Tal vez merezca la versión naked del Audi R8 ser considerada, por funcionalidad, historial y rareza, el coche de la casa. Una casa dedicada a la venta de repuestos, representada por un ejemplar modelo 2012 del superdeportivo alemán recuperado a base de repuestos. Los faros de Ford Mustang y los espejos retrovisores de Honda S2000 sobresalen de una serie de modificaciones. Éstas, obligadas después de adquirirlo con los daños incluidos, producto de uno de esos accidentes que mejor no subestimar.
Claro, no era cualquier R8 el que LeeC Parts estaba comprando. En posición central-trasera, le esperaba un V10 que ya había sido mejorado para generar, doble turbocompresor mediante, unos inusitados 1.700 caballos de potencia en caso de que fuese alimentado con gasolina de carrera de 100 octanos mínimo. El resultado fue un R8 apto para lucirse en carreras de aceleración –de allí su jaula antivuelco y sus asientos Recaro–, pero matriculado y con todos los papeles en regla para su andar cotidiano como un coche más.
Pero está a la vista que no fue un coche más, sino un Audi R8 al desnudo. Si hablo en pasado, es porque en 2022 fue puesto a subasta y ya no se lo ve por el local. Sin paneles, sin capó, sin puertas, sin cubierta de motor. Similar al Dodge Challenger de estructura tubular, pero en modo dark y más amenazante. Ese R8 fue, entonces, la visión de LeeC Parts y un cúmulo de sus repuestos, pero también la muestra de una faceta que va más allá de lo funcional. La empresa ubicada en el estado de Maryland –a pocos kilómetros de Baltimore y Washington D.C.– pareciera difundirse como algo más que un taller de ventas de autopartes. Entre paredes o bien en exteriores, LeeC Parts expone a los deportivos que llegan como obras de arte conceptual.
Sabiéndose el destino final de los deportivos varios que acaban en sus instalaciones, la casa norteamericana les toma esa última fotografía, un segundo antes del desguace, que se le saca a un preciado objeto a punto de dejar de existir. Para no olvidar al vehículo proveedor, para dejar constancia de las ruinas y el accidente que lo envió sin escalas a sus manos, para dirigirse atentamente a los propietarios del modelo de ocasión y que tomen nota de las piezas disponibles.
“¡Un Mustang de Rush Performance destruido será eliminado!”, posteó en marzo del 2025, desde sus canales de difusión, sobre una unidad irreconocible, en un estado que nos invita a imaginar la siguiente escena: Unimogs, full-size de RAM y Hummers H1 turnándose para pasarlo por encima una y otra vez. El mencionado convertible japonés es tan habitué como el caballo del óvalo estadounidense. “¡Estos S2000 son cada vez más difíciles de encontrar con buenas piezas y sin mucho kilometraje! (…) Está en perfecto estado. (…) Se está desmontando ahora mismo”, había publicado, semanas atrás, sobre un Honda S2000 modelo 2004 con componentes intactos, a pesar de los daños en parabrisas y carrocería, sobre todo del lado del acompañante.
Del Subaru BRZ, del Mitsubishi Evo, del Mazda Miata/MX-5, del Porsche 911 y de las distintas generaciones del Cayman/Boxster –mayoría de la 987, la segunda–. Del Corvette, como lo grafica el C6 ZR1 de la portada. Del M3 de BMW también hay stock, pero las piezas disponibles se cuentan con los dedos de las manos. El R8 no podía no aportar repuestos a su catálogo de eBay, tampoco los de la versión GT. El abanico es amplio y los fines de LeeC Parts se limitan a lo comercial para quien no quiere ver más allá. El recurso paralelo, la instancia previa al desguace, ese segundo antes, funciona como un noble e identitario rasgo en su sede de Kent Island.


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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.