Turín, cuna y epicentro del diseño automotriz italiano. Allí, estos han sido días de movimiento, de movimiento de clásicos. Bueno, no en el sentido más literal de la palabra, porque en lo acontecido en dos eventos simultáneos primó más la estática exposición de íconos del pasado que el andar que alguna vez los caracterizó. Más a unos que a otros, pues hubo espacio para modelos de producción y concept cars de la casa. Pininfarina llevó lo suyo. Una postal para el recuerdo nos ha dejado en el Salone Auto Torino.
Al Palacio Real llevó siete de sus creaciones para ubicarlas en plena Plaza de Honor. La estrella, con motivo de su 50° aniversario y ocupando el centro, el Ferrari 308 GTB, rodeado de exóticas propuestas como el Honda HP-X, el Ferrari Sergio –uno de los diseños modernos más notables de la firma–, el Alfa Romeo 2uettottanta, que en 2025 celebra sus 15 años, el Sintesi 2008 y su plateada y distinguida carrocería, la hiperbarchetta eléctrica B95 y el más clásico del espacio: el Cisitalia 202, que en 2026 soplará 80 velas.
Mientras tanto, a pocos kilómetros, el más mítico de sus prototipos era desempolvado. En la Piazza Sagna del pueblo vecino de Revigliasco Torinese, el Ferrari Mythos, que en octubre celebra 36 años desde su presentación mundial, fue la estrella del Festival Car Concours d’Elegance. Allí se lo vio a este revolucionario biplaza. Revolucionario y experimental, porque sirvió para poner en práctica funciones y tendencias como la aerodinámica activa y la fibra de carbono como material absoluto de la carrocería. Novedosas para su época y para la época en la que la industria entraba, la década de los noventa.
Si el fabricante de Maranello lanzara un libro de antología con los diseños menos Ferrari de su historia, el Mythos debería ocupar algunas páginas. ¿Quién se podía imaginar que debajo de ese estilo ya atemporal en su tiempo se escondía el chasis del Testarossa? La berlinetta del ’84 fue objeto para la base de diversos conceptos, pero ninguno logró la singularidad y la rareza que supo transmitir este biplaza. Por otro lado, con su nombre ya presagiaba su destino como pieza de deseo de los más exclusivos coleccionistas.
Es que mientras leyendas como el Honda NSX daban la cara por primera vez en el Tokyo Motor Show de 1989, el Ferrari Mythos se presentaba en sociedad y el mito sobre su historial, valga la redundancia, empezaba a escribirse allí, en el Makuhari Messe, centro de convenciones al que se había mudado el tradicional Salón para aquella 28° edición. Cuenta la leyenda que a dicho recinto asistió quien se convertiría de inmediato en el propietario del ejemplar original: el japonés Shiro Kosaka. Considerado uno de los grandes coleccionistas de clásicos, la historia indica que llevó al Mythos a su museo, el Gallery Abarth, y que, al cerrar éste, el Ferrari regresó a las instalaciones de Pininfarina en Cambiano.
Fue un concept car disputado. No por nada el carrocero italiano lo define como una “obra maestra del diseño”. El sultán de Brunéi también habría estado presente en aquella exposición de 1989 y, lejos de resignarse por no haber podido adquirirlo, encargó a Pininfarina unidades que solo él tendría, de carrocería cerrada gracias a la fabricación de un panel de techo desmontable y agregados como espejos retrovisores laterales que, como verán en las recientes fotos publicadas, brillan por su ausencia en el ejemplar original.


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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.