nadie ha oído hablar. Pero diez unidades totales, diseño de Gandini, motor único en su tipo y la única carrocería del mundo con el nombre Cizeta-Moroder completo: el mercado de los coches imposibles de los ochenta ha aprendido, con los años, a valorar exactamente este tipo de objeto. El Stallone que nunca fue puede esperar.





Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".