Ver las imágenes del accidente de trenes en Adamuz me dejó sin palabras y me llenó de pena. La rabia vino después, cuando volví a darle vueltas al estado en el que tenemos las infraestructuras españolas mientras el gobierno nos saca cada año cifras astronómicas en impuestos.
El accidente me hizo pensar en las carreteras por las que circulamos a diario. Unas vías que están plagadas de grietas, baches y desagües hechos mierda, y que nadie arregla porque supuestamente no hay dinero para mantenimiento.
Las cifras de la Asociación Española de la Carretera dan vergüenza ajena porque más de la mitad de nuestras carreteras están peor que cuando Felipe González dormía en la Moncloa en 1985. Reparar los 34.000 kilómetros nos costaría 13.491 millones, y el Ministerio de Transportes se jacta de haber invertido 1.548 millones el año pasado como si fuera una gesta heroica mientras que los expertos de ACEX tienen otros números que dicen que tendríamos que gastar 3.932 millones cada año solo para que la cosa no vaya a peor.
Si cada año sacamos del bolsillo 21.500 millones entre lo que pagamos de gasolina, cuando nos matriculamos el coche y las multas que nos clavan, alguien debería explicarnos qué pasa con toda esa pasta.
La mitad de España circula sobre unas carreteras tercermundistas
La Asociación Española de la Carretera no deja lugar a interpretaciones optimistas, porque el 52% de la red viaria nacional presenta deficiencias graves o muy graves, y eso incluye carreteras estatales, autonómicas y provinciales (me da igual de quien sea la competencia cuando el resultado es lo que vivimos como contribuyentes). Aragón, mi comunidad autónoma, encabeza el ranking de la vergüenza con un 68% de su red en estado crítico, y puedo dar fe de que la cantidad de socavones, marcas de suelo ilegibles, etc. que suelo ver, es escandalosa. La siguen Castilla-La Mancha y Galicia con un 59% cada una, mientras que Asturias y Murcia rondan el 53%. Cataluña está en el 34%, Navarra en el 32% y Andalucía en el 30%, así que lo raro es que haya alguien que no circule sobre asfalto destrozado.
La Comunidad Valenciana es la única que se salva con un 15% de su red en mal estado.
Los presupuestos de conservación se han ido recortando sistemáticamente desde 2008 y el déficit acumulado ha ido creciendo año tras año hasta alcanzar esos 13.491 millones de euros que nadie parece tener prisa por invertir, porque reparar toda la red costaría 4.721 millones en carreteras estatales y 8.770 millones en vías autonómicas y forales. Como digo, casi dos tercios del problema está en manos de las comunidades autónomas, pero eso no cambia el hecho de que circulamos sobre firmes hundidos, curvas mal peraltadas y asfalto agrietado que no nos merecemos con lo que pagamos.
Habiendo señalado a las comunidades, también debo apuntar que el gobierno central se lleva la mayor parte de los impuestos que pagamos por circular, pero luego delega la gestión en las autonomías sin darles el dinero necesario para mantener las carreteras, o decidiéndolo mediante intereses políticos. Ellos lanzan balones fuera y nosotros pagamos impuestos prémium por circular sobre unas infraestructuras que se caen a pedazos.
Nos sangran a impuestos sin invertir lo más mínimo
Los conductores españoles metemos al Estado más de 21.500 millones de euros cada año entre impuestos especiales sobre carburantes, IVA, matriculaciones y multas de tráfico, porque los impuestos especiales sobre combustibles recaudaron 20.757 millones en 2023, las multas de la DGT batieron récord con 501,43 millones y el impuesto de matriculación sumó otros 777,7 millones en 2024. Todo eso sin contar el IVA sobre combustibles y vehículos ni el impuesto municipal de circulación, que hincharían la cifra todavía más.
Con ese nivel de recaudación, cualquiera pensaría (o al menos eso nos cuentan) que pagamos impuestos para tener carreteras, hospitales y escuelas. La realidad es que de esos 21.500 millones solo 1.548 se destinan a mantener la red estatal de carreteras.
La patronal ACEX tiene clarísimo que harían falta 1.610 millones anuales solo para la red estatal, 1.628 millones para las autonómicas y 694 millones para las provinciales, lo que suma esos 3.932 millones de los que hablábamos antes. Estamos invirtiendo en mantenimiento menos de la mitad de lo necesario y encima nos vienen con discursos triunfalistas sobre récords históricos, cuando el récord de verdad es el descaro con el que nos toman el pelo año tras año mientras se fuman el dinero en quién sabe qué y las carreteras siguen destrozadas.
Es cierto que 1.548 millones es más de lo que se había invertido en los años anteriores, pero sigue siendo una cantidad ridícula comparada con lo que recaudan y con lo que realmente haría falta para tener unas infraestructuras propias del primer mundo. El resto del dinero desaparece en el agujero negro de las cuentas públicas sin que nadie dé explicaciones sobre dónde va realmente, porque la transparencia es más rara en España que un perro verde.
Señales baratas en vez de arreglar el asfalto
A la DGT le ha dado últimamente por poner señales de 100 km/h en los tramos más jodidos para compensar el estado lamentable del firme sin gastarse un euro en obras. Es más barato cambiar un cartel que reconstruir una autovía, así que reducen la velocidad y te venden la medida como una apuesta por la seguridad vial y el ecologismo cuando en realidad es un parche para disimular que no han mantenido la infraestructura como debían.
No es ninguna paranoia: Los tramos marcados coinciden casualmente con carreteras que arrastran años de mantenimiento cuestionable.
El argumento de la seguridad vial es el comodín de siempre, pero es un argumento enormemente tramposo cuando los coches de hoy no tienen nada que ver con los de hace 40 o 60 años: frenan mejor, agarran mejor y protegen mucho más a sus ocupantes. El problema no es ir a 120 km/h, sino circular por carreteras con los firmes hundidos, peraltes mal hechos y asfalto agrietado. Si la infraestructura estuviera en condiciones, nadie tendría que tocar los límites, pero como arreglar una autovía cuesta millones, prefieren recortar velocidad y venderlo como seguridad, cuando en realidad es la forma más barata de tapar décadas de abandono.
Cada foto de radar que te sacan en una recta decente forma parte de esos 501 millones de euros anuales en multas que van directas al Estado, y ese mismo Estado no invierte ni la mitad de lo necesario en mantener esas mismas carreteras por las que nos multa. La ironía es tan gorda que ni siquiera hace falta comentarla, porque las cifras hablan solas y lo que dicen es que se están cachondeando de nosotros.
Queremos cuentas claras, no discursos vacíos
El accidente de Adamuz es un recordatorio trágico de que las infraestructuras españolas están al límite y que seguir recortando en mantenimiento mientras se recaudan cifras astronómicas en impuestos es una irresponsabilidad criminal. Los españoles no pedimos nada del otro mundo, solo queremos que el dinero que nos sacan cada año en concepto de circular por este país se invierta realmente en mantener las carreteras en condiciones dignas, porque eso es exactamente para lo que nos dijeron que servían esos impuestos cuando nos los metieron.
Llevamos años escuchando que no hay dinero para esto o aquello mientras los gobiernos autonómicos y el central se tiran los trastos a la cabeza sobre quién tiene la competencia de qué carretera, pero el dinero sí hay porque lo recaudan de sobra y día sí, día también leemos noticias de donaciones a ciertos países. Lo que no hay es voluntad de invertirlo donde hace falta ni transparencia para explicar dónde se lo gastan realmente, así que seguiremos circulando sobre carreteras que deberían dar auténtica vergüenza a cualquier administración que se tome mínimamente en serio la gestión del dinero público. Las cifras están ahí: 21.500 millones de recaudación frente a 1.548 millones de inversión.
¿¿Dónde está nuestro dinero??


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Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS