El Mazda 6 2.0 se podría considerar casi una rareza. Fue un modelo algo minoritario, equipado con un motor gasolina en plena locura diésel, posicionado en un segmento que, a comienzos del Siglo XXI en Europa, era salvajemente competitivo. Sin embargo, tenía cualidades y capacidades suficientes para poner contra las cuerdas a coches mucho más aceptados entre los usuarios.
Mazda fue, durante muchos años, una marca con muy poca popularidad. No es que fuera desconocida, simplemente era minoritaria. Eso cambió con la llegada del nuevo siglo, la puesta en escena de nuevos modelos y la colaboración con Ford. De ahí salieron coches como el Mazda 3 —que compartía plataforma con el Ford Focus— o el Mazda 6 —que compartía plataforma con el Ford Mondeo—, un sedán que tuvo una aceptación muy superior a la habitual en la marca. Ayudó, y mucho, la presencia de motores turbodiésel, algo que Mazda no había tenido hasta el momento.
No tener motores diésel en Europa allá por 2004 era como pegarse un tiro en el pie, y Mazda quería ganar cuota de mercado. Además, entendió que en Europa no solo valía con ser duro como una roca; hacía falta algo más. Así nació el famoso “Zoom-Zoom”, un eslogan que fue la puerta de entrada de Mazda al continente de forma importante. El Mazda 6, que llegó para reemplazar al 626, cambió la imagen de la marca por completo: pasó de ser “fiable pero aburrida” a “fiable y aspiracional”. Se notaba en su diseño afilado y con esencia japonesa, y se notaba en sus acabados generales.
Un bastidor de excelente factura
Un ejemplo de ese salto era la versión equipada con el dos litros. El Mazda 6 2.0 era una de las opciones más equilibradas de la gama, capaz de poner contra las cuerdas en prestaciones al 2.0 FSI de Volkswagen o de dejar atrás a casi cualquier rival a poco que aparecieran curvas. Como señalaba la revista Autopista: “el punto de equilibrio lo encontramos con el Mazda, un modelo con un bastidor de excelente factura. En cualquier tipo de conducción resulta muy eficaz”.
Con este coche, Mazda comenzó a cambiar la percepción que tenía la gente de la marca
Eso se debía a unas suspensiones de paralelogramo en los dos ejes, con estabilizadoras de 20 mm delante y 19 mm detrás. Un esquema poco común que le otorgaba una pisada que muchos rivales no podían igualar. Incluso referentes como el SEAT Toledo eran más lentos y menos eficaces en curva que el Mazda 6. En aquellos años, la firma nipona comenzó una transformación que, tiempo después, les llevó a buscar ser rivales directos de Lexus.
Motor MZR: Corazón Mazda, no Ford
Sobre el propulsor de dos litros, se colocaba en un meritorio término medio. Hablamos de un cuatro cilindros (código MZR) de 1.999 cc, con dos árboles de levas, cuatro válvulas por cilindro y distribución variable continua en admisión y escape. Rendía 147 CV a 6.500 rpm y 18,8 mkg de par a 4.000 rpm, combinado con un cambio manual de seis relaciones.
Muchos confunden este bloque con el Duratec de Ford, pero en realidad es un propulsor diseñado íntegramente por Mazda que Ford se apropió para sus modelos. En aquellos años, los americanos tenían algo más del 30% de la firma japonesa y aprovecharon ese control para beneficiarse de su ingeniería.
Prestaciones y consumos reales
Las prestaciones del Mazda 6 2.0 eran realmente destacables para la época. Según las pruebas de la prensa especializada, estos eran sus registros:
- 0 a 160 km/h: 28,90 segundos.
- 1.000 metros con salida parada: 31,31 segundos.
- 1.000 metros en 6ª (desde 50 km/h): 38,85 segundos.
- 80 a 120 km/h (en 6ª): 21,09 segundos.
Todo ello con unos consumos que rondaban los 8,5 litros de media. No estaba nada mal para un dos litros de gasolina con culata de 16 válvulas, aunque resultaba excesivo si se comparaba con los 5,5 litros que podían rozar los turbodiésel equivalentes de aquel entonces. Sin embargo, para quien valoraba la suavidad de un motor atmosférico y un chasis de primer nivel, el Mazda 6 2.0 era, y sigue siendo, una opción difícil de batir.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS