Coche del día: Lotec Sirius

Coche del día: Lotec Sirius

Con un motor de origen Mercedes y dos turbos, este desconocido hiperdeportivo analógico de 2001 desafió al gigante Volkswagen con una fracción de su presupuesto y 400 km/h de velocidad punta


Tiempo de lectura: 7 min.

El Lotec Sirius es, probablemente, una de las máquinas más incomprendidas y fascinantes que han salido jamás de una pequeña factoría alemana. Apareció en el mercado en el año 2000 con una potencia descomunal que debería haber ocupado todas las portadas de las revistas especializadas, pero a la que muy pocos hicieron caso en su momento. Sus salvajes aspiraciones velocísticas también se postulaban como carne de foro, pero la realidad es que casi nadie se acordó de él con el paso del tiempo. El Sirius no nació como un mero ejercicio de diseño para lucir palmito en los salones internacionales; era una demostración de fuerza bruta con un único objetivo en mente: la velocidad absoluta, aunque nunca lograra certificar de forma oficial la mítica cifra de los 400 km/h.

A finales de la década de los años 90, concretamente en 1999, el Grupo Volkswagen presentó un exótico adelanto del Bugatti EB16/4 Veyron. Aquel prototipo ya incorporaba un propulsor asistido por cuatro turbos, aunque se trataba de un bloque W18 de 6.3 litros que no alcanzaba la barrera de los 1.000 CV. A pesar de ello, todo el sector sabía que Bugatti trabajaba a contrarreloj para encontrar la fórmula técnica de llegar a esa potencia, pues Ferdinand Piëch, ni corto ni perezoso, soltó la bomba informativa ante los medios sin saber siquiera si sería viable a nivel de ingeniería. Semejante órdago puso a sus ingenieros contra las cuerdas con una meta clara por encima del resto del proyecto: conseguir los 1.000 CV a toda costa y sin escatimar en gastos, mientras el mundillo del automóvil se preguntaba si la cúpula de Wolfsburgo había perdido el juicio.

Es curioso que, mientras Volkswagen anunciaba a bombo y platillo la futura comercialización de su transatlántico, un técnico alemán, casi desde el garaje de su propia casa, ya tenía la mitad del camino completada. Ese hombre era Kurt Lotterschmid, el artífice del Lotec Sirius: una bestia equipada con motor Mercedes V12 sobrealimentado que conquistó los 1.000 CV de potencia antes que la propia Bugatti, pero del que se habló muy poco en la prensa. El brutal poderío mediático de Volkswagen, que cruzaba por uno de sus mejores momentos históricos, eclipsó por completo cualquier otra iniciativa durante varios años. Sin embargo, ese rodillo comercial no le resta ni un ápice de mérito a la obra de Lotterschmid, quien materializó el hito con solo una ínfima fracción del presupuesto de la firma francesa.

De los circuitos a la estratosfera de las 380.000 libras

La trayectoria de Lotec se remonta a 1962, fecha en la que Kurt Lotterschmid fundó la compañía en suelo germano. Inicialmente, la firma se especializó en la preparación de vehículos de competición, donde forjó una reputación de excelencia intachable dentro de los circuitos. La ambición del preparador iba mucho más allá de las carreras y en 1995 sorprendió a los aficionados con el Lotec C1000, un encargo único para un jeque de los Emiratos Árabes Unidos. Aquel one-off supuso la primera demostración real de lo que eran capaces de lograr asociando una mecánica de Mercedes-Benz a dos turbocompresores, sentando de paso las bases estructurales para el desarrollo del Sirius.

El cambio de milenio trajo consigo una agresiva ola de superdeportivos, cada cual más potente y exclusivo que el anterior. En este contexto de excesos mecánicos y récords mundiales, Lotec desveló de forma oficial el Sirius en 2001. Claramente, no se trataba de un producto destinado a las masas, ni tampoco a los millonarios convencionales que acudían a los concesionarios de Ferrari o Lamborghini. Esta montura se reservaba para una clientela todavía más selecta, capaz de valorar la ingeniería pura y la exclusividad por encima de la imagen de marca. Su precio de salida, cercano a las 380.000 libras esterlinas de la época, lo situaba en la estratosfera automotriz para competir de tú a tú con los modelos más exóticos del planeta.

Lotec Siruis (2)

El detalle: El verdadero secreto de la versatilidad del motor V12 de Lotec residía en un conmutador ubicado en el salpicadero. El conductor podía regular la potencia del Sirius en tiempo real sin bajarse del coche: girando un mando, la electrónica variaba la presión de los turbos KKK para alternar entre un mapa “civilizado” de 850 CV con gasolina convencional de 95 octanos, o desatar los 1.000 CV de rendimiento máximo si se llenaba el depósito con combustible de carreras de alto octanaje

Corazón V12 Biturbo y tacto analógico de competición

Bajo su afilada carrocería esculpida en fibra de carbono, el Sirius escondía en posición central trasera un soberbio corazón mecánico de origen Mercedes-Benz: un V12 de 5.987 cc que, como curiosidad, también impulsaba al Pagani Zonda estrenado en 1999. Sin embargo, tras pasar por los talleres de Lotec, el bloque de Stuttgart mutaba en una criatura radical. Equipado con dos turbocompresores KKK K27, el vehículo entregaba una potencia base de 850 CV a 6.000 rpm con una presión de soplado de 0,85 bar. Para aquellos compradores que demandaran sensaciones todavía más fuertes, la marca ofrecía la opción de elevar el soplado a 1,2 bar, liberando una asombrosa cifra de 1.000 CV y un par motor de 1.320 Nm. Incluso existieron informes sobre una variante extrema de 1.200 CV con un ajuste de presión todavía más agresivo en las caracolas.

La gestión de semejante torrente de fuerza hacia el asfalto se encomendaba a una robusta caja de cambios manual CIMA de 6 velocidades, la misma transmisión que empleaban otros hiperdeportivos coetáneos como el propio Pagani Zonda o el Koenigsegg CC8S. En este habitáculo no había sitio para la tracción total, el control de tracción o cualquier otro asistente electrónico diseñado para dosificar el potencial, delegando toda la motricidad en las manos del conductor y en un diferencial de deslizamiento limitado. El bastidor, estructurado mediante un esquema tubular de acero revestido por paneles de carbono, contenía el peso total en unos ligeros 1.390 kg. Esta excelente relación peso-potencia le permitía firmar una velocidad máxima declarada de 400 km/h, parando el crono en el 0 a 100 km/h en apenas 3,8 segundos. Por si esto fuera poco, el 0 a 200 km/h lo completaba en 7,8 segundos y pulverizaba el 0 a 300 km/h en solo 17 segundos.

El diseño exterior del coche resultaba tan extremo como sus fríos datos de rendimiento. Con una fisonomía que evocaba de inmediato a los prototipos de resistencia de las 24 Horas de Le Mans, su aerodinámica carrocería y sus dramáticas proporciones dejaban claro que había sido concebido por y para la velocidad pura. A pesar de este planteamiento tan radical enfocado en las prestaciones, la factoría alemana no descuidó ciertos lujos para el usuario. El Sirius disponía de aire acondicionado y dirección asistida de serie, comodidades básicas para un coche de calle actual pero que se agradecían en un conjunto tan purista. Para asegurar el agarre, montaba neumáticos en medidas 255/35 ZR19 en el eje delantero y unos masivos 345/30 ZR19 en el tren posterior, mientras que el equipo de frenos con discos ventilados servoasistidos y sistema ABS garantizaba una capacidad de detención a la altura de su descomunal potencial dinámico.

A pesar de su vanguardista propuesta de ingeniería y unas prestaciones de infarto, el Lotec Sirius nunca llegó a consolidarse como un éxito comercial, fabricándose únicamente una sola unidad en todo el mundo. En 2008, la marca anunció intenciones de lanzar una variante actualizada a través de varios bocetos que prometían mayor refinamiento general, pero el proyecto jamás llegó a materializarse en las líneas de montaje. El Sirius permanece, por tanto, como el testimonio vivo de la audaz visión de Kurt Lotterschmid y de una época dorada en la que los pequeños constructores artesanales de Alemania se atrevían a desafiar a los gigantes de la industria, creando máquinas que, aunque minoritarias, dejaron una huella imborrable en la historia de los hiperdeportivos modernos.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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