Oilstainlab sembró internet con fotografías falsas de un prototipo de carreras de los sesenta que nunca existió. Cuando reveló que todo era mentira, el Half-11 ya era real. Este verano recorre Europa con una librea nueva. Es probablemente el proyecto de automovilismo más honesto que existe ahora mismo.
Hay una forma de presentar un coche al mundo que consiste en alquilar un circuito, invitar a la prensa especializada y poner a un piloto con mono de colores llamativos dando vueltas hasta que los fotógrafos tienen suficiente material. Y hay otra forma, que es la que eligió Oilstainlab: sembrar internet con fotografías minuciosamente retocadas de un prototipo de carreras de los años sesenta que nunca había existido, dejar que la comunidad de aficionados se volviera loca intentando identificar el coche, y revelar después que todo había sido una mentira deliberada, que el coche era completamente actual, y que acababan de construirlo ellos.
El segundo método es más complicado, más arriesgado, y produce un resultado mucho más interesante. El Half-11 nació con un mito propio antes de que nadie lo hubiera visto en persona.
Manchas de aceite y tecnología analógica
Oilstainlab es el estudio fundado en 2018 por los gemelos Nikita e Iliya Bridan, nacidos en Ucrania y criados en Canadá, que se trasladaron a Europa siendo adolescentes para estudiar diseño de automóviles antes de graduarse en la ArtCenter College of Design de Pasadena. El nombre del estudio no es una declaración de principios accidental: una mancha de aceite es lo que queda cuando un motor ha estado en algún sitio, la prueba de que algo mecánico y real ha ocurrido en ese lugar. Es una imagen que resume bien la filosofía del proyecto: hacer coches que dejen rastro, no renders que circulen por pantallas.
El Half-11 es el resultado más visible de ese enfoque hasta la fecha. La carrocería es de aluminio trabajado a mano, con una pátina auténtica que no imita el envejecimiento sino que lo deja ocurrir. El motor es un V8 LS de gran cilindrada con cerca de 650 caballos de vapor, conectado a una caja de cambios manual de seis velocidades de recorrido corto y con un escape de Inconel impreso en tres dimensiones. No hay ninguna pantalla en el interior. No hay ningún sistema de gestión electrónica que interprete lo que el conductor quiere hacer y lo suavice antes de que llegue a las ruedas. El Half-11 es, en ese sentido, un anacronismo deliberado: un coche construido con tecnología actual que se comporta como si la electrónica de conducción no hubiera sido inventada todavía.
Dicha decisión no es nostalgia. Es una postura sobre lo que significa conducir de verdad, tomada por dos diseñadores que perfectamente podrían haber construido algo lleno de pantallas y modos de conducción y haberlo llamado innovador. Eligieron lo contrario, y el resultado es un coche que exige más de quien lo lleva pero que también devuelve más.
El Half-11 es, en ese sentido, un anacronismo deliberado: un coche construido con tecnología actual que se comporta como si la electrónica de conducción no hubiera sido inventada todavía
El Euro-Vision Summer Tour y el tributo al “Hippie Porsche”
Durante el verano de 2026, el Half-11 recorre Europa con una librea nueva desarrollada junto a Delphi, marca del proveedor automovilístico PHINA Inc., en lo que Oilstainlab llama el Euro-Vision Summer Tour. La librea, descrita por el estudio como un remix neodigital, rinde homenaje explícito a los art cars que definieron la intersección entre arte y automovilismo en las décadas pasadas. La referencia histórica más clara es el Porsche 917-043, cuya legendaria librea para las 24 Horas de Le Mans de 1970 fue obra de Anatole Lapine, entonces jefe de diseño de Porsche. Aquel coche se conoció popularmente como el “hippie Porsche”, y su imagen ha resistido cincuenta años de cambios de gusto sin perder un gramo de su fuerza visual.
Su paralelismo es intencionado pero no literal. Oilstainlab no está citando a Lapine, está dialogando con él: tomando la idea de que un coche de carreras puede ser también un lienzo sin que ninguna de las dos cosas reste a la otra, y llevándola a 2026 con su propio lenguaje.
Un laboratorio andante
El itinerario del tour tiene su propia lógica. Arranca en el festival Ultrace de Gdansk, en Polonia, uno de los encuentros de coches personalizados más importantes de Europa. Continúa en el circuito de Hockenheimring, durante la jornada de pista HEIZR Racing Dept, donde el Half-11 podrá estirar las piernas de verdad, lejos del territorio de la exposición estática. Termina en septiembre en el evento Tutto Bene, en las laderas del Mottarone, en el Piamonte italiano, con las montañas y los lagos como fondo. Son tres contextos radicalmente distintos para el mismo coche, lo cual dice algo sobre la versatilidad del proyecto: funciona igual de bien en una exposición de personalización que en un circuito o en una concentración de elegancia italiana.
Hay un detalle que conviene no pasar por alto, porque define bien qué tipo de proyecto es el Half-11 más allá de la anécdota del lanzamiento. Los datos mecánicos y las sensaciones recogidas durante este viaje europeo no irán a parar a ningún archivo de marketing. Alimentarán directamente el próximo vehículo de producción de Oilstainlab, el HF-11, concebido como una máquina ultraligera de unos 900 kilogramos diseñada para ofrecer una experiencia de conducción cruda y analógica. El Half-11 no es solo un objeto de admiración, es también un laboratorio andante, un prototipo experimental disfrazado de art car que está recogiendo información real en condiciones reales para construir algo que llegará después.
Eso es lo que diferencia a Oilstainlab de buena parte de los proyectos que circulan por el mundo del automovilismo de autor. No es un estudio de diseño que construye un concept para llamar la atención y conseguir encargos de carrocería. Es un proyecto con una dirección clara y un método de desarrollo que pasa por usar el propio coche para aprender lo que no se puede aprender en un ordenador. Es, paradójicamente, una de las formas más modernas de hacer las cosas en un sector que lleva años creyendo que la modernidad se mide en pantallas y sistemas de asistencia.
El Half-11 mintió sobre su propia historia para llegar al mundo. Pero lo que hace después de ese debut es completamente honesto: rodar, aprender, evolucionar, y dejar mancha de aceite donde pasa.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".