En un mercado que parece haber convertido la electrificación en el idioma oficial del automóvil, todavía hay fabricantes que llegan con una propuesta más sencilla. El BAIC X75 no intenta esconder que utiliza un motor de gasolina, que no tiene asistencia eléctrica y que su carrocería mide 4,75 metros. Tampoco presenta esa ausencia como una declaración de guerra. Simplemente aparece en España con una receta conocida, bastante equipamiento y un precio que obliga a mirar dos veces.
La noticia que ha puesto al X75 en el radar não es exactamente su llegada, sino la facilidad con la que puede gastar menos de lo que anuncia la homologación. Tras recorrer 2.000 kilómetros a plena carga y por carreteras de distinta orografía, una prueba de Motor1 registró una media de 7,6 litros cada 100 kilómetros, frente a los 8,3 litros homologados en ciclo WLTP. Para un SUV de gasolina con 177 CV, cambio automático y 60 litros de depósito, el dato tiene algo de sorpresa.
Aquella cifra, sin embargo, no convierte al X75 en un prodigio de eficiencia ni en un híbrido secreto. Se obtuvo con un 70 por ciento de autovías y autopistas, un 20 por ciento de carreteras nacionales y un 10 por ciento de ciudad, utilizando el modo Eco y conduciendo con suavidad, pero sin buscar el mínimo consumo posible. Su interés está en otro sitio: recuerda que un coche puede ser razonablemente eficiente sin necesitar una segunda propulsión para justificar su existencia.
Una rareza contemporánea
BAIC aterriza con el X75 en uno de los espacios más disputados del mercado español. El modelo se sitúa por encima del X55 y se mueve en esa frontera cada vez más difusa entre los SUV compactos grandes y los familiares de tamaño medio. Sus 4,75 metros de longitud, 1,89 de anchura y 2,80 metros de distancia entre ejes le permiten ofrecer una imagen de coche grande sin entrar en el territorio de los siete asientos.
El tamaño es una parte importante de su argumento. No parece un SUV urbano inflado para ganar presencia, sino un vehículo pensado para viajar con cinco ocupantes y equipaje. El maletero ofrece 410 litros, ampliables hasta 1.000 con los asientos traseros abatidos, una cifra que confirma que el X75 busca ser una herramienta familiar antes que un ejercicio de diseño.
Desde fuera, la receta visual tampoco pretende inventar una nueva especie. La carrocería combina una parrilla de grandes dimensiones, grupos ópticos LED, una tira luminosa frontal y un techo panorámico de 1,12 metros cuadrados. Hay una voluntad evidente de parecer moderno y bien equipado, pero el coche no necesita apoyarse en una identidad histórica ni en una tradición deportiva. Su presencia nace del volumen, de la superficie y de la cantidad de elementos que ofrece.
El contraste con buena parte de sus rivales europeos es evidente. Mientras Volkswagen, Peugeot, Renault, Hyundai o Kia han extendido la hibridación por sus gamas, el X75 llega con un cuatro cilindros de gasolina 1.5 turbo, inyección directa y 177 CV. El cambio es automático de doble embrague y siete relaciones, la tracción es delantera y el par máximo alcanza los 305 Nm entre 1.500 y 4.000 revoluciones por minuto.
El valor de no complicar la receta
La ausencia de hibridación puede parecer un inconveniente en la ficha técnica, y lo es en algunos escenarios. El X75 no tiene etiqueta ECO, no puede circular en modo eléctrico y su consumo homologado de 8,3 litros cada 100 kilómetros no resulta especialmente brillante en un segmento que cada vez recurre más a motores electrificados.
Al mismo tiempo, hay compradores para los que esa sencillez es una ventaja. No todo el mundo puede cargar un híbrido enchufable en casa, ni todos los usuarios quieren adaptar sus desplazamientos a una batería. Un motor de gasolina con cambio automático se entiende enseguida: se reposta, se arranca y se utiliza. No hay que aprender una nueva rutina ni confiar en que el sistema eléctrico esté disponible para que el coche tenga sentido.
La cuestión no consiste en decidir que la gasolina es mejor que la electrificación, sino en reconocer que la transición no avanza al mismo ritmo para todos. El X75 representa a ese cliente que todavía necesita un coche convencional, pero no quiere renunciar al espacio, al equipamiento ni a una posición de conducción elevada. Es una propuesta menos ambiciosa desde el punto de vista tecnológico, aunque quizá más fácil de explicar en el concesionario.
Con 177 CV, la marca anuncia una velocidad máxima de 200 kilómetros por hora y una aceleración de 0 a 100 en 9,8 segundos. No son cifras que pretendan convertir al X75 en un SUV deportivo. Sirven para mover con solvencia una carrocería grande y para que los adelantamientos y los viajes largos no parezcan una negociación permanente con el motor. Los tres modos de conducción —Eco, Confort y Sport— permiten modificar la respuesta, pero no cambian la naturaleza tranquila del conjunto.
Mucho coche por el precio
El X75 juega su partida más fuerte en el precio. El importe al contado es de 34.995 euros, mientras que la financiación a través de la marca puede dejarlo en 29.995 euros. La diferencia es suficientemente grande como para que la comparación deba hacerse con cuidado: el precio financiado no es equivalente a pagar 29.995 euros sin condiciones, y la cuota final dependerá de la entrada, el plazo, los intereses y el importe total adeudado.
Incluso con esa cautela, el BAIC ofrece una relación entre tamaño y equipamiento difícil de ignorar. De serie puede incluir llantas de 19 pulgadas, faros LED, techo panorámico, portón eléctrico, asientos delanteros con ajustes eléctricos, calefacción y ventilación, climatizador bizona, cargador inalámbrico y varias pantallas de 12,3 pulgadas. La instrumentación y el sistema multimedia se complementan con una pantalla inferior de 7 pulgadas para el manejo de la climatización.
También hay un paquete de asistentes a la conducción que incluye control de crucero adaptativo, frenado automático de emergencia, mantenimiento de carril, alerta de fatiga y aparcamiento automático. El sistema de control de crucero inteligente se anuncia con capacidad de nivel SAE 2, una denominación que exige recordar que el conductor debe seguir supervisando permanentemente el vehículo. La tecnología ayuda, pero no sustituye la atención.
La garantía de cinco años o 100.000 kilómetros y la presencia de más de 25 concesionarios oficiales de la marca en España intentan responder a una de las dudas naturales ante cualquier fabricante recién llegado: quién se ocupa del coche después de la compra. En un modelo como el X75, la red comercial y la posventa pueden ser tan importantes como la potencia o la pantalla central.
Un gigante práctico que huye de modas digitales y mecánicas complejas para recordar que, para muchos conductores, un buen motor de gasolina y mucho sitio siguen siendo suficientes
Entre el SUV familiar y la declaración de intenciones
El BAIC X75 se encuentra con rivales muy distintos. Por tamaño puede compararse con modelos como el Škoda Kodiaq o el Hyundai Santa Fe, aunque su planteamiento mecánico y su precio lo acercan más a otros SUV chinos como el Omoda 5, el Jaecoo 7, el MG ZS o el DFSK Glory 580. Frente a los fabricantes europeos, su defensa es el equipamiento. Frente a otras marcas china, necesita demostrar que el precio y la red de servicio no son sus únicos argumentos.
La prueba de consumo aporta una pequeña victoria narrativa. Que un SUV de gasolina gaste menos de lo homologado no es algo que pueda darse por hecho, pero tampoco debe transformarse en una promesa universal. El resultado depende de la ruta, la carga, la temperatura, el estilo de conducción y el uso del modo Eco. Lo importante es que el X75 no parece penalizar de forma desproporcionada su tamaño y su motor cuando se utiliza en un viaje realista.
Más interesante todavía es la forma en que el coche se coloca ante el momento actual. BAIC no vende el X75 como una máquina de culto ni como una pieza de ingeniería revolucionaria. Lo ofrece como un producto amplio, equipado y comprensible, con una imagen suficientemente moderna para no parecer atrasado. Esa normalidad puede ser su mayor virtud en un mercado lleno de promesas tecnológicas.
El futuro del automóvil seguirá avanzando hacia la electrificación, y es probable que el X75 parezca pronto una anomalía. Pero las anomalías también explican una época. Su presencia recuerda que todavía existe una demanda para la que el coche no necesita ser una plataforma digital, una declaración ecológica ni un objeto de diseño. A veces basta con que consuma lo razonable, tenga espacio, se conduzca con facilidad y cueste menos que lo que aparenta.
Por eso, el BAIC X75 no llega para cambiar la historia del automóvil. Llega para ocupar un hueco. Lo hace con un motor de gasolina en tiempos de transición, con una carrocería grande en un mercado dominado por el precio y con una dotación que intenta compensar la falta de una marca conocida. Quizá su verdadera importancia no esté en ser mejor que todos sus rivales, sino en demostrar que aún hay sitio para quien prefiere una respuesta sencilla mientras el resto de la industria aprende a complicarlo todo.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".