Un coche de interés, más de lo que el paso del tiempo nos ha hecho creer. El sucesor del clásico de clásicos de Maranello merece justicia. El eclipse en forma de saga 250 se ha perpetuado de generación en generación y ha ocultado su brillo a pesar de la fuerza propia, que la tiene sin lugar a dudas.
Un ejemplar del Ferrari 275 GTB, uno de los 250 fabricados de la versión de morro corto, lleva colgado el cartel de FOR SALE en Estados Unidos, donde experimentó una serie de cambios desde su llegada en 1970. El primero estuvo destinado a la apariencia. Cual transición a la TV a color, este modelo 1965 pasó del gris de fábrica de sus primeros años en Italia a un tono que Marcel Massini denominó “Rojo Manzana Metalizado Brillante” en su informe histórico. Si el experto en la marca se pronuncia, ¿quiénes somos nosotros para objetar?
Algo rara se siente la cabina: todo en su lugar hasta que diriges la mirada a la guantera… o adonde se supone que debería estar. Esta expansión del tablero de madera hacia la zona del acompañante, que habría sido aplicada en aquellos días jóvenes de sueño americano, nos enseña que los cambios pueden ser sutiles y al mismo tiempo sustanciales.
Ferrari 275 GTB: cuando la máxima se aplica de la forma más pura
Del cambio de siglo a esta parte, su carrocería fue repintada en reiteradas ocasiones. El motor tampoco tuvo tiempo para el aburrimiento. Primero por una reconstrucción de bienvenida al nuevo milenio y, dos décadas después, tras la toma de posesión del aún actual dueño en 2024, debido a un service completo. Pero sigue siendo aquel. El doce cilindros que monta bajo el capó sigue siendo aquel. La caja de cambios manual de cinco también.
Un coupé que es historia viva por dos motivos. Uno: por ser superviviente en una especie que se sabe en extinción desde el momento en que Ferrari lo sentenció a una cantidad que hoy asumimos como limitada. Dos: por dar cuenta de una solución mecánica que marcó un antes y un después en el fabricante italiano.
“Un ejemplo más de cómo se usaban las carreras para mejorar los vehículos de producción”, desliza Ferrari sobre la clave del 275. Lo cierto es que la máxima es, en ocasiones, más que esa frase repetitiva que la industria del automóvil nos ha enseñado desde sus orígenes. El lazo del deporte de motor con la saga 250 es conocido por propios y extraños, pero el forjado con el Ferrari 275 de serie es uno de los más puros. Si su sucesor se ganó ser la referencia y el clamor popular, este biplaza fue la sofisticación del día después.
No solo por rasgos tales como las regillas laterales o la calandra, ambas constantes ya desde sus predecesores. Por haber sido el primer Ferrari para el cliente en llevar suspensión trasera independiente y el primero en aplicar el transeje con caja delantera y diferencial trasero –y por haberlos aplicado en la línea de montaje tras la experiencia fresca de leyendas de circuito como el 250 LM y el 250 P, ambos mitos de Le Mans–, el Ferrari 275 GTB fue la evolución que le dio sentido real al del circuito a la carretera.
Por si acaso, esos faros carenados, especificación que, con lógica excepción del GTO, ninguno de los Ferrari 250 concebidos para la carretera osó incluir. Si el destino es sabio, la unidad en espera caerá en manos de alguien que sabe lo que quiere y entiende el papel de este modelo en aquellos gloriosos años sesenta para el Cavallino Rampante.




Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.