Ford Thunderbird 1959 con V8 Cammer, el sleeper total

Ford Thunderbird 1959 con V8 Cammer, el sleeper total

Lujo por fuera, potencia por dentro


Tiempo de lectura: 7 min.

El Ford Thunderbird de 1959 era un coche diseñado para pasear, lucirse y llegar al club de campo como un señor. Ford lo concibió como un turismo de lujo para cuatro personas con motores V8 de gran cilindrada, suspensiones blandas y un estilo que gritaba América de los cincuenta por cada cromado. Nadie en su sano juicio lo asociaría con un coche de carreras.

Por eso hacía falta alguien que no estuviese bien de la cabeza para meterle un V8 427 SOHC “Cammer” preparado por Holman-Moody capaz de entregar hasta 490 kW (unos 657 CV) según la puesta a punto.

El motor ni siquiera existía cuando este Thunderbird salió de fábrica, porque Ford no lo desarrolló hasta 1964 en un programa relámpago de apenas 90 días, y eso es lo que convierte a este coche en algo absurdo y maravilloso a partes iguales. Este es un lobo con piel de coche de domingo.

El resultado es un sleeper de manual. Un Thunderbird que por fuera mantiene su pintura Colonial White original, sus tapacubos cromados sobre llantas de acero de 14 pulgadas y su interior en cuero Hickory Tan, pero que esconde bajo el capó un bloque de competición pura con árbol de levas en cabeza que Ford creó específicamente para tumbar al Hemi 426 de Chrysler en NASCAR.

1959 ford thunderbird coupe Ford BaTCammerBird Whi 1 95649 scaled jpg El Square Bird, un giro radical para el Thunderbird

El Thunderbird de primera generación (1955-1957) había sido un biplaza personal, una especie de respuesta elegante al Corvette pensada para quienes querían deportividad con un toque de refinamiento. Ford vendió 53.166 unidades en tres años, una cifra decente pero insuficiente para Robert McNamara, el ejecutivo que apostó por transformar el modelo en algo completamente distinto.

La segunda generación debutó en 1958 y los entusiastas la bautizaron como “Square Bird” por sus líneas más cuadradas, obra del diseñador Joe Oros. Ford amplió la batalla hasta 2,87 metros y la longitud total superó los 5,20 metros, así que el Thunderbird pasó de biplaza a un auténtico cuatro plazas sin convertirse en un sedán convencional. La construcción monocasco fue una decisión técnica notable para un coche de especialidad de Detroit en aquella época, porque mejoraba tanto el empaquetamiento como la rigidez estructural.

El túnel de transmisión central era enorme, pero los diseñadores de Ford lo convirtieron en virtud. Lo flanquearon con asientos individuales delanteros y una consola central que recorría todo el habitáculo, creando un ambiente de habitáculo que la industria copió masivamente durante la década siguiente. Las líneas del techo cuadrado, los cuatro faros delanteros y esas aletas traseras agresivas eran pura América de la era del jet, y al público le encantó.

Las ventas lo demostraron sin discusión porque Ford produjo 198.191 unidades entre 1958 y 1960, casi cuatro veces más que la primera generación. McNamara quedó reivindicado, y el Thunderbird se consolidó como un nicho de mercado que prácticamente no existía antes de que él lo creara.

1959 ford thunderbird coupe Ford BaTCammerBird Whi 18 95802 scaled jpg 1 Mecánica original, comodidad sin pretensiones deportivas

El corazón de la gama era el V8 FE de 5,8 litros (352 pulgadas cúbicas) que rendía 300 CV en configuración Thunderbird, acoplado a una caja manual de tres velocidades o a la transmisión automática Cruise-O-Matic que la mayoría de los compradores elegía sin pensárselo. Ford ofrecía además un V8 MEL de 7,0 litros (430 pulgadas cúbicas) con 350 CV como opción para quienes quisieran más empuje, aunque la potencia nunca fue el argumento principal del coche.

La suspensión delantera independiente combinaba muelles helicoidales con trapecios desiguales, mientras que el eje trasero rígido iba guiado por brazos longitudinales y también montaba muelles helicoidales. El objetivo era claro: lograr un confort de crucero, una buena estabilidad en autopista y un comportamiento predecible que no asustara a nadie. Los frenos eran de tambor en las cuatro ruedas, algo absolutamente normal para la época, aunque hoy suene a temeridad.

Lo que casi nadie recuerda es que el Square Bird tuvo un éxito notable en NASCAR. El V8 de 7,0 litros resultó ser un bloque competitivo en óvalo, y pilotos como Curtis Turner, Johnny Beauchamp, “Tiger” Tom Pistone y Cotton Owens sumaron seis victorias en la máxima división durante 1958. Un coche de lujo ganando carreras: Ford debió disfrutar la ironía.

Ford mantuvo la gama con cambios progresivos en vez de recurrir a rediseños radicales anuales. El modelo de 1959 trajo refinamientos de detalle, y el de 1960 incorporó un tercer elemento en el grupo óptico trasero y un techo solar metálico deslizante opcional conocido como “Golde Top”, una rareza que los coleccionistas buscan con especial interés porque quedan muy pocos.

1959 ford thunderbird coupe ford batcammerbird whi 85 14325 jpg El V8 Cammer, un motor nacido para destronar al Hemi

El 427 SOHC nació en 1964 como respuesta directa al Chrysler 426 Hemi, el motor que dominaba NASCAR con puño de hierro. Para ello, Ford reunió a su equipo de élite en el llamado “X-Garage” y les dio un plazo de 90 días para desarrollar un V8 capaz de plantar cara al Hemi, así que el resultado fue un bloque de 7,0 litros con un árbol de levas en cabeza por bancada accionado por cadena que podía alcanzar regímenes impensables para un motor americano de la época. Como curiosidad, esos 90 días son los que mencionan en la película “LeMans 66”, aunque el coche no tenga nada que ver.

El apodo “Cammer” venía precisamente de esa configuración de árbol de levas en cabeza (overhead cam en inglés), algo casi exótico en el mundo de los V8 americanos de válvulas en bloque de la época. Ford lo diseñó con el alto rendimiento en mente, y Holman-Moody (el preparador oficial de Ford para competición) se encargó de llevar esos motores al límite con configuraciones que podían superar los 490 kW sin despeinarse.

El problema fue que NASCAR cambió las reglas antes de que el Cammer pudiera competir oficialmente, así que Ford se quedó con un motor brutal, pero sin categoría donde correr. El bloque acabó convirtiéndose en leyenda del drag racing y en una pieza de coleccionista muy codiciada porque la producción fue limitada y cada unidad preparada por Holman-Moody tiene un valor histórico enorme.

Meter ese motor en un Thunderbird de 1959 es una decisión que mezcla irreverencia con buen gusto. El Cammer nunca podría haber salido de fábrica en este coche porque sencillamente no existía todavía, pero la combinación funciona de un modo casi poético: un motor de guerra dentro de un salón rodante, con una caja manual de tres velocidades y dirección asistida para que el conductor pueda manejarlo sin necesitar brazos de leñador.

1959 ford thunderbird coupe ford batcammerbird whi 29 14362 jpg Un sleeper con todas las de la ley

Este Thunderbird en concreto mantiene la pintura Colonial White que le da un aspecto de jubilado respetable, complementada por el interior en cuero Hickory Tan que huele a club privado de los años cincuenta. Las llantas de acero de 14 pulgadas con tapacubos cromados llevan neumáticos Coker Classic de banda blanca (225/75), porque nada dice “no soy una amenaza” como unos neumáticos de banda blanca en un coche de época.

El escape personalizado es probablemente lo único que delataría al motor cuando el coche está en marcha, porque un V8 de 7,0 litros con árbol de levas en cabeza no suena exactamente como el motor original de serie. Los frenos de tambor en las cuatro esquinas siguen ahí, así que conviene tener cierto respeto por la física cuando los 657 CV deciden despertar del todo.

El coche se ofrece a la venta desde Elkhart Lake, en Wisconsin, con el manual de taller y un título limpio de Nueva Jersey. No es un restomod con pantallas táctiles ni suspensión neumática pilotada por ordenador porque es un coche clásico con un motor absurdamente potente metido con calzador y buen criterio, que mantiene toda la personalidad del Thunderbird original, pero con capacidad para dejar en ridículo a deportivos modernos en un semáforo.

Eso es exactamente lo que define a un sleeper: Es un coche que no aparenta lo que esconde, y este Thunderbird lo borda porque nadie espera casi 660 CV de un turismo americano de finales de los cincuenta con banda blanca y tapacubos cromados. Es el tipo de coche que provoca una sonrisa torcida cada vez que alguien pisa el acelerador a fondo y el Cammer responde con toda la furia que Holman-Moody le puso dentro.

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Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.

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