El Lancia Trevi es uno de esos coches que pasan desapercibidos en la historia del motor. Una berlina compacta producida entre 1980 y 1984, de la que apenas se vendieron 40.000 unidades, y que fue rápidamente olvidada. Pero en 1984, la división deportiva de Lancia decidió hacer algo completamente absurdo con uno: meterle dos motores y crear una tracción total casera. Bienvenidos al Trevi Bimotore, un experimento con ruedas que merecía más atención de la que recibió.
La idea vino de Giorgio Pianta, piloto y jefe de equipo en Abarth, que buscaba una solución rápida para competir contra los Audi Quattro en el Grupo B. El problema era claro: el Lancia Rally 037 había ganado el mundial en 1983, pero sus rivales de tracción total lo estaban dejando atrás. Como Fiat todavía no tenía tecnología de tracción total disponible, Pianta decidió ser creativo y duplicar todo: motor, caja de cambios y suspensión delantera trasplantados a la parte trasera del coche.
El Trevi Bimotore montaba dos motores Lampredi 2.0 con compresor volumétrico, cada uno entregando unos 135 CV. Entre los dos sumaban casi 270 CV, cifra más que respetable para la época. Cada motor llevaba su propio carburador Weber de 36 mm y un sistema electrónico rudimentario coordinaba ambos propulsores, retrasando ligeramente el encendido del trasero para reducir el sobreviraje. Brujería pura para los estándares de 1984.
Visualmente, el Trevi Bimotore no era precisamente discreto. Llevaba el clásico rojo Montebello de los deportivos Lancia con una franja amarilla y azul central. Las tomas de aire en las puertas traseras alimentaban el motor central, que ocupaba el lugar de los asientos posteriores. Dos tacómetros en el salpicadero, dos indicadores de temperatura, y dos de presión de aceite. Todo por duplicado, porque claro, dos motores significan dos conjuntos de datos que vigilar.
Mecánicamente, el coche era un desastre logístico esperando ocurrir. El motor trasero iba atornillado a un bastidor soldado directamente a la carrocería, y ese mismo bastidor ayudaba a rigidizar la estructura. Las puertas traseras estaban soldadas al chasis, así que olvidate de usarlas. El escape delantero salía por el lado izquierdo, y el trasero por detrás. Un depósito de 130 litros en el maletero alimentaba ambos motores, y el peso total era excesivo por razones obvias.
Durante las pruebas, el Trevi Bimotore alcanzó los 230 km/h, velocidad reservada a superdeportivos de la época. Pero el proyecto tenía problemas serios. El motor central se sobrecalentaba constantemente pese a las tomas de aire adicionales, el peso era demasiado elevado, y la complejidad mecánica hacía que el mantenimiento en competición fuera una pesadilla. Peugeot demostraría poco después con el 205 T16 que un compacto con motor central trasero era la solución correcta para el Grupo B.
A pesar de todo, el Trevi Bimotore no fue en vano. Lancia aprovechó algunas de sus soluciones técnicas, como el bastidor que alojaba el motor central y las llantas desmontables especiales, para desarrollar el Delta S4, que debutó en el mundial de rallies en 1985. El S4 sí funcionó, y se convirtió en uno de los monstruos más emblemáticos del Grupo B antes de que la categoría fuera cancelada.
El Trevi Bimotore nunca pasó de prototipo, pero cumplió su función como laboratorio de pruebas. No era perfecto, ni práctico, ni siquiera sensato. Pero era exactamente el tipo de locura técnica que hacía grande al Grupo B.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS