El Audi 90 Sport E, presentado a finales de los años 80, representó la idea deportividad y el refinamiento dentro de la gama media de Audi. Este modelo, que compartía plataforma con el Audi 80, se distinguía por su motor de cinco cilindros y un equipamiento específico que lo posicionaba como una alternativa más exclusiva y prestacional, pensada para aquellos conductores que buscaban un equilibrio entre el lujo discreto y unas sensaciones de conducción más dinámicas.
Llegamos a una década, la de los 80, donde el mercado automovilístico europeo parecía experimentar una creciente demanda de sedanes con un toque deportivo. Marcas como BMW y Mercedes-Benz ya contaban con una sólida reputación en este segmento, ofreciendo modelos que combinaban altas prestaciones con un confort notable. Audi, por su parte, buscaba consolidar su imagen de marca premium, apoyándose en su tecnología de tracción integral quattro y en la calidad de sus motores de cinco cilindros, entre otras cosas.
Hay que reconocer que hablamos de depotividad, pero muy lejos de lo que se entiene ahora como deportividad; se montaban motores algo más potentes, suspensiones más firmes, diferencial de deslizamiento limitado, frenos algo más grandes… Pero nada de radicalismos ni de carrocerías agresivas o recargadas. Todo era más sutil, con más estilo y, en cierto modo, con una deportividad más real.
En este contexto, Audi tenía el 90, un coche lanzado en 1987 con una opción de mayor caché con respecto al Audi 80 –B3–. Era un sedán absolutamente germano, es decir, correcto en todo pero sin destacar en nada y con una imagen algo anódina, cuya deportividad era algo difusa. No nació como un coche deportivo, aunque, con el mercado abierto a esas versiones, apareció el Audi 90 Sport E, un coche que, para muchos, era una declaración de intenciones por parte de la marca de los cuatro aros. Demostraba que Audi podía ofrecer un producto con la calidad de acabados y el equipamiento de sus rivales premium, pero con un enfoque inconfundiblemente centrado en la ingeniería y en la personalidad de su motor de cinco cilindros. Este modelo buscaba atraer a una clientela que valoraba la discreción de una berlina clásica, pero que no renunciaba a un propulsor con carácter y a un comportamiento dinámico que invitaba a disfrutar de la carretera, sin caer en la ostentación de otros deportivos de la época.
Audi no tardó mucho en convertir en su sello de identidad el motor de cinco cilindros
Corazón de cinco cilindros
El corazón del Audi 90 Sport E era su motor de cinco cilindros en línea, una seña de identidad de la marca. Con una cilindrada de 2.226 centímetros cúbicos –conocido como 2.2 E–, este propulsor, dispuesto longitudinalmente en la parte delantera, prometía una potencia máxima de 138 CV a 5.700 revoluciones por minuto. Sin embargo, las pruebas de la época –como la de la revista Autopista 1.623– revelaban una cifra ligeramente inferior en banco: 122,26 CV a 5.650 rpm. El par máximo anunciado era de 19,2 mkg a 3.500 rpm, mientras que en las mediciones se registraron 18,33 mkg a 2.870 rpm. Estas cifras, gestionadas por una inyección electrónica, garantizaban una elasticidad notable y una respuesta contundente desde bajas revoluciones, lo que lo convertía en un motor muy agradable de usar en el día a día y en viajes largos.
La gestión de esta potencia se confiaba a una caja de cambios manual de cinco velocidades que enviaba la fuerza al eje delantero. Esta configuración, aunque efectiva, contrastaba con la opción de tracción quattro disponible en otras versiones, que hacía referencia a la ya conocida tracción integral permanente. Las prestaciones del Sport E eran respetables para su segmento: una velocidad máxima de 203,5 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en 10,97 segundos. Los 400 metros desde parado los completaba en 17,54 segundos, y el kilómetro en 32,25 segundos. Estas cifras, aunque no lo convertían en un deportivo radical, sí lo situaban como una berlina rápida y capaz de mantener ritmos elevados en autopista.
En cuanto a los consumos, el Audi 90 Sport E ofrecía unas cifras contenidas para su cilindrada y potencia. Según las pruebas de la época, el consumo urbano se situaba en 12,20 l/100 km, mientras que en carretera –a 100/110 km/h– descendía a 7,32 l/100 km. En autopista –a 120 km/h–, el consumo era de 8,62 l/100 km, arrojando una media ponderada de 9,66 l/100 km. Estos datos lo convertían en un coche eficiente para su categoría, especialmente en trayectos largos, donde el motor de cinco cilindros demostraba su mejor cara.
¿Deportividad? No, gracias
La suspensión del Audi 90 Sport E, independiente en el eje delantero y con un eje rígido con barra Panhard en el trasero, ofrecía un buen compromiso entre confort y estabilidad. La comodidad de marcha era uno de sus puntos fuertes, filtrando bien las irregularidades del asfalto. Sin embargo, no todo era perfecto; la prensa señalaba una sonoridad algo alta y una instrumentación poco visible, especialmente los indicadores adicionales del Sport E –voltímetro, manómetro y termómetro de aceite– situados en la consola central, lo que dificultaba su lectura rápida.
El interior del Audi 90 Sport E destacaba por su muy buen acabado, típico de la marca en esa época. Los materiales de calidad y los ajustes precisos contribuían a una sensación de solidez y durabilidad. El equipamiento específico del Sport E incluía parachoques del color de la carrocería, un spoiler trasero, neumáticos de perfil bajo y llantas de aleación ligera, que le otorgaban una imagen más deportiva. Los asientos deportivos, aunque cómodos, presentaban un exceso de apoyo lumbar según la prueba, lo que podía resultar incómodo para algunos conductores. La habitabilidad trasera, por su parte, se veía comprometida para tres personas, con una banqueta trasera algo inclinada.
Con un precio de 3.360.600 pesetas, el Audi 90 Sport E se posicionaba como una opción atractiva para aquellos que buscaban una berlina con un toque distintivo y se podía permitir gastar más de tres millones de pesetas en un coche –en 1990–. Ofrecía un equipamiento completo para su momento, aunque algunos elementos como el ABS eran opcionales. Su principal rival, el Audi 90 Quattro, ofrecía una mejora en estabilidad y seguridad gracias a la tracción total, pero a costa de un mayor peso, un maletero más pequeño y unas prestaciones ligeramente inferiores, además de un precio superior en 700.000 pesetas.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".