Coche del día: Citroën CX Reflex

Coche del día: Citroën CX Reflex

El motor de aluminio que trajo la eficiencia a la "alfombra voladora" francesa


Tiempo de lectura: 5 min.

El Citroën CX Reflex no fue el más potente, tampoco el más caro ni mucho menos el más lujoso, pero destacó por algo: estrenó un motor de dos litros fabricado con aleación, tan veloz como el 2.4 pero, y esto es importante, más eficiente. Sin embargo, en su época fue un poco criticado porque era más caro y era “menos lujoso” que el CX 2.400 al que reemplazaba, pero con un motor más pequeño. A pocos les importó que con “solo” 106 CV fuera capaz de lanzar los casi 4,7 metros del CX hasta rozar los 172 kilómetros por hora.

Contexto: La era de la eficiencia y el aluminio

A principios de los años 80, la industria del automóvil se encontraba en una encrucijada. Con la sombra de la crisis del petróleo aún presente –la crisis del 79, provocada, entre otras cosas, por la guerra entre Irak e Irán–, los fabricantes europeos, especialmente los franceses, se vieron obligados a buscar una racionalidad que no siempre casaba con las grandes berlinas. El diésel había empezado a mostrar sus buenas capacidades, aunque todavía le faltaba el refinamiento y las prestaciones para poder plantar cara a los propulsores “de gasolina”. Así, por tanto, los fabricantes tomaron un camino que, en aquel momento, era obvio: motores gasolina lo más eficientes posible, que por lo general, tendían a la reducción de cilindrada –una especie de downsizing antes del downsizing–.

Citroën, inmersa ya en el Grupo PSA, decidió que era el momento de jubilar los viejos y pesados bloques de fundición heredados del DS para abrazar la modernidad del aluminio. Fue así como nació el motor “Euros” o “Douvrin” –en realidad, en PSA era el motor Z o tipo 829, Euros era por su “planteamiento europeo” y Douvrin, por su lugar de producción–, un bloque de aleación ligera desarrollado junto a Renault y Peugeot, que prometía mantener el estatus de los grandes modelos pero con unos consumos que dejaran de asustar al padre de familia medio. Lo importante, sobre todo, era no perder prestaciones por el camino, algo habitual cuando se busca la máxima eficiencia.

Introducción: El CX Reflex, el equilibrio inesperado

En este escenario de transición apareció el Citroën CX Reflex, en 1982, como respuesta a esa necesidad de ahorrar combustible, pero sin perder prestaciones. No era una versión descafeinada, sino una con el equilibrio perfecto entre la vanguardia técnica y la economía de uso cuyo principal argumento era un motor de cuatro cilindros “dos litros”, fabricado “todo en aluminio” y con camisas húmedas.

Aunque sobre el papel pudiera parecer que un motor de “solo” 2 litros se quedaría corto para mover la imponente silueta del CX, la realidad dictada por la ingeniería era muy distinta. Gracias a una aerodinámica que seguía siendo referencia mundial y a la ligereza del nuevo motor de aleación, el CX Reflex se presentó como una “alfombra voladora” capaz de llanear a 170 kilómetros por hora con una finura que sus antecesores con motores de mayor cilindrada apenas podían soñar. Era la demostración de que, en ocasiones, para avanzar solo hacía falta aligerar peso y confiar en la ciencia.

Un motor de aluminio que ayudaba a perder casi 200 kilos de peso

Citroën CX Reflex (2)

El caso del Citroën CX es algo peculiar. A comienzos de los 80, la producción del modelo se había detenido. Se fabricaba en Vigo, pero llegó el Peugeot 505 y PSA apostó por el nuevo sedán con el león en frontal; era más rentable por su menor complicación, aunque una vez en las tiendas no era precisamente un coche barato. No obstante, la división española de Citroën optó, ya que las importaciones ya no estaban tan penalizadas, por traer el CX que se fabricaba en Francia en diferentes versiones, como el 2.4 Pallas o el CX Reflex.

Menos potencia, menos consumo, igual de rápido o casi

Dicho motor “dos litros de aluminio” tenía exactamente 1.995 centímetros cúbicos, alimentación por un carburador vertical Weber de doble cuerpo, dos válvulas en culata controladas por un árbol de levas, situado también en la culata y una compresión de 9,2:1. Rendía 104 CV a 5.500 revoluciones y 16,6 mkg a 3.250 revoluciones, todo ello enviado al eje delantero mediante un cambio manual de cinco relaciones –con una quinta de 35,5 kilómetros por hora a 1.000 revoluciones–.

Para la época, las cifras del motor eran más que buenas, que se veía muy beneficiado de la aerodinámica carrocería del modelo francés. Es cierto que allá por el año 1982, los 1.292 kilos que pesaba el Citroën CX Reflex no eran pocos, pero no impedía que el coche se moviera con bastante soltura. Por ejemplo, según la revista Autopista –número 1.202–, podía rozar los 172 kilómetros por hora o completar los 400 metros desde parado en 19,3 segundos, pero sobre todo, gastaba menos que el CX 2.4, entre dos y tres litros menos, según las circunstancias –aproximadamente un 25% menos–.

Gastaba menos, pero era más caro y menos lujoso

El Citroën CX Reflex era, básicamente, un coche de su tiempo. Presumía de consumos y eficiencia, pero, comparado con otras versiones del modelo más potentes y equipadas, era más caro. Citroën pedía 1.261.348 pesetas, pero no montaba elevalunas eléctricos detrás, ni volante regulable, tampoco incorporaba aire acondicionado o llantas de aleación. Sin embargo, no podemos olvidar que el CX Reflex era un coche de importación, y por tanto, para poder venderse en España tenía que verse afectado por los aranceles que, todavía, en los 80, estaban vigentes.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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