El Temerario «Tettonero» presume de bitono en cinco colores

El Temerario «Tettonero» presume de bitono en cinco colores

Lamborghini oscurece el capó y el techo de su V8 de 10.000 vueltas en una serie limitada


Tiempo de lectura: 8 min.

Tengo una debilidad confesable por los coches de dos colores, y no me refiero a los techos negros que hoy lleva cualquier utilitario para aparentar ser más bajo, sino a esas combinaciones que delatan desde lejos la época de la que vienen. Por eso me he quedado un buen rato con las fotos del Temerario «Tettonero», porque ese capó negro sobre un amarillo chillón huele mucho más a póster de habitación de adolescente que a configurador online.

Lamborghini lo llama colección cápsula, que es la forma elegante de decir serie limitada con pintura especial, y lo ha presentado en Sant’Agata Bolognese el 30 de octubre.

Tampoco hay que buscarle tres pies al gato. La marca no toca ni un tornillo del V8 biturbo de 4,0 litros, ni de los tres motores eléctricos, ni de los 920 CV del conjunto, así que todo el trabajo se lo ha llevado el Centro Stile, el departamento de diseño de la casa. Ellos han decidido qué partes van en negro, qué costuras cambian de color y dónde va el nombre bordado, de modo que el Tettonero es un ejercicio de estilo puro. A mí me parece estupendo, porque a los coches de esta categoría los compra uno con los ojos tanto como con el cronómetro, y el cliente de Lamborghini quiere que el suyo no sea igual que el del vecino del puerto deportivo.

El nombre tampoco esconde mucho misterio, ya que «tetto nero» significa techo negro en italiano y el bautizo resume la idea entera, un coche partido en dos tonos donde el Nero Noctis se queda con la parte de arriba y el color elegido con el resto. Viene a ser la versión de Sant’Agata de lo que Mini lleva años haciendo con sus techos, con la diferencia de que aquí debajo hay 920 caballos y que, en un coche de motor central, el capó delantero es casi lo único que alcanza a ver el conductor del coche de delante por su retrovisor.

Cinco colores y un negro innegociable

La configuración de lanzamiento junta el Giallo Inti con el Nero Noctis, que es la que sale en todas las fotos de prensa y, para qué nos vamos a engañar, la que mejor le sienta. Aparte de ese amarillo, el comprador podrá elegir entre otros cuatro colores de carrocería, el Arancio Xanto, el Blu Cepheus, el Verde Scandal y el Viola Pasifae, todos con nombres sacados de la mitología y de la astronomía, como es costumbre en la casa del toro. Ninguno de los cinco es discreto, y ahí está precisamente la gracia.

El negro, en cambio, es innegociable. El capó lo lleva siempre, porque es la seña de identidad del Tettonero, y el techo comparte ese mismo Nero Noctis para estirar el contraste de punta a punta.

Lamborghini añade como opción más detalles en negro sobre el capó delantero y el parachoques, y aquí es donde el coche gana o pierde dependiendo del gusto de cada uno. El contraste baja hasta el splitter delantero con sus motivos hexagonales, recorre el difusor trasero, el logotipo y los remates que rodean el motor central, mientras que los parachoques, los retrovisores y las llantas salen de fábrica en negro brillante. Me imagino el Temerario en Verde Scandal con todo ese negro alrededor y me parece un coche de dibujos animados en el mejor sentido posible, de esos que un crío de diez años pintaría en el margen del cuaderno de matemáticas con la lengua fuera.

Esa foto mental tiene su lógica, porque el Temerario ya era un coche muy anguloso y el bitono le marca todavía más las aristas. Lamborghini habla de proporciones esculpidas, y aunque la expresión suena a nota de prensa, el negro del capó deja la parte delantera visualmente más baja de lo que en realidad es, así que el Tettonero repite el truco de toda la vida de los techos oscuros, que los diseñadores conocen desde hace décadas y que aquí está aplicado con bastante mano izquierda.

Un habitáculo a juego con la calle

La misma idea entra en el habitáculo. La tapicería de serie es Nero Ade, un negro con costuras Grigio Octans en contraste, y el cliente podrá cambiarlas por unas del mismo color que la carrocería.

Los asientos llevan el pespunte Q-citura con su dibujo hexagonal, el logotipo de Lamborghini va bordado en cada reposacabezas y el nombre Tettonero aparece en los paneles de las puertas. El detalle que más gracia me hace, eso sí, está en el mamparo que separa el habitáculo del motor, porque Lamborghini ha bordado ahí la silueta bitono de la zaga del Temerario con hilo del color de la carrocería. Es la típica tontería que no cambia nada en una vuelta al circuito y que, sin embargo, el dueño enseñará a todo el que se asome a la ventanilla, igual que uno enseña el reloj nuevo en una boda aunque nadie le haya preguntado la hora.

Cierra el paquete una placa conmemorativa de fibra de carbono mate en el lado del conductor, que identifica cada unidad de la serie limitada y que, a mi juicio, dará más conversación que cualquier cifra de potencia en una quedada de aficionados. Es de esas cosas que el propietario descubre la primera vez que se sienta y que ya no deja de mirar.

Stephan Winkelmann, el presidente de la marca, ha presentado el coche como una configuración con identidad propia que ofrece a cada cliente algo personal en edición limitada. Dicho en cristiano, el Tettonero viene a ser un Temerario con traje de domingo, y eso en Sant’Agata saben venderlo como nadie, porque llevan más de sesenta años convirtiendo la pintura y el cuero en motivo de conversación de sobremesa. No le falta razón al jefe, aunque su discurso tenga más brillo que un capó recién encerado.

Debajo del bordado, el V8 de 10.000 vueltas

Merece la pena recordar qué hay debajo de tanto bordado, porque el Temerario es mucho más que un coche bonito. El V8 biturbo de 4,0 litros es completamente nuevo y gira hasta 10.000 revoluciones, una cifra que hace pocos años habría sonado a ciencia ficción en un motor sobrealimentado, y trabaja junto a tres motores eléctricos para sumar 920 CV. Lamborghini lo encuadra en su familia HPEV, las siglas en inglés de vehículo electrificado de altas prestaciones, y con él ha relevado al Huracán y a su V10 atmosférico, un cambio que a más de un amante del pedal le costó digerir y que el Temerario se ha ido ganando a base de vueltas de motor.

Esa mecánica no cambia ni una coma en el Tettonero, de modo que el coche corre lo mismo que cualquier otro Temerario y la diferencia queda para la vista.

Los datos de homologación que acompañan a la nota hablan de un consumo combinado de 10,3 litros a los 100 kilómetros más 6,4 kWh, con 252 gramos de CO2 por kilómetro, y de 14 litros con la batería descargada. Son cifras de híbrido enchufable de altas prestaciones, ni más ni menos, y dudo mucho que el comprador de un Tettonero las mire dos veces antes de decidir el color del capó. Sirven, eso sí, para recordar que el Temerario lleva enchufe y que puede moverse a ratos en modo eléctrico, algo impensable en un toro de Sant’Agata hace apenas una década.

Me gusta, en cambio, que Lamborghini repita una fórmula que ya estrenó con el Urus SE en la Semana del Diseño de Milán de 2026, donde presentó por primera vez el concepto de colección cápsula. Hacerlo ahora con el Temerario tiene bastante más chicha, porque un SUV bitono es casi una obligación comercial, mientras que un superdeportivo bitono es un capricho estético que recuerda a los tiempos en que estos coches nacían para quitar el hipo y no para cuadrar hojas de cálculo. Ojalá cunda el ejemplo en el resto de la gama.

Las cuentas pendientes del Tettonero

Me quedan un par de preguntas en el aire, y las dos tienen que ver con el bolsillo y con la exclusividad. Lamborghini no ha dado precio ni número de unidades, y tampoco ha dicho si la placa del interior llevará numeración.

Tampoco sé cuánto tardaremos en ver uno por la calle, porque los Lamborghini de series especiales suelen pasar del concesionario al garaje climatizado sin escalas. Si me tocara elegir, que no me tocará, me quedaría con el Viola Pasifae, porque el morado con negro tiene ese punto macarra de los ochenta que encaja de maravilla con un coche que se llama Temerario, y el amarillo de lanzamiento lo dejaría para quien quiera salir en todas las fotos de la gasolinera. Es una cuestión de gustos, claro, y Lamborghini ha montado la colección precisamente para que cada cual se haga el suyo con la combinación que le pida el cuerpo.

Solo me chirría el nombre bordado en los paneles de las puertas, porque un coche así ya se presenta solo y no necesita llevar la etiqueta cosida por dentro.

Por lo demás, el Tettonero me parece una forma muy de Lamborghini de mantener vivo el Temerario entre su presentación y una posible versión más radical, como las que ya han recibido el Urus SE con el Performante y el Revuelto con el SV. ¿Cuántas unidades saldrán de Sant’Agata y a qué precio? Ni idea, y sospecho que a sus compradores les dará exactamente igual mientras el capó negro siga llamando la atención en cualquier semáforo. Al fin y al cabo, quien firma un pedido así compra una pintura y una historia, no una hoja de precios.

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Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.
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