El Mercedes 300 SE podía considerarse, a mediados de los 80, como la opción más equilibrada para quien buscaba tener máxima calidad y representación, pero sin “sufrir” en exceso los gastos que conllevaba un coche de este calibre cuando iba animado por los motores V8.
Los años 80 fueron especiales para Mercedes. Bruno Sacco, al mando del departamento de diseño, logró cambiar la imagen de la compañía casi al completo sin que ello supusiera una pérdida de personalidad, de esencia o de representatividad. Mercedes, en España, era la pura imagen del éxito y si, además, se trataba de un Clase S, la cosa se volvía más especial.
España, en aquellos años, todavía tenía las fronteras con muchos impedimentos. Aunque la década de los 80 trajo consigo una apertura hacia el exterior gracias a la adhesión a la Comunidad Económica Europea, todo lo que venía de fuera sufría una elevada carga impositiva. Sirva de ejemplo que en enero de 1986 entró en vigor nuestro ya clásico IVA –Impuesto sobre el Valor Añadido–, el cual sustituyó al antiguo Impuesto de Lujo con un tipo incrementado del 33% para los coches de importación.
Sí, se eliminó el impuesto de lujo, pero se puso otro que no cambió demasiado las cosas; todavía suponía un incremento de precio mensual considerable. Por ello, si alguien conducía un Mercedes, es porque había llegado lejos. El caso es que, por lo general, tener dinero no significa querer despilfarrarlo. Por eso, quienes buscaban el máximo exponente del automovilismo alemán sin caer en la exageración de los consumos de un 560, se decantaban por el Mercedes 300 SE.
Uno de los últimos Mercedes desarrollados sin tener en cuenta los costes; el W126 era el coche que te comprabas, cuando no querías comprarte más coches nunca más
El 300 SE era la opción más lógica de la gama W126, el que para muchos es el mejor Mercedes de la historia. Bruno Sacco supo darle la modernidad que necesitaba la firma sin perder un ápice de la prestancia que se espera de la marca. De hecho, lo elevó a un nuevo nivel al diseñar un coche con un Cx de 0,36, una cifra espectacular para un sedán cuya longitud se iba a los 5.020 milímetros –5.160 mm en el caso de las versiones SEL de batalla larga –. Era un coche enorme, y lo sigue siendo. Sin embargo, sus consumos solo eran aptos para bolsillos pudientes.
Bajo el capó del Mercedes 300 SE estaba el casi eterno M103, un seis cilindros en línea atmosférico de 2.962 centímetros cúbicos, culata sencilla –un árbol de levas y dos válvulas por cilindro– con taqués hidráulicos, que rendía 188 CV a 5.700 revoluciones (luego pasó a 180 CV con catalizador) y 26,5 mkg de par. Trabajaba en conjunto con un cambio automático de cuatro relaciones –aunque se podía pedir manual de cinco, de las pocas versiones del Clase S que podía– con un convertidor de par que buscaba, ante todo, suavidad. Era un conjunto motor-transmisión cuyo talante huía de la deportividad para ofrecer, en su lugar, refinamiento y una elasticidad soberbia.
La personalidad general del coche iba a juego con su mecánica. Las suspensiones tenían un tarado muy blando, totalmente enfocado al confort. En el número 1.402 de la revista Autopista, se decía que eran excesivamente blandas, aunque eso no significaba que fuera un coche de comportamiento delicado. No obstante, el Mercedes 300 SE se encontraba cómodo en autopistas y autovías, mientras que en ciudad su tamaño era un escollo, al igual que su consumo, que podía superar los 15 litros con facilidad en tráfico urbano.
Si veías un 300 SE por las calles españolas en 1986, podías considerarte un privilegiado. Mercedes pedía 6.326.943 pesetas. Era un auténtico dineral si lo comparamos con los 5.234.880 pesetas de un BMW 728i o los apenas 3,9 millones de un Volvo 760 GLE Turbo. Quizá sea más ilustrativo decir que podías comprar ocho SEAT Ibiza 1.2 GL con esos casi 6,4 millones de pesetas…


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS