Vaya por delante que no me gusta, el Ferrari F80 no me gusta. Creo que, para ser un Ferrari, le falta esencia, su diseño no tiene el equilibrio ni el gusto estético –sin dejar de lado las funcionalidades aerodinámicas– de otros modelos de Ferrari ya descatalogados. Creo, con solo verlo, que su diseño es forzado, algo muy común en la industria actualmente y por muy bueno que sea aerodinámicamente hablando, no es bonito, ni siquiera me resulta emocionante. Sí, puede que sea muy espectacular, superllamativo, pero bonito no es. Y eso, cuando se habla de un Ferrari, dice mucho.
No obstante, aunque no me gusta estéticamente, tengo clara una cosa: es el Ferrari “aniversario” más auténtico desde el F50 y es algo en lo que mucha gente no se ha parado a pensar, o bien, no ha querido.
Ferrari, para su octava celebración de aniversario, decidió recuperar una denominación que, seamos sinceros, nunca debería haber abandonado. El nombre del fundador se podría haber usado para otra edición especial y no para un “modelo aniversario”, al igual que el nombre de LaFerrari se podría haber usado para otro modelo. Esos coches deberían haberse llamado Ferrari F60 y Ferrari F70, de forma que se continuara con la nomenclatura que se inició con el ya más que mítico Ferrari F40 y con el no menos icónico Ferrari F50. Pero esto es, no obstante, algo secundario y tiene que ver más con gustos personales que con algo realmente importante, lo que sí tiene peso y parece que a todo el mundo se le escapa, es que no solo se recuperó una denominación histórica, también se ha vuelto a apostar por aquello que se inició con el Ferrari F40: una transferencia directa de la tecnología y la técnica de competición directamente a la calle.
Muchos dirán que eso también se hace con el Enzo Ferrari y con el LaFerrari –estos son, realmente, las auténticas denominaciones–, pero en ambos modelos hay una licencia claramente comercial y “de imagen”: el motor V12. Solo uno de los “especial aniversario” de Ferrari debía llevar un doce cilindros: el Ferrari F50. En la década de los 90, Ferrari empleaba un propulsor V12 en la Fórmula 1 y el F50 toma, directamente, el motor de un monoplaza de la máxima categoría del automovilismo. Eso sin contar, obviamente, el empleo de materiales y técnicas tomadas de las carreras –motor anclado al chasis sin elásticos, fibra de carbono, aluminio… –. El F40 seguía el mismo camino, de hecho, fue este modelo el que marcó las pautas: motor inspirado en competición –en los 80, Ferrari empleaba un V8 turbo, el 126C, en Fórmula 1–, materiales procedentes de las carreras –kevlar, fibra de vidrio, aluminio… – y sin compromisos; el Ferrari F40, así como el Ferrari F50, eran coches de competición con matrícula y con algún guiño al lujo, como las tapicerías o los sistemas de calefacción.
Los Enzo y LaFerrari también tomaban cosas de la competición, como la aplicación masiva de la electrónica –Enzo Ferrari– y la hibridación tipo KERS –LaFerrari–, así como materiales, técnicas y demás. Pero no eran tan fieles a la saga, porque empleaban motores que no se usaban en competición, montar motores V12 era un “guiño” a la historia de la marca y, digamos, una concesión a los aficionados, siempre pendientes de que la firma italiana use motores de doce cilindros como siempre quiso el señor Enzo Anselmo Ferrari. Y ese apartado es el que les aleja de la fidelidad que deberían haber tenido y que sí tiene el Ferrari F80.
El Ferrari F80, aunque muchos no quieran aceptarlo, es el más fiel a la saga desde el F50. He visto que los medios grandes, Top Gear, EVO Magazine, Autobild… se han puesto a los mandos del superdeportivo italiano y aunque todos, sin excepción, admiten que el coche es extraordinario, que anda como el demonio, que la tecnología es brutal, también cometen lo que, a mis ojos, es un error: criticar la presencia de un motor V6 en lugar de un V12. La contradicción es evidente: critican el motor mientras alaban todo lo que ese motor hace posible. Es entendible, o incluso lógico, que se critique la ausencia de un V12 en los grandes GT de la marca, en coches como la saga del Ferrari 12Cilindri, es el “auténtico Ferrari”, el coche que Enzo quería fabricar por encima de cualquier otra cosa: un deportivo de motor delantero con 12 cilindros. Todo lo demás es subjetivo, pues tras los grandes V12, Ferrari empezó a usar motores V6 en posición central, para después, hacer lo mismo con motores V8. Y además, como vengo diciendo, la saga aniversario no tiene relación alguna con los motores V12, la tiene con la competición y con la tecnología que se usen en cada ocasión.
Así, por tanto, la monta de un motor V6 sobrealimentado con grupo híbrido es totalmente fiel a la idea inicial de la saga, uno de los más fieles. Quizá por eso emplea la famosa denominación con la letra F y el número en representación de los años que cumple la compañía, porque recupera la esencia de los F40 y F50 y, por tanto, debía llamarse F80. Ferrari podría haber montado un V12 atmosférico “porque sí”, para contentar a los nostálgicos. Habría vendido igual de bien –o mejor–. Pero habrían traicionado el concepto fundacional de estos coches: ser competición pura con matrícula. El F80 lleva V6 porque Ferrari compite con V6 en F1, en WEC, en GT. Punto. Si eso no te gusta, el problema no es el coche. Es que no entiendes qué es un Ferrari “aniversario”.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".