Fiat 126 BIS 6 ruedas. Doble eje… ¿doble dignidad?

Fiat 126 BIS 6 ruedas. Doble eje… ¿doble dignidad?

Un trabajo artesanal para quitarse el sombrero


Tiempo de lectura: 7 min.

Hay proyectos que te reconcilian con la idea de que los coches son, sobre todo para divertirse tomando un hierro y haciéndolo tuyo. Este Fiat 126 BIS 6 ruedas es una obra absurda, simpática y técnicamente más interesante de lo que parece.
Lo ha hecho un polaco llamado Radek, conocido en Instagram como @radski.x, y lo ha bautizado con un vinilo “6.6” que es muestra de su humor. El coche anda, gira, frena, y parece aparecería en Mad Max si se rodase en Polonia.

Ni renders ni túnel de viento: solo radial, soplete, café frío, y fuerza de voluntad. Radek ha logrado que un Fiat 126 BIS tenga tres ejes, seis ruedas y un alma nueva sin perder la esencia del maluch, que en Polonia fue tan popular como el Panda en España.

Un maluch al que se le fue la mano con los ejes

El punto de partida era un Fiat 126 BIS, la versión con motor trasero refrigerado por agua y portón abatible. El coche ya de por sí era una rareza al ser una evolución del 126p clásico pero con algo más de refinamiento y una carrocería algo distinta. Radek se aburría ya de restauraciones y de swaps, así que decidió hacer lo que nadie había hecho: cortarlo por detrás del pilar C, reforzarlo con perfiles soldados y añadirle un tercer eje.

Sí, tres ejes logrados con piezas de otro 126, con brazos y muelles adaptados al revés, literalmente. Todo el trabajo se hizo en su garaje en apenas cinco semanas. Dos de corte, soldadura y ajuste, y tres de pintura, lacado y acabados. A la vista está que no improvisa: el trabajo está bien hecho, las uniones son limpias y la carrocería no canta a chapuza.

El resultado es una mezcla imposible entre una pickup en miniatura y un concept car de barrio obrero con pintura turquesa y blanca, vinilos “6.6” en los laterales, un pequeño alerón artesanal y emblemas Abarth cortados por láser. Lo mejor es que la caja trasera, la “paka”, es funcional. Cabe una rueda, una caja de herramientas o un cerdo pequeño si te empeñas y empujas fuerte.

El motor sigue siendo el del BIS… y la paciencia necesaria también

Radek no ha cambiado el motor. Mantiene el propulsor original del 126 BIS, un bicilíndrico de unos 25 caballos que suena a cortacésped enfadado. No hay turbo, ni swap, ni milagro de Lourdes: solo más hierro que mover. El coche original pesaba poco más de 650 kilos; ahora rondará los 890. O sea, un aumento de masa de más del 35 %.

¿Resultado? Las prestaciones son anecdóticas. Pero lo importante con este no es correr sino que todo funcione… ¡Y funciona! La dirección sigue siendo directa, el coche frena (aunque con algo más de fe que de eficacia), y el comportamiento en curvas es sorprendentemente estable. El tercer eje no lleva fuerza, pero aporta aplomo, sobre todo con ese peso detrás.

Eso sí: La física no perdona. Con tres ejes y casi 900 kilos, las distancias de frenado se estiran y el sistema de frenado se calienta más que un adolescente en una página cochina, pero ahí está parte del encanto: no es un electrodoméstico hasta arriba de ADAS sino una obra original.

Maluch 6x6 (2)

Estructura reforzada, rigidez… y un toque de inconsciencia

Más allá de lo visual, la parte técnica es donde se ve que Radek no improvisa. Soldó perfiles a las largueras originales para reforzar la estructura para que el conjunto no se doblase como la plastilina. El coche no se hunde, no cruje y aguanta bien el traqueteo, al menos a baja velocidad.

El reparto de masas, curiosamente, mejora porque el 126 BIS original tenía tendencia a cargar mucho peso detrás. Ahora con el tercer eje y el chasis alargado, el coche reparte mejor las cargas y gana estabilidad longitudinal. No va a doblar curvas como un Mini Cooper, pero tampoco va a ir haciendo el caballito como algunos 126 preparados.

El radio de giro, eso sí, ha pasado a ser asunto de camión de la basura. Radek lo reconoce con una sonrisa pero asegura también que maniobrar no es problema. Será verdad, porque el tercer eje está tan atrás que apenas interfiere con la dirección. A cambio, el coche transmite una sensación de solidez extraña, como si estuvieras conduciendo algo que no debería funcionar, pero lo hace.

La estética: entre el chiste y el arte

Pintar un 126 BIS de turquesa con franjas blancas y ponerle vinilos “6.6” mola mucho de por sí, y es que en este coche encaja todo. Es divertido de mirar, tiene presencia y un toque juguetón. Las llantas (5,5 pulgadas delante y 6,5 detrás) llenan los pasos de rueda y le dan un aire propio a la vez que ochentero.

La trasera es lo mejor del conjunto porque la caja está bien integrada, con una tapa superior hecha a medida y un alerón que parece de coche de rally de juguete. Todo tiene un aire de maqueta agrandada. Pese a lo artesanal, se nota que hay gusto. No hay neones, ni vinilos baratos, ni pegatinas de Monster. Solo metal, pintura y horas.

Lo curioso es que, dentro de su excentricidad, el coche conserva su elegancia y hasta la gana. Tiene coherencia interna y una proporción que funciona. Da la sensación de que si Fiat hubiese hecho un concept car de seis ruedas en los ochenta, habría sido así.

Cultura del garaje: de Polonia al resto del mundo

En España, un coche así sería un dolor de cabeza para la ITV y el seguro, pero en Polonia, la cultura del garaje sigue viva. Allí, modificar un coche pequeño no es solo un hobby: es casi una forma de arte popular. El Fiat 126, o “maluch”, fue el coche de toda una generación, y por eso hay cientos de preparaciones caseras, desde limusinas hasta dragsters.

Este 126 BIS 6 ruedas se enmarca en esa tradición, pero va un paso más allá. Busca originalidad pura. Es el proyecto de alguien que quiere quedarse con la gent y pasárselo bien sin pedir permiso a nadie. Es esa mentalidad, tan alejada del postureo de redes, la que hace que el coche tenga tanto encanto.

Al verlo, entiendes por qué la gente se enamora de estos proyectos. No son perfectos ni rentables, pero tienen alma. Que un tío suelde tres ejes a un viejo Fiat para hacerlo único es casi un acto de resistencia cultural.

¿Y si lo hubiese hecho Fiat?

La pregunta es inevitable. ¿Qué pasaría si Fiat hubiese fabricado de verdad un 126 pickup de seis ruedas? Seguramente sería algo así, solo que con menos gracia. Y más caro.
El coche de Radek parece sacado de un salón del automóvil de 1984, de esos en los que las marcas mostraban prototipos imposibles que nunca llegaban a producción. Pero este sí se mueve, suena y rueda. Existe.

Fiat nunca lo haría, claro. No porque no pudiera, sino porque ya no hay sitio para la locura. Hoy todo pasa por comités, homologaciones y burócratas. Este coche, en cambio, nació de una radial y una idea absurda que, por una vez, salió bien. Es lo que pasa cuando alguien construye un coche por amor, no por KPI.

No puedes homologar la pasión

El Fiat 126 BIS 6 ruedas no tiene sentido práctico, pero es más bonito y único que muchos deportivos nuevos. Es el tipo de coche que resume por qué seguimos siendo gasolineros: porque hay gente que, sin recursos, hace cosas imposibles solo por el placer de oírlas arrancar.

No es rápido, no frena bien y probablemente no pase de 100 km/h sin ponerse nervioso, pero cada tornillo representa horas de trabajo.
La pasión no se homologa, y todavía hay sitio para el ingenio y la locura bien entendida.

Así que, si algún día, por casualidad, ves este Fiat 126 turquesa con seis ruedas y en algún evento. Respétalo. Es de esos proyectos que se hacen desde el placer.

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Sobre mí

Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.
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