El FIAT Panda 1000 S FIRE es, por así decirlo, la culminación del proyecto inicial nacido en los 80. Mantenía todas las características básicas, como su carrocería de paneles lisos, así como toda la sencillez del habitáculo, pero se aderezaba con nuevos elementos y, por supuesto, con el motor FIRE, mucho más moderno que cualquier otro de la gama. Además, mantenía su precio casi de risa: 895.050 pesetas.
A principios de 1990, Europa vivía un momento de optimismo y transformación, pero el mercado automovilístico empezaba a dividirse entre la sofisticación creciente y la necesidad de coches económicos que cumplieran con las nuevas normativas de eficiencia. Apareció una nueva generación de coches urbanos, con diseños de lo más cuidados y equipamientos que era más propios de coches más grandes, que dibujaba claramente hacía donde iría la industria en los siguientes años. Un panorama que afectaba a un modelo muy concreto que, además, vivía un momento delicado: el Panda.
La transición de SEAT a FIAT: Del Panda al Marbella
Hasta ese momento, en Panda había sido un producto de SEAT, de “nuestra” marca, pero la ruptura de las relaciones con FIAT provocó dos sucesos. Por un lado, el SEAT Panda se transformó en SEAT Marbella, con un rediseño de algunos elementos como el frontal, mientras que FIAT empezó a traer a España el FIAT Panda, el que podríamos considerar como “el modelo original”. Pero, claro, con la nueva hornada de urbanos, el Panda no podía seguir la misma senda de coches sencillo, económico y totalmente espartano, el concepto de “coche rustico” ya no funcionaba. Eso llevó a pasar por un restyling en 1986, que cambió su mirada, su equipamiento y los motores, pero mantuvo la esencia original de coche extremadamente sencillo.
Así, en España conocimos el FIAT Panda 1000 S FIRE, un Panda mucho más moderno, totalmente reconocible como un Panda, pero con el logo de FIAT en el frontal y un equipamiento nunca visto en el modelo hasta el momento. De entrada, se perdían los asientos tipo hamaca y se montaba unos mucho más robustos y más coherentes con lo que se esperaba de un coche a finales de los 80 e inicios de los 90. El interior permanecía casi invariable en cuanto a diseño, pero mejoraba su calidad y añadía algunas zonas tapizadas para mejorar la sensación general. Una cosa era ser un coche sencillo, y otra, un coche cutre.
De hecho, presumía de cosas como un asiento con regulación de banqueta en altura e inclinación, preequipo de radio, dos espejos exteriores, nivel de combustible y temperatura del agua y hasta servofreno –dirección asistida, elevalunas eléctrico o cosas del estilo, no se contemplaban–.
Motor FIRE: La robótica al servicio del bajo consumo
La gran revolución de este modelo se escondía bajo el capó con la adopción de las siglas FIRE –Fully Integrated Robotized Engine–. Este motor de 999 centímetros cúbicos fue un hito en la industria, ya que fue diseñado para ser fabricado casi íntegramente por robots, lo que reducía drásticamente el número de piezas y, por tanto, las posibilidades de fallo. El bloque FIRE transformó al Panda de un coche ruidoso y vibrante en una máquina mucho más refinada, elástica y, sobre todo, austera en el consumo. En cuanto a prestaciones, mantenía la misma línea que cualquier Panda, pero mejoraba notablemente el agrado de uso.
Alimentado por un carburador de un solo cuerpo y con una culata de dos válvulas por cilindro –y un árbol de levas–, rendía 45 CV a 5.000 revoluciones y un par de 8,2 mkg a 2.750 revoluciones. Unas cifras que se gestionaban mediante un cambio manual de cinco relaciones y desarrollos tirando a largos –la quinta era de 30,96 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones–, que ayudaba a mantener el motor en su mejor zona de funcionamiento.
Cifras de Autopista: El veredicto del cronómetro
La revista Autopista, en el número 1.607, pudo registrar una velocidad máxima de casi 140 kilómetros/hora, un 0 a 100 en 18,93 segundos, los 400 metros con salida parada en 20,30 segundos y los 1.000 metros en 38,88 segundos. Los 1.000 metros desde 50 kilómetros/hora, en quinta, los hacía en 39,90 segundos.
No era, por tanto, un velocista, de hecho, en carretera a velocidad elevada lo pasaba bastante mal, pero en recorridos urbanos mantenía el tipo de forma encomiable frente a la nueva oleada de modelos; incluso la propia FIAT le puso las cosas difíciles con el lanzamiento del Cinquecento. No obstante, no había rival en su rango de precios que ofreciera la misma versatilidad, con un equipamiento y unos acabados a su altura.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS