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Coche del día: Volvo S40 (I)

El pequeño con aspiraciones

Coche del día: Volvo S40 (I)

Compartía plataforma con el Mitsubishi Carisma, utilizaba motores Renault y a punto estuvo de robarle el nombre a Audi. Así nacía el S40, una berlina -¿sueca?- que por fin plantaba cara a los modelos premium alemanes con los que Volvo no había podido competir con la serie 440 / 460. En principio iba a convivir con éstos situándose por encima para cubrir el hueco hasta el galardonado 850, el cual por otro lado no ocultaba su origen ni la herencia de los grandes 740 ó 960.

Después de esta ensalada de nomenclaturas, centrémonos en el modelo en cuestión. O modelos, mejor dicho, porque la versión familiar denominada V40 veía la luz de manera simultánea a la del sedán. Podría decirse que el V40 era incluso más rompedor, pues las líneas de su carrocería se suavizaron en detrimento de las aristas y ángulos marcados tan característicos de los familiares de Volvo.

Se buscó deliberadamente el diseño en lugar de la capacidad de maletero (declaraba unos discretos 413 litros) apoyándose en un portón curvado decorado en negro que sí podría recordar a otros modelos de la firma sueca. La fórmula no les fue mal, pues del V40 se produjeron más unidades que del S40 a nivel mundial. En el sedán también se abandonaron los trazos rectilíneos de antaño, pero el frontal, los grandes grupos ópticos traseros, o la zaga elevada no renegaban de su semejanza con berlinas precedentes.

Los de Volvo quisieron trasladar el mismo nivel de seguridad y confort que ya habían introducido en el 850 a sus modelos compactos con la intención de dar un golpe de efecto con la mente puesta tanto en el triunvirato alemán como en los generalistas. Con respecto a los primeros compartía las amplias posibilidades de personalización gracias a una larga lista de opciones que incluían diferentes diseños de llantas, molduras o tapicerías, algo que no ocurría con modelos japoneses o franceses, así que el Volvo se situaba en medio con el objetivo de rascar ventas a unos y otros. No obstante, la seguridad seguía siendo la bandera de los suecos, y los S40 o V40 no renunciaron a ella, convirtiéndose en los primeros en obtener 4 estrellas en EuroNCAP.

Volvo V40

Inicialmente su gama estaba compuesta por dos versiones de gasolina equipadas con sendos motores de 4 cilindros 1.8 y 2 litros de la familia modular del 850 de cinco cilindros. Tenían 115 y 137 CV respectivamente, aunque su rendimiento no era brillante. Las versiones más prestacionales llegarían más adelante con el 2.0 turboalimentado que conseguía 165 CV y el explosivo T4 que alcanzaba los 200 CV gracias a un motor de nueva factura con 1.855 cm3.

Los más tranquilos pudieron acceder a un 1.6, mientras que los ahorradores disponían del TD 1.9 sustituido después por los inyección directa de origen Renault con 102 o 116 CV. Asimismo se benefició de la tecnología GDi de Mitsubishi, pues el S40 compartía plataforma con el Carisma, junto con el que se fabricaba en Nedcar (Holanda).

En el interior sólo algunos mandos recordaban a otros Volvo, pero las formas del salpicadero se moldearon para dotarle de una imagen más moderna. Los ajustes y acabados eran soberbios en la mayoría de zonas, aunque el S40 no era de los amplios del segmento.

Con los S40 y V40 Volvo conseguía desligarse de la imagen de coches seguros carentes de cualquier otro atractivo abriéndose un nuevo mercado que bajaría la edad media de sus compradores, que buscaban algo diferenciador con respecto a los generalistas sin desembolsar el suplemento económico que requerían los premium alemanes. Además, lo prepararon para convertirlo en un coche de competición logrando cierta notoriedad en los Campeonatos de Turismo de Suecia y Reino Unido, alzándose con la victoria en este último en 1998. Su producción cesaría en 2004 superando el millón de unidades producidas.

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Sobre mí

Ángel Martínez

Soy uno de esos bichos raros a los que les apasiona hablar de coches y se pasaría horas comentando modelos o repasando la historia de la automoción. Pienso que la mayoría de ellos tienen su encanto, desde el deportivo con el que soñamos hasta el utilitario que te encuentras en cualquier esquina.

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.