Es una futura venta al mejor postor por Mecum y es un Chevrolet El Camino 1987, pero no puede someterse a comparación con el ejemplar Super Sport subastado mediante la misma casa en Indianápolis. Para empezar, porque no se trata de un Super Sport original, pero sobre todo por lo que pone de manifiesto el hecho de no serlo. Si lleva las insignias y en su tiempo se comercializó por las vías de la propia marca, pero no es un El Camino SS original, ¿qué es entonces?
En la concepción más general, una versión de producción oficial y extraoficial al mismo tiempo, pero me interesa más cómo la explica la revista Silodrome. “Una instantánea de la cultura automotriz estadounidense de los años 80”, definen los colegas en alusión a la congeniación entre fabricantes y talleres de personalización de aquella década. La reputación le precede a esa mezcla de pick-up con frontal de Chevy Monte Carlo SS ante cada aparición. Es uno de los Choo Choo Customs El Camino SS y, al ser modelo 1987, uno de los últimos.
En simultáneo con el ocaso de la producción de la versión Super Sport, este producto de la iniciativa de los especialistas tennesianos en conversiones fue la solución al vacío que iba a generar la partida del El Camino más deportivo, dándole a los de la General Motors una variante insignia hasta el final definitivo del modelo. Fue una personalización bosquejada y ejecutada en las instalaciones de Choo Choo en Chattanooga, pero autorizada, impulsada, promocionada y hasta comercializada en los concesionarios Chevrolet.
El paragolpes aerodinámico con calandra incluida, herencia del Monte Carlo de aquel 1983 –año en que el proyecto entró en acción–, es la prueba más visual y elocuente de la mano de Choo Choo Customs. Un sello característico de esta extinta casa americana, a la que se le recuerdan, además de esta creación de apariencia al estilo El Camino SS, otras conversiones inspiradas en el cupé de dos puertas. Los gráficos a los costados acompañaban para lograr una simulación algo más exacta a los que llevaban los ejemplares de serie, mientras que en el habitáculo se profundizaba con el emblema del tren en cromado sobre la tapa de la guantera.
Todo ello ha sobrevivido en esta unidad de muy bajo kilometraje, con acabado exterior blanco e interior azul, llantas de aleación con neumáticos BF Goodrich, una bandeja inmaculada para el espacio de carga y algunas comodidades que aún mantiene como los elevalunas eléctricos, el aire acondicionado y la columna de dirección ajustable. Uno de los El Camino de despedida, sometido a un tratamiento puramente cosmético que no se ve todos los días –se estima un total de casi 5.000 conversiones y no se tiene la certeza de cuántos sobreviven a la fecha– y que, además, conserva el motor V8 de 305 pulgadas cúbicas, uno de los disponibles en el El Camino de quinta generación, el recordado small-block de cinco litros.
La ciudad de Kissimmee, en Florida, espera. El 10 de enero del 2026 será la hora señalada y entonces alguien se convertirá –nunca tan puntual la elección de la palabra– en el nuevo propietario de este Chevrolet El Camino 1987 de colección.


1
Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.