Hace unos días, EVO Magazine nos recordaba por qué el Aston Martin V8 Vantage de 2006 sigue siendo una joya: este británico de capó largo y alma analógica ofrece una experiencia que los turbo modernos envidian. Mientras el nuevo Vantage AMG presume de 510 CV y cero retraso, el “viejo” 4.7 litros atmosférico enamora con su grito gutural y refinamiento eterno. ¿Es este el deportivo más elegante hoy? Cualquier Aston Martin ha presumido siempre de belleza, es como un arte que solo ellos saben cultivar, una imagen señorial y sumamente atemporal, pero claramente agresiva y deportiva. Ni siquiera la llegada de modas y tendencias hace mella en ellos, lo que permite presumir de actualidad a un coche que tiene nada menos que 20 años.
Diseñado por Henrik Fisker bajo la batuta de Ulrich Bez, destila elegancia pura. Su silueta evoca al DB9, pero con un toque más agresivo, tiene una silueta que invita a mirar durante horas. No es el radicalismo geométrico de un Lamborghini; es seducción británica, con proporciones equilibradas y coherentes, que envejecen como el buen vino. En un mundo de hiperautos angulosos, este Aston sigue pareciendo un gentleman en frac. Ni siquiera desentona frente a un Aston Vanquish actual y, por supuesto, tampoco ante ninguno de sus hermanos; ni siquiera el DB12 le infunde miedo. ¿Cómo lo hacen? Seguramente igual que Porsche para domar un motor colgado tras las ruedas traseras, deben tener acuerdos con entes de otro mundo o, también, cabe la posibilidad que sepan algo que nosotros no sabemos.
El corazón es su V8 4.3 litros atmosférico de 385 CV y 410 Nm, un bloque Jaguar refinado que sube lineal hasta 7.500 rpm con un aullido que eriza la piel. Luego tuvo un par de evoluciones que lo llevaron hasta los 4,7 litros y los 435 CV, con los que aceleraba de 0 a 100 km/h en 4,7 segundos y rozaba los 305 km/h. Como buen atmosférico de elevado cubicaje enamora en la carretera, según aquellos que lo han probado: entrega progresiva, sin turbo lag, y un handling preciso gracias a su chasis de aluminio y suspensión adaptativa. EVO lo probó en su “Fast Fleet Test”: fiable a diario, cómodo en autopista y letal en curvas. Interior de cuero Connolly y aluminio cepillado, sin plásticos baratos.
Compara con el Vantage actual (4.0 twin-turbo Mercedes-AMG): más rápido (0-100 en 3,6 s), pero pierde esa espontaneidad atmosférica. El viejo tiene tacto artesanal, un pedal derecho que comunica cada caballo sin empujones artificiales. Rivales como el Porsche 911 GT3 son quirúrgicos, pero carecen de esta clase innata; el Ferrari Roma está considerado igualmente bello, pero más GT que deportivo crudo. Por 40.000 o 60.000 € en el mercado de usados, el Vantage ofrece estatus eterno a precio de ganga, aunque ojo, el mantenimiento no cambia y es a precio de Aston Martin.
En resumen, sí: el Aston Martin Vantage atmosférico fue el deportivo más elegante del momento y todavía puede presumir de serlo. No por ser el más rápido, sino por recordarnos que la verdadera pasión late en lo analógico, mientras que lo digital, con más potencia, más velocidad y más eficacia, mata poco a poco las sensaciones y la conexión con la carretera. No podremos comprarnos un Vantage, ni siquiera el de 2005, pero ahí estaremos para escuchar ese V8 atmosférico y para disfrutar de su silueta.
Y tú, ¿qué opinas?


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS