El Opel Vectra 2.0 Turbo fue una versión muy minoritaria, nacida en plena era de los diésel pero que, como todo lo que procede de aquellos años locos, escondía más argumentos de los que todos pudieron ver. El diésel lo eclipsaba todo y opciones como esta, con prestaciones elevadas y con alta agrado de conducción, se quedaron como algo casi fuera de contexto.
Los motores diésel ofrecían –y ofrecen– grandes ventajas. La entrega de par es muy elevada, los consumos son contenidos incluso en las versiones más potentes y la sensación de empuje durante su conducción alcanzó cotas que nadie esperaba encontrar. Su evolución, en Europa, fue exponencial y la tecnología que se aplicó a esos motores todavía sorprende muchos años después. Sin embargo, como ocurre con los motores eléctricos o los alimentados, por ejemplo, con GNC, no siempre son la mejor opción aunque en su momento arrasaron en ventas.
Todo el mundo, o casi, se lanzó de cabeza a comprar motores turbodiésel a pesar de que eran más caros en todos los sentidos salvo en uno: economía de uso. Los precios eran más elevados, las reparaciones eran más caras y hasta los seguros se pusieron por encima de los gasolina en coste. Pero las ventas llegaron a ser el 80% de las matriculaciones anuales. Eso dejó fuera todo tipo de opciones que merecían mucha más atención, entre las que, podríamos destacar, el Opel Vectra 2.0 Turbo. Muchos fabricantes acabaron por dejar los motores de gasolina para versiones muy prestacionales, con las que ganar algo de imagen y prestigio, pero que no serían importantes a nivel de matriculaciones.
El Opel Vectra 2.0 Turbo es uno de esos casos. Un coche que estaba condenado a no tener peso en las cifras anuales, pero que, por otro lado, representaba la propuesta prestacional y “de imagen”, que todo aficionado a la coches y todos los amantes de la gasolina quiere conducir alguna vez en su vida. No era, por tanto, un coche pensado para venderse en masa, sino para dejar huella, por así decirlo. Además, en su momento, el precio se podía considerar elevado: 25.930 euros de 2003, unos 40.000 euros de 2026. Aunque no era el más caro, el Renault Laguna Turbo, rival directo del Vectra 2.0 Turbo, costaba 26.150 euros.
La tercera generación del Opel Vectra compartía muchas cosas con el Saab 9-3, como el propulsor, que la firma sueca ofrecía con más de 200 CV y en el caso de Opel, se quedaba un poco por debajo
Bajo el capó del Vectra, lo que muchos denominan como “motor Saab”, un cuatro cilindros de 1.990 centímetros cúbicos, cotas cuadradas –86 milímetros de diámetro por 86 milímetros de carrera de los pistones–, culata de dos árboles de levas y cuatro válvulas por cilindro, inyección y turbo, que rendía 175 CV a 5.500 revoluciones y 27 mkg a 3.250 revoluciones. Un motor poderoso, que no estaba apretado y que se compartía con algunos modelos de la firma sueca. Se combinaba con un cambio manual de seis relaciones cuyos desarrollos casaban bastante bien con el talante del propulsor; sirva de ejemplo que la relación más larga, la sexta, era de 41,93 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones.
Los datos oficiales prometían 230 kilómetros/hora de velocidad máxima, así como un consumo de “solo” 8,9 litros cada 100 kilómetros, aunque la prensa de la época, como la revista Autopista, registró un consumo de 8,6 litros –715 kilómetros de autonomía con un depósito de 61 litros–. También registró datos como un 0 a 160 kilómetros/hora en 21,5 segundos, un 0 a 400 metros en 16,22 segundos o los 1.000 metros, desde 50 kilómetros/hora, en sexta, en 36,52 segundos.
No era un coche para todos, en una época de motores turbodiésel un coche que anunciaba casi nueve litros a los 100 kilómetros era casi un anatema. No obstante, sí era un coche para quienes no entendían la deportividad con motores alimentados por gasóleo, quienes se encontraban con un automóvil de cualidades dinámicas de primer orden: estabilidad elevada, un paso por curva muy veloz, una suspensión de tacto firme… Solo había un pequeño problema, según las pruebas de la época: el motor perdía algo de rendimiento a elevadas temperaturas.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS