Para que Mercedes contase con un vehículo 4×4 en su gama, recurrió a la marca Steyr-Puch participada por la marca alemana. Cada una aportaría elementos propios para la creación del que sería el Mercedes Clase G. Mientras que Mercedes proporcionaría ejes, sistema de dirección, cajas de cambio y motores, la firma austriaca se encargaría de elementos como la transmisión o el chasis. Las primeras opciones recurrirían a instalar motores de gasolina de 4 cilindros y 90 CV y diésel de 4 cilindros de 72 CV y de 5 cilindros de 88 CV.
Se comercializaría con una amplia serie de carrocerías en batalla corta y larga. Desde la de 2 puertas con techo metálico o de lona para el transporte de personas o de cargas, hasta las de 4 puertas. Mientras que por lo normal el emblema elegido para lucir en su calandra era la estrella, en países como Austria, Yugoslavia o Suiza llevaría el emblema de Steyr Puch. Criticado en principio por la baja potencia de los primeros motores, pronto se vio admirado por las cualidades todoterreno que le otorgaban su esquema de suspensiones, los bloqueos de diferenciales, su robustez e incluso su calidad constructiva.
Chasis y robustez: Ingeniería Steyr-Puch
El Mercedes G disponía de un chasis de largueros y travesaños sobre el que descansaba la carrocería fabricada en acero y al que se unían dos ejes rígidos mediante largos brazos longitudinales y barras Panhard. En ambos se montarían amortiguadores y muelles pero solamente serian progresivos en el eje trasero mientras que para el eje delantero se optaría por unos de compresión lineal. Solamente el eje delantero tendría una barra estabilizadora actuando sobre los brazos longitudinales. Su dirección de recirculación de bolas ofrecía una robustez a prueba de bombas y se podía complementar con un amortiguador que controlase la reacción brusca del volante en el paso por zonas de piedras. El equipo de frenos servoasistido estaba compuesto por un eficaz tren delantero equipado con frenos de disco macizos sobre los que trabajaban unas pinzas de 4 pistones y por unos frenos de tambor a los que les costaba drenar el agua acumulada tras los vadeos.
El corazón del G300D: Un 5 cilindros indestructible
El motor diésel atmosférico de 5 cilindros y 2.998 cc estaba fabricado en fundición, con la culata realizada en aluminio. Con dos válvulas por cilindro accionadas por un árbol de levas en cabeza y alimentado mediante un sistema Bosch de inyección mecánica indirecta, este motor de giro más suave que el 4 cilindros, proporcionaba una potencia de 88 CV a 4.400 rpm y un par máximo de 172 Nm a 2.400 rpm. Solo se dejaba notar al ralentí o cuando se paraba, llegando a ser en cierto modo imperceptible en conducción por carretera.
Acoplado a una caja de cambios de 4 marchas (opcionalmente automática de 4 marchas con convertidor de par) que compartía desarrollos con el resto de motorizaciones, el motor transmitía el movimiento a las ruedas traseras a través de una caja transfer de dos relaciones que se podía accionar en movimiento, teniendo en cuenta la velocidad de circulación. Esta carecía de diferencial central. El G300D podía llegar a alcanzar una velocidad máxima de 127 km/h y este robusto propulsor no tenía problemas para girar a altos regímenes y moverse satisfactoriamente entre el tráfico manteniendo una velocidad media de 120 km/h, pero a cambio de ofrecer un consumo medio que se quedaba en unos 14 litros cada 100 kilómetros. Su peso de poco más de 2 toneladas y las bajas cifras ofrecidas por su propulsor hacía imposible que este todoterreno bajase de los 23 segundos en la prueba de aceleración de 0-100 km/h.
Interior: Austeridad funcional
El interior era simple, sencillo y austero pero esto no influyó en la calidad de construcción y de acabado. Prescindía del equipamiento de sus berlinas en la búsqueda de una duración de componentes que se dejaba notar en detalles tan simples como en la falta de iluminación de los interruptores ubicados en la zona central del salpicadero, donde se encontraba bien a mano la radio y los mandos de la calefacción y ventilación. Podía llevar en su interior a 5 personas en unos asientos que compaginaban el agarre lateral y la comodidad en la parte delantera con la sencillez en el asiento trasero. Este se podía plegar completamente hacia delante ofreciendo una amplia plataforma de carga, cuyo suelo estaba revestido de un plástico moldeado que evitaba el uso de moqueta.
Desde el alto puesto de conducción se garantiza la mejor visibilidad alrededor del coche fuera de la carretera, pero la conducción se veía algo entorpecida por la proximidad del volante de gran diámetro a la puerta. La información ofrecida por el cuadro de mandos era más bien esencial, careciendo de cuentarrevoluciones y conformándose con un velocímetro, un reloj de temperatura, otro de nivel de gasolina y varios testigos luminosos entre los que figuraban 3 de gran tamaño, destinados a indicar la conexión de los intermitentes y de los bloqueos de cada uno de los diferenciales.
Comportamiento: Del asfalto al barro
Su forma de transitar por carreteras no podía superar al rey indiscutible de la categoría por aquel entonces, el Range Rover, presentando el alemán una ligera tendencia al subviraje y al balanceo que se contrarrestaba por su buen funcionamiento de su sistema de dirección asistida. Las cosas cambiaban cuando se adentraba en el franqueo de obstáculos, donde su cadena cinemática y unos recorridos de rueda de más de 50 cm lo convertían en una maquina imparable. Era un 4×4 que podía plantarle a cualquier tipo de superficie deslizante, como por ejemplo el barro, pero aún así las limitación a bajas vueltas que presentaba el motor hacía que se tuviera que recurrir al embrague o a la gama baja de velocidades para superar ciertos obstáculos.
Era un coche de increíble durabilidad y robustez y la muestra de ello era que muchas administraciones publicas en su país de origen confiaron en él para cubrir sus necesidades de movilidad, incluso el sector militar. Su gran punto débil fue su alto precio con el que se comercializaba en España, difícilmente justificable y que limitó en gran medida su nivel de ventas.


Javier Gutierrez
COMENTARIOS